Opinión Miércoles, 15 de mayo de 2019 | Edición impresa

Ordenamiento Territorial de la Capital, ¿otra oportunidad perdida? - Por Guillermo Carmona

Por Guillermo Carmona - Diputado de la Nación. Presidente del Partido Justicialista de Mendoza

Hace unos días se concretó la audiencia pública del Plan de Ordenamiento Territorial de la Ciudad de Mendoza. Sin mayor difusión que la de un aviso en la página web oficial de la comuna y de un edicto, la Municipalidad dio por cumplida la formalidad exigida por la ley de Ordenamiento Territorial. Resultado: solo 40 personas, de las cuales más de la mitad eran funcionarios, participaron de esta instancia fundamental. Que en una ciudad de más de 120 mil habitantes solo 40 (entre quienes la mayoría eran funcionarios) hayan estado interesadas en expresar sus opiniones sobre algo tan importante como es el presente y futuro de la ciudad es revelador de la debilidad del proceso de participación ciudadana. La ausencia en el acto del intendente Suárez y del gabinete municipal, la nula presencia de instituciones representativas de la ciudad y la evidente falta de convocatoria a los medios de comunicación pusieron de manifiesto que el debate de este plan para las próximos tres décadas no reviste ninguna prioridad para la actual gestión municipal.

Enterado casualmente de la convocatoria decidí estar presente y dar mi parecer como vecino y como aspirante a la Intendencia. De la lectura de las más de 600 páginas del Plan se puede rescatar que contiene información muy valiosa que denota un trabajo dedicado de los profesionales que trabajaron en su diseño. Pero el plan carece de una clara definición de las estrategias de desarrollo de la Ciudad, tanto desde una perspectiva intramunicipal como intermunicipal. Es un Plan con mucha información y poca prospectiva, lo que expresa carencias de lineamientos políticos sobre la Ciudad que queremos y, en definitiva, le quita valor como plan.

Hay dos aspectos que resalté en mi exposición: en primer lugar, nuestra Ciudad no puede concebirse sino como parte integrante de la región con mayor densidad poblacional de la provincia, el Área Metropolitana de Mendoza (AMM). Buena parte de nuestros problemas más graves son los problemas que compartimos con los municipios metropolitanos. La Ciudad -como espacio común que brinda su infraestructura y servicios no solo a sus residentes sino también a los miles de comprovincianos que la transitan diariamente- debe no solo ser receptora de los problemas que esta realidad genera sino también protagonista principal en el abordaje de las situaciones críticas de la región junto con los municipios vecinos. La Municipalidad de la Ciudad de Mendoza debe liderar el proceso de respuestas a las problemáticas comunes por una sencilla razón: nuestra Ciudad es la que mayores demandas recibe de los habitantes del AMM. El tránsito vehicular y el transporte público son dos ejemplos claros de 
lo que afirmo. Los anillos de circunvalación del AMM (iniciativa que ya hemos presentado a través de proyectos de ley en la Legislatura y el Congreso Nacional), la semaforización inteligente y la adopción de un sistema de transporte multimodal con mayor presencia del tranviario-ferroviario son decisiones de largo plazo que nuestro municipio debe impulsar, aun cuando las ejecuciones de tales obras debieran hacerse en alta medida en los municipios vecinos. Estos aspectos están prácticamente ausentes en el plan que se propone, lo que resulta inconcebible.

En segundo lugar, la Ciudad está enferma de baja densidad y de dispersión. La constante pérdida de población en favor de los municipios vecinos, la concentración de la inversión en infraestructura y servicios en las secciones en las que reside la población de más altos ingresos, la segregación territorial, la falta de respeto a las normativas de zonificación -especialmente en relación con los edificios en altura por la vía del uso y abuso de las excepciones a las normas vigentes-, la proliferación de bal
díos, el creciente fenómeno de toma de inmuebles abandonados, entre otras problemáticas, requieren no solo de medidas coyunturales del Municipio sino, también y sobre todo, de un plan que marque claramente cuáles serán las políticas de corto, mediano y largo plazo que permitirán revertir esos factores críticos. Revitalizar con diversos polos de desarrollo a la Ciudad y descentralizar la gestión municipal resultan prioritarios para lograr una creciente redensificación y evitar la dispersión que tiende a profundizarse. Lamentablemente, esto tampoco está definido con claridad en el plan que se propone.

Como legislador nacional que ha dedicado buena parte de su tarea  a las relaciones internacionales desde el ámbito parlamentario, he podido conocer y estudiar experiencias de gestiones municipales de muchas ciudades capitales de otros países. Mucho de lo que se hace en el mundo puede hacerse aquí en favor de que Mendoza sea una ciudad del mundo y, sobre todo, para que sea una ciudad que ofrezca la mejor calidad de vida a quienes la habitan. Pero para ello resulta deseable y fundamental que quienes habitamos la Ciudad Capital de la provincia podamos definir nuestro propio modelo de desarrollo urbano, tomando en cuenta nuestras experiencias y vivencias de vida ciudadana junto a las referencias de políticas novedosas de otras ciudades del país, la región y el mundo.

Resulta necesaria la reapertura del debate del plan de ordenamiento de la ciudad con criterios verdaderamente participativos. Esta decisión que esperamos de las actuales autoridades municipales permitirá que no dejemos pasar esta irrepetible oportunidad de definir un plan para la Ciudad de Mendoza del futuro del que seamos verdaderamente parte quienes la habitamos.