Sociedad Domingo, 14 de abril de 2019 | Edición impresa

Ojos de cielo: una noche de astroturismo aborigen en la Ciudad

En la plaza Pedro del Castillo especialistas mostraron cómo veían el universo los pueblos originarios.

Por Federico Fayad - ffayad@losandes.com.ar

Todas las luces de la plaza Pedro del Castillo se apagaron para que la magia de la contemplación fuera, tanto como se puede en una ciudad, completa. El marco: un telescopio apuntando al cielo y alrededor de cincuenta invitados a una cita que tuvo mucho de silencio y de miradas estelares.

La noche del viernes fue especial para quienes asistieron a la propuesta de la municipalidad de Ciudad: “Astroturismo: Astronomía aborigen” y que tuvo como temática la explicación sobre lo que observaban en el cielo los pueblos originarios. Se habló de mitos, leyendas, constelaciones y el significado del cielo para los primeros habitantes de Mendoza, Argentina y América.

 

“Yo veo una caja”, dijo un niño llamado Santos mirando hacia las tres Marías y con esa frase como ejemplo, el astrónomo Walter García, explicó que lo que los aborígenes veían en el cielo eran figuras que les decían algo, que resaltaban elementos u animales que ocupaban un lugar preferencial en sus respectivas culturas.  

Constelaciones

“La idea de este encuentro es contar qué venían los aborígenes en el cielo. Qué representan las figuras, llamadas constelaciones, que  construían mirando estrellas y cómo las interpretaban”, detalló García antes de iniciar la charla que tuvo como punto de partida el recuerdo de la hazaña lograda por el primer cosmonauta, el ruso Yuri Gagarin, quien hace 58 años lanzara una frase histórica desde su nave espacial: “La Tierra es azul, qué maravillosa”

El astrónomo interpeló a los presentes invitándoles a contestar una serie de preguntas: “¿Era importante para ellos (los aborígenes) el universo? ¿O un pasatiempo como si fuera la televisión?”.  

Respondiendo a sus preguntas, contó que cada civilización le dio un significado importante a las estrellas, por eso, por ejemplo, los Incas tenían observatorios y que incluso en el Qapac Ñam - el camino del Inca- hay miradores con forma de pilares que indicaban la época del año en función de sombras que se dibujaban en el suelo por la posición del sol.  

“Era un mapa, pero especialmente, era un calendario. Tenían uno lunar y uno solar. El primero les servía para marcar festividades, pero era algo imperfecto. En cambio, el solar marcaba momentos en que se trabajaba la siembra, la cosecha y el guardado de lo recolectado. Era perfecto y fundamental”.  

Los eventos que se organizan en Ciudad para aprender sobre el universo suelen ser masivos. Para el último encuentro, que se realizó en la explanada municipal, asistieron más de 250 personas.  

 

“A la gente le interesa y en cada encuentro aumenta la asistencia. Esto se debe, en parte, a que hay más noticias respecto de fenómenos astronómicos”, indicó García.  

Willkamayu

El silencio de los espectadores en la plaza que contiene el retrato histórico de los mendocinos fluyó como un tranquilo e infinito río de estrellas. Como el Willkamayu al que los Incas dividían en constelaciones oscuras y brillantes. Creían que Viracocha le había dado a cada ser vivo, una estrella que los protegía. 

“La vía láctea era para ellos el Willkamayu, el río sagrado. Allí aparecían constelaciones donde se mostraba con fuerza la willkawar o estrella sagrada (Sirio para occidente) o la coyawar. También identificaban al pastor (o la constelación de Orión)”, graficó García añadiendo que de los Huarpes no hay mayores datos respecto a su concepción del cielo.

En tanto, entre las constelaciones oscuras - espacios sin estrellas- aparecen la Llama (cuyos ojos son Alfa y Beta Centauri), el sapo, la serpiente o la perdiz. “La Cruz del Sur para los Mapuches era guía de la noche. Gracias a ella sabían  dónde estaban los puntos cardinales”, observó el astrónomo agregando que para los Incas era la Chakana que el 3 de mayo se coloca en posición vertical, indicando el inicio del año nuevo.  

 

“Es interesante saber de los aborígenes y cómo interpretaban el cielo. A veces nos olvidamos el lugar del mundo en el que hemos nacido y nombramos a las constelaciones, por ejemplo, por los europeos. Es genial que se realicen este tipo de actividades porque nos conecta más con nuestros orígenes”, señaló Julia luego de haber tenido la oportunidad de mirar por el telescopio. 

La mirada de los huarpes a las estrellas

Respecto de la cosmovisión Huarpe, el investigador Pablo Pacheco, en su libro “De Mendoza hacia el Cosmos. Astronomía, astrofísica y actividades espaciales en el siglo XX” (Premio Ensayo de divulgación Ediunc 2012) indica que la concepción astronómica de ellos: “era dual, puesto que existía un polo masculino representado por Xumec (el Sol), que irradiaba la energía de hunuc Huar confiriendo vida al planeta, y un polo femenino encarnado por Che (la Luna) y Pelme Tau (la madre Tierra), que eran las receptoras de la radiación solar. En esta perspectiva cósmico-telúrica en la que todo tiene vida (biocéntrica), la astronomía representaba un mapa y una orientación que establecía las épocas propicias para las actividades agrícolas e indicaba los tiempos sociopolíticos (...)

 

“Las tradiciones y el legado cósmico de los huarpes han sobrevivido en algunas festividades derivadas del sincretismo cultural de su religión con la imposición del catolicismo, así como en las últimas ceremonias del fuego ofrecidas por Luz Numita antes de su muerte, en el año 2009, en las que la anciana pedía por el retorno de Hunuc Huar a la montaña mendocina”.