Sociedad Lunes, 9 de diciembre de 2019 | Edición impresa

Nuevas masculinidades: “Nunca le había dicho ‘te amo’ a mi papá”

Estudiantes de cuarto y quinto de la escuela Martín Zapata cursaron un taller en el que abordaron la violencia de género y la afectividad.

Por Gabriela N. Sánchez - gsanchez@losandes.com.ar

Justo después del timbre de las 13 que marca el final de jornada del turno mañana unos veinte alumnos de 4° y 5° año del Martín Zapata se reúnen los viernes en el salón de actos para participar de un taller de masculinidades. Allí comparten experiencias, se interpelan sobre el rol de los varones en la sociedad y ahondan sobre temáticas como violencia de género y consentimiento en las relaciones. 

Durante una hora y media hablan, ríen, lloran, buscan sentirse incómodos para repensarse. Algunos talleres fueron tan “fuertes que nos quedamos dos horas más”. 

 

La base fue armar un círculo de confianza en el que todos se sentían libres para hablar sin miedo a ser juzgados y en ese contexto algunos contaron experiencias muy íntimas que los llevaron a las lágrimas. 

“No son charlas clásicas. Te ponés en ronda, charlás, hacés juegos y actividades. En todos ves aspectos distintos de la masculinidad”, dijo Ignacio Domínguez.

 

¿Por qué buscan estos espacios los hombres? ¿A dónde quieren llegar? Para muchos este es el momento de las mujeres, ¿qué tipo de protagonismo quieren los varones? Las respuestas fluyen solas entre el grupo de adolescentes que con voz segura explican sus vivencias personales. 

“El movimiento feminista ha ayudado a las mujeres a relacionarse entre ellas naturalmente, pero los varones al no estar en ese lugar de violencia no tenemos la necesidad de juntarnos y hablar. Por eso compartimos este espacio del taller para debatir, reflexionar e interpelarnos”, explicó Pedro Aranda.

 

El taller no da una respuesta. Al contrario ahí nos cuestionamos. Vemos los pequeños detalles de la vida cotidiana que están socialmente aceptados y no les damos importancia. Los identificamos para no repetirlos”, señaló Bruno Fernández.

-¿Qué pequeños detalles?

Desde decirle “puto o puta” a una persona para insultarla hasta cómo nos relacionamos con las personas. Por ejemplo, cómo tratamos a una chica en una fiesta o en el boliche. 

 

Cambios 

Además de profundizar en sus prácticas cotidianas, el taller salió de las puertas de la escuela y llegó a los hogares de los estudiantes porque la mayoría compartía con sus familias lo que trabajaban con los profesionales. 

Los jóvenes entienden que sus padres son de otra generación, que tienen su propia historia y no pueden ser juzgados. En medio de una cena familiar uno le preguntó a su papá qué era para él ser hombre. “Me dijo que era hombre porque le gustaban las mujeres. Y yo le pregunté qué pasaba con los gays porque a ellos les gustan los hombres y ahí se quedó pensado y entendió que hay tantas masculinidades como hombres e individualidades”.

 

Otro de los temas que identifican rápidamente fue el uso de la violencia. “A los varones nos cuesta expresarnos, nos reprimimos y usamos la violencia todo el tiempo. Después de un abrazo viene una palmada fuerte en la espalda, porque el golpe remarca que somos hombres y eso no tiene que ser así. Nunca decimos un te quiero”, resaltó Tomás Gaspari. 

Educación. Parte del grupo de participantes del taller de Nuevas Masculinidades, una iniciativa que duró todo el ciclo lectivo en el Zapata. | Ignacio Blanco / Los Andes

Con el correr de los encuentros algunos empezaron una etapa de autoconocimiento y a revisar sus discapacidades emocionales. “Por ejemplo yo nunca le había dicho ‘te amo’ a mi viejo y a mi mamá se lo había dicho muchas veces. En un momento se lo dije por primera vez y él también estaba preparado porque iba viendo mis cambios a medida que avanzaba el taller”, comentó Pablo Cortez. 

 

En otra etapa también revisaron los vínculos con sus amigos. “El patriarcado nos ha marcado en todos los ámbitos. Por ejemplo, yo tenía un amigo que hacía danza y lo molestábamos diciéndole que era gay. Ahora me doy cuenta que nos estábamos perdiendo de hacer una actividad re linda por culpa de nuestras limitaciones”, contó Martín Kotlik 

Por qué sirve 

Aunque la mayoría se inscribió por curiosidad y alentados por Pedro que está a cargo de la secretaría de Bienestar Estudiantil del centro de estudiantes, todos destacan los beneficios de haber transitado el camino.

 

Al principio me llamó la atención el nombre del taller y cuando lo empezamos a hacer me di cuenta que abarca temas muy diversos como afectividad, comunicación y vínculos. El patriarcado afecta a mujeres y hombres por igual y nosotros nos perdemos muchas cosas por los estereotipos que existen”, explicó Agustín Palacios.

“Todo el tiempo nos replanteamos qué está bien y qué está mal. Hablamos sobre diversidad sexual, machismo, género y  cómo nos relacionamos los hombres con nuestros amigos, familiares y con nosotros mismos. Hay una tensión permanente porque muchas veces no podemos expresar cómo nos sentimos”, agregó Facundo Gaviola.

 

Y resaltan que deben darse tres condiciones para que sea fructífero: inscripción voluntaria, respeto y confidencialidad.

Apoyo institucional

Hace dos años el caso de Thelma Fardin revolucionó el movimiento feminista. En Mendoza desató una denuncia en cadena en las redes sociales que afectó principalmente a los colegios secundarios dependientes de la UNCuyo. A partir de ese punto de quiebre, los equipos de Orientación de las escuelas empezaron a buscar estrategias para aportar una solución.

 

“Durante el ciclo lectivo 2019 los estudiantes participaron en el proyecto ´Nuevas Masculinidades´ con financiación del Fondo de Iniciativas Estudiantiles de la Dirección de Políticas Públicas y Planificación de la UNCuyo”, dijo la encargada de orientación de la Escuela de Comercio Martín Zapata, Mariela Albornoz. 

“Trabajaron en temas relacionados con visibilizar la necesidad de romper con mandatos y encargos patriarcales ya que desde ese lugar surgen conductas machistas, misóginas y homofóbicas”, agregó. 

 

La docente destacó que su rol fue habilitar un espacio para favorecer la expresión de los varones de la escuela, donde pudieron discutir distintas miradas, prejuicios y dudas. 

Ignacio Blanco / Los Andes

“Luego de ese proceso, pude ser testigo, a través de sus relatos, del análisis crítico y reflexivo que pudieron realizar respecto a las situaciones que estaban viviendo. Estos espacios deben seguir creciendo dentro del ámbito educativo, ya que así pueden expresar sus miradas, pensamientos y emociones”, cerró.

 

El mural

Los alumnos también buscan que los espacios se institucionalicen y sean parte de la currícula. “Queremos que los talleres se sigan haciendo porque en ellos se da un círculo de confianza que permite hablar de temas personales y crecer pero creemos que es muy importante que los temas se traten en el aula, algunas cosas se incorporen en los contenidos y los profesores los den en clases. Esa es una forma de terminar con la ignorancia sobre algunos temas, desde ahí se puede disparar la curiosidad y que más chicos se inscriban”, dijo Pedro. 

Desde el principio, la idea del taller fue terminar con una expresión artística. Además, transitando los encuentros se dieron cuenta que para llevar lo que habían trabajado a la vida real era necesario un taller mixto. “Invitamos a las chicas e hicimos juegos, charlas y ejercicios de aproximación. Como cierre, en parejas dibujamos sobre las relaciones entre los hombres y las mujeres, los vínculos entre amigos, compañeros. Esa fue la base para hacer el mural”, comentó Pedro.