+ Deportes Sábado, 23 de mayo de 2020 | Edición impresa

Noche de Box: la novela del Capitán Pastafrola

Oski Murúa, el polifacético artista local, nos habló de su nueva creación en la que narra una historia referida al deporte de los puños.

Por Gonzalo Tapia - gtapia@losandes.com.ar

Oscar Alberto Murúa Buenanueva nació en Salta hace casi 45 años y llegó a Mendoza cuando tenía uno. Se autodenomina mendoseño, es conocido como "Capitán Pastafrola", y tiene un currículum extenso en el cual se destacan profesiones como la de cineasta, locutor, publicista y dramaturgo. Pero también es un hombre del fútbol, del ambiente, claro. Nos habló de su pasión por la Lepra y mostró conocimiento de otras disciplinas, muchas de ellas, reflejadas en sus obras. Dentro de ese extenso universo de oficios, creó cortos y cuentos, y en la actualidad está por sacar su primera obra literaria.

-¿Cómo nació “Noche de box”?

-Se gestó en la Escuela de Cine. En el curso de ingreso nos pidieron el esbozo de una historia a partir de una noticia. Recuerdo que leí una nota referida al boxeador Daniel ‘Tatú’ Brizuela, y ahí se me ocurrió. Básicamente es la historia de un grupo de amigos que le hacen la “onda” a uno de ellos para armar una puesta en escena en una semana. Es decir que, el germen de “Noche de box”, es audiovisual. Más adelante, seguro, haremos el corto que, en definitiva, era su destino inicial.

 

-¿Es tu primer libro?

-Sí. Y por encarecido pedido de mis amigos, el último. Pero como la vida consiste en no llevarle el apunte a los amigos y evitar a toda costa los libros de Federico Andahazi, insistiré con algunos. No muchos más, sólo algunos.

La novela de Oski Murúa tiene al inolvidable Nicolino Locche en la portada. | Gentileza

-¿Ya lo tenés listo?

-Lo empecé a escribir a fines del 2018 y lo terminé el año pasado. Uno de los estímulos que me llevó a empezarlo fue el trabajo que está haciendo Germán Mémoli, escritor y poeta mendocino, con su editorial: “Glifo”. Me entusiasmó porque su tarea es cabal e independiente. Artesanal. Despojado de cualquier compromiso o condicionamiento oficial, alejado de las mezquindades corporativas. Lo conozco de la Escuela de Cine, donde fuimos compañeros.

 

-¿Por qué el box está incluido en el título? ¿Es casual o hay un vínculo?

-El título surgió después de dar con el argumento. Nunca pensé en escribir algo sobre box o que rozara ese mundo. Para mí, las historias no nacen de algún tema que te inquiete, de una opinión sobre algo en particular, de una reflexión que venís trabajando. En verdad, las historias germinan de algo que leíste, escuchaste, viste o te contaron. A partir de allí empieza la tarea, el oficio. Armar una estructura, acomodar piezas, buscar el tono. Por supuesto que no sale de taquito. Hay marchas y contramarchas antes de escribir. Prueba, error, repetición, probar de nuevo. El box me gusta, sobre todo, su mundo real: gimnasios, lugares donde se hacen las peleas, la escuela mendocina y el origen de los boxeadores, sus aficionados, periodistas especializados como don Ulises Barrera, García Blanco, Carlos Irusta, Osvaldo Príncipi, todo eso me encanta.

-¿Cómo se puede conseguir “Noche de box”?

-Rezando y mandando un WhatsApp al 2616580045 (se ríe).

 

-¿Cómo te defines?

-Como un artista que siempre trata de poner en jaque la realidad. Creo que todo lo que nos agobia, a través del arte lo podemos atravesar de una forma humorística más liviana.

-A pesar de las ironías que posteás en Facebook, le tenés cariño a la Lepra, pero no te lo tomás en serio…

-Así es. Soy un fanático invertido. Gozo con hacerle bromas al club del que soy hincha. Independiente es una excusa para hacer humor, que es lo que más me gusta o quizás, lo único que sé hacer. Ya pasó el tiempo de sufrir por el fútbol. De pendejo me lo tomaba muy a pecho. Sufría y me calentaba. Ahora no. Desde que conocí a Claudio María Domínguez no me enojo con nadie. Salvo con él, desde luego. Tengo sus discos.

 

-¿Por qué de la Lepra?

-Masoquista. No, en realidad, por tradición familiar. Toda la familia de mi mamá es hincha de Independiente. Fue inevitable.

Nicolás Ríos / Los Andes

-¿Tenés algún cuento con Independiente de protagonista?

-Sí. Es un homenaje al club y a Daniel “Ardilla” Salomón, el canillita más leproso que pulula por los barrios de Godoy Cruz. El cuento se llama: “Venga Daniel, venga que va a entrar”.

 

-¿Cuál es el hit de la hinchada azul que más te gusta?

-“De chico siempre de la cabeza”. Y arranca así: “De chico siempre de la cabeza te sigo a todos lados / dejando la vida en la tribuna para verte campeón / la Lepra es un sentimiento que no puedo evitarlo / a mí no me interesa que pierdas / yo quiero estar con vos...”.

-Hijo de exfutbolista salteño, ¿cómo llegaste a Mendoza?

-La familia de mi mamá es mendocina y la de mi viejo, salteña. Soy mendoseño, digamos. Pasa que mi vieja, al terminar la secundaria, fue de viaje de egresados a Salta y ahí se conoce con papá. Después ella se vino y la siguieron por carta. Muchísimas cartas. Y carta va, carta viene, nací yo y mis hermanos. Somos hijos del correo, prácticamente. Yo era muy chico, tenía un año cuando nos vinimos a Mendoza. Aún así, el vínculo con Salta es fuerte. Mi viejo jugó en Correos y Telecomunicaciones, Deportivo Español y en la Selección de la Liga Salteña. Era volante por izquierda. Su nombre: Julio César Murúa. Su apodo: “Flaco” o el “Ministro”.

 

-Vivís en Benegas, Godoy Cruz. Tu universo literario y deportivo incluye parte de Godoy Cruz y  otra de Luján.

-Ocurre que vivo en el límite de ambos departamentos. Se le dice Benegas, pero en realidad donde vivo es en Las Tortugas. Pasa que si decís Las Tortugas, nadie tiene la más p.. idea dónde es. Si decís Benegas, todos se ubican. Y siempre anduve por acá. Entre el Puente Olive y la calle Paso de Carrodilla. Entre la Flor de Cuyo y el Acceso Sur. Nada muy distinto a lo que se puede vivir en Connecticut o en Berlín. Incluso mejor, te diría.

No todo es deporte

“Casi siempre”, responde Oski cuando le pregunto por su sus obras casi siempre tienen al deporte como argumento. “Algunas veces, como tema principal, y otras, como en Noche de box, aparece en un plano menos preponderante. De todos modos, no me lo propongo, no nace como una asignatura a cumplir. El fútbol, el box, el tenis, el básquet, configuran una parte de lo que me gusta y me interesa. Fluyen sin que me lo imponga. Cualquier estímulo o tema puede ser llevado a lo artístico. Depende del oficio que tengas para hacerlo”, dice

 

-También sos director de cine ¿Dónde estudiaste y se pueden ver tus trabajos?

-Estudié en la Escuela Regional Cuyo de Cine y Video. Entré en el 2014 y terminé la carrera en marzo de 2018. Mis trabajos siempre están cruzados por el humor. No podría hacer nada que no tenga humor. “Los Reyes Malos”, es un corto de ficción que hicimos en el 2015. “René”, también es un corto de ficción que filmamos en el 2017 y fue el trabajo final con el cual egresé. También hicimos un mini documental llamado “David ‘Zurdo’ Paz, a 5 minutos en cualquier lugar de Mendoza” en 2015, para la cátedra “Dirección II”. Y un programa de humor, como piloto para TV, llamado “¡Caiaate!”, que lo hicimos en el 2016. Todos se pueden ver en YouTube, si tienen coraje, claro.

-Jugaste fútbol y ¿qué otros deportes?

-De manera informal, básquet en Obras Sanitarias, “la Gotita Roja” de Benegas. Tenis en el mismo club y en Vialidad. Y al handball en la escuela primaria y secundaria, además hago ping pong en cualquier mesa amiga.

 

-Tenés estrecha amistad con ex jugadores. Por ejemplo, con Agustín Gaibazzi, uno de los mejores arqueros de la historia del hockey césped mendocino.

-Nos conocemos desde pendejitos. Hicimos la primaria juntos en la gloriosa escuela Rawson, de Godoy Cruz. Ustedes los del hockey lo conocen como “El Tigre”, pero nosotros, en la Rawson, le pusimos Milico sí porque fue pionero en eso de cortarse el pelo bien cortito. También recuerdo a César Ahumada, técnico de las inferiores y de la Primera del hockey, quien jugaba maravillosamente al fútbol. Con Agustín nos vivíamos rateando del colegio, nos íbamos a jugar al pool o nos escondíamos para fumar. Directamente no entrábamos al cole, o escapábamos por la playa de estacionamiento. Después tengo amigos del básquet: Camilo Varas, Diego Dalbes, Eugenio Mol, entre tatos otros. Una vez, en un entrenamiento con el ‘Nica’ (Eduardo Nicastro), él sentía un ruido raro. Era yo que estaba entrenando con botines de fútbol. Imaginate el ruido que hacía eso en las baldosas. El ‘Nica’ sabía que lo mío era el humor. “Nene, usted está loco”, me decía mientras se cag… de risa.

-¿En qué posición jugabas al fútbol?

-Como siempre fui fan de Pipo Gorosito, jugaba de ocho o de diez. Después, de grandulón, me gustó jugar de cinco. Fernando Redondo fue el estímulo para jugar en esa posición.

 

Un hombre polifacético

El Capitán Pastaflora tiene un currículum largo. También es actor y, por su dicción radial, me cuenta: “ Hice radio. En la FM UTN estuvimos casi todo el año 1998 y buena parte del 99’. Después nos sacaron caga... porque nos zarpábamos mucho. Estábamos sanguinarios, muy talibanes. Después volví como invitado para hacer micros de humor en algunos programas. En realidad, empecé haciendo radio en FM Siglo XXI, en 1997. Salíamos los domingos a las 0:00 AM cosa que nadie escuchara las barbaridades que decía. Pasábamos jazz y le dábamos con un caño a todo lo que se moviera. Y hasta hace un tiempito, participaba como invitado en otro programa de jazz, “Paparapapá”, del amigo, publicista y cantor: Pablo Pozo.

-Y hasta escribiste para otros medios.

-Sí, columnas de humor en el portal online que tenía la revista Club House, bajo el seudónimo de “Estanislao Pisco”. Lo mismo hice en el diario de tirada gratuita, El Reflejo, bajo el nombre de “Juan Carlos Pitojuán”. Ahora, en ocasiones, escribo en El Ciudadano, por gentileza e invitación de Fernando Montaña. Allí hago crónicas y ficción literaria, siempre con el fútbol como protagonista.

 

-¿Y tu vínculo con el teatro?

-Tengo mucho cariño por el teatro. Cuando hago cine procuro que tenga impronta teatral. Me encanta trabajar con los actores, escribir y construir personajes con ellos. El año pasado Raúl Benaventos me invitó a participar en una obra llamada “El Visitante”. Hice una breve adaptación del texto original. Fue una experiencia enriquecedora. Adoro al teatro. Voy seguido a ver obras de elencos mendocinos.

-¿Cuánto influye Fontanarrosa en vos?

-Mucho. La corporación literaria supone que escribir sobre fútbol es un arte menor, y así son de pel.... Allá ellos. Lo mismo hacían con Soriano. Es un error despreciar a un artista por el tema que aborda. El quid de la cuestión, el caracú del puchero, está en el “cómo” y no en el “qué”. Si sos de verdad un artista, incurrís en el tema que se te ocurra. Si sos medio pel..., vas a tener prejuicios.

-¿Por qué tu seudónimo es “Capitán Pastafrola”?

-Es un homenaje a Gustavo Bazterrica, guitarrista de Los Abuelos de la Nada. Andrés Calamaro siempre le dijo Capitán Bazterrica. Y a mí me encantaba la musicalidad que tenía eso. Entonces le busqué la vuelta para que el término Capitán tuviera un contrapunto, y le agregué Pastafrola. Y así quedó.

 

Murúa cerró agradeciendo a quienes lo ayudaron para que la novela se convirtiera en realidad: “Laura Valdivieso, docente en la Escuela Regional Cuyo de Cine y Video, por regalarme el prólogo; a Graciela Carbajosa (docente de la Universidad Juan Agustín Maza, por escribir la contratapa) y a Lorena Rosas, artista plástica y docente, oriunda de Junín, por el arte de tapa y el arte interno de Noche de box”.