Opinión Sábado, 23 de mayo de 2020 | Edición impresa

No naturalicemos al nazismo - Por Luciana Sabina

Por Luciana Sabina - Historiadora

Tras conocerse la posibilidad de incluir a Ramón Carrillo en los billetes de 5000 pesos que podrían salir próximamente, la polémica se hizo sentir en Argentina debido a las posibles vinculaciones nazis del mítico doctor peronista.

Voces a favor y en contra se expresaron incluso entre los miembros de la comunidad judía. Así, el Centro Wiesenthal  -una prestigiosa institución que nació para perseguir a criminales de guerra nazis por el mundo y actualmente es un centro de información al respecto- rechazó la posibilidad de que la figura de Ramón Carrillo sea homenajeado de este modo dado que se trató de “un admirador de Hitler”.  Y en sus redes especificaron: “Carrillo, además de ser un admirador de Hitler, creó el concepto del ‘soldado ideal’ para rechazar a los reclutas que él consideraba como ‘rarezas’ raciales y de género. También proporcionó refugio al fugitivo danés, médico del campo de Buchenwald, Carl Peter Vaernet, permitiéndole continuar con los experimentos con homosexuales para ‘curarlos’”.

Por su parte el presidente de la DAIA, Jorge Knoblovits, señaló “No se puede salir a condenarlo sin tener la verdad de la investigación histórica. Yo no he visto que esté acreditado que era nazi”.

Más allá de la existencia o no de una vinculación concreta de Carrillo con el nazismo o de los supuestos experimentos científicos con personas homosexuales a cabo de la mano del nazi Carl Vernet para “curarlos”, fue verdaderamente lamentable la defensa militante observada. Increíblemente, durante días, con la intención de defender al gobierno se buscó justificar al nazismo como un pensamiento totalmente naturalizado y encarnado en los hombres de la Argentina de entonces. La verdad se aleja bastante de esa opinión, al punto de que nuestro país terminó declarando la guerra a la Alemania nazi a último momento.

Durante casi la totalidad del periodo que abarcó la Segunda Guerra Mundial, el gobierno argentino llevó a cabo una política de neutralidad en lo formal, pero en los hechos intentó siempre un acercamiento con el bando Aliado con el fin de lograr consenso interno, ya que los grupos a favor del nazismo se hallaban entre minorías conservadoras admiradoras del fascismo.

Durante la Guerra Civil Española, por ejemplo, el presidente Ortiz recibió a españoles republicanos indocumentados que escapaban de Franco. En diciembre de 1939 Alemania violó nuestra zona neutral propiciando el incidente con el acorazado Graf Speed, hundido en aguas del Río de la Plata por los ingleses. Este hecho llevó a una declaración conjunta de Argentina y Uruguay en contra de la neutralidad pasiva y consecuentemente Ortiz ofreció unirse al bando de los aliados declarando la “no beligerancia”, de este modo nuestro país no ingresaba directamente en la guerra pero dejaba de ser neutral. Según el historiador Francisco Corgliano, un especialista en la temática, la causa de los Aliados tenía mucha popularidad en nuestro país y Ortiz necesitaba darle legitimidad a su gobierno fruto del fraude electoral, por lo que esta decisión apuntaba a ello también. La prensa -en su mayoría contraria al nazismo- dio a conocer la propuesta del gobierno argentino y algunos ciudadanos se manifestaron en contra de manera violenta apoyando al régimen de Hitler mientras la embajada alemana nos pedía explicaciones.

Años más tarde, en enero de 1944, el gobierno argentino estaba en manos del Ejército donde Hitler tenía gran popularidad. Aun así rompimos relaciones diplomáticas con el Eje tras descubrir una amplia red de espionaje. La decisión fue tomada por Pedro Pablo Ramírez sin consultar a su gabinete y enfureció al resto de los nacionalistas que lo derrocaron el 9 de marzo reemplazándolo por Edelmiro Farrell. Las presiones económicas por parte de Estados Unidos llevaron a este grupo filofascista a resignarse y declarar la guerra tanto a Alemania como a Japón. Posteriormente darían refugio a nazis de renombre, pero de allí a señalar que fue un pensamiento “de vanguardia” y aceptado por todos hay una enorme distancia. Basta con mencionar que los mismísimos nazis no dieron detalles a la población alemana de lo que sucedía en los campos de concentración, repudiarlos no es “sacarlos de contexto”.