Espectáculos Lunes, 3 de septiembre de 2018 | Edición impresa

Nicolás Cabré: “Me da orgullo que algunos hablen mal de mí”

Hoy el actor estrena “Mi hermano es un clon” (El Trece) y en la previa habla de todo. Se refiere a su presente profesional y a su hija.

Por Silvina Lamazares - Especial para Los Andes

Su hija duerme en el camarín y él entonces pide uno prestado para realizar la nota. Prepara unos mates, disimula el cansancio de la larga jornada de grabación, se quita las ropas y los gestos de los dos personajes que lo llevarán a disociarse en pantalla, y se muestra más parecido al que la gente que lo quiere dice que es, que al que algunos insisten en describir intencionadamente.

Amable, distendido y sensible. Así se lo percibe, al menos, en esta hora de charla, en la previa al debut de “Mi hermano es un clon”, la comedia romántica que empieza hoy a las 21.30, por El Trece.

 

Nicolás Cabré ceba y habla, sin agenda ni condiciones, de la pequeña Rufina que descansa a unos metros, de la tira y de cómo lleva las etiquetas que cada tanto le pegan a su modo. Y repite: “Que digan lo que quieran, yo sé muy bien cómo soy. En mi casa nunca tuve que aclarar nada”.

Dice que ya vio “parte del cuarto capítulo y siento que tenemos un programa muy prolijo, con una idea clara (un personaje central que de grande descubre que tiene un hermano... al que intenta borrar del mapa).

Noto que está logrado lo que se quiere contar, que no es nada fácil. Estoy orgulloso... Bueno, también estoy más grande, y contento de haber vuelto a Pol-ka (viene de protagonizar ‘Cuéntame cómo pasó’, por Canal 7 de Buenos Aires) y de tener la posibilidad de vivir esta experiencia con otra cabeza”.

-¿Cómo sería esta cabeza?

-Estoy cambiado, tengo 38 años... Hacía mucho que no estaba acá y volver significa reencontrarme con afectos y eso me está haciendo bien.

Disfruto de muchas cosas que antes no disfrutaba, por la rapidez y el vértigo con que se vive todo. Hoy tengo otras prioridades y vivo todo esto más desde lo afectivo que desde la presión que alguien podría meterle a un programa diario.

 

-¿Esto significa que no trabajarías en un proyecto en el que no hubiera afecto?

-Tampoco sé si tanto, no digo que sólo trabajo con el corazón. El hecho de estar acá me remueve un montón de cosas que por ahí antes las pasaba por alto. Hoy puedo decir “Ey, necesito ayuda”. Y nos miramos y nos conocemos y todo fluye bien. Digamos que estoy con alegría.

-Se te intuye emocional, pero hay como una insistencia de algunos en mostrarte como frío...

-Si quiero soy frío. Pero la verdad es que ahora aprendí a pedir ayuda, pensá que acá hago dos personajes y con el correr de las horas digo “¿Cuál soy?”. Y enseguida jugamos todos en equipo. Me da placer venir y acercar a mi hija. Estoy cómodo. Vine a hacer un programa y me doy cuenta de que, si me manco, enseguida aparece la mano conocida, amable, la confianza.

-¿Y eso no te pasaba antes?

-Nunca creí saberlo todo, pero sí me costaba pedir ayuda. Hoy es distinto: no estoy muy pendiente del yo. Busco lugares donde me sienta bien, donde poder estar sereno. Para pasarla mal me quedo en mi casa.

-Pero a veces todo arranca amable y con el trabajo en marcha puede haber sorpresas.

-Sí, por supuesto. No pierdo de vista que estamos hablando de laburo, tengo claro que no vengo a la colonia. Pero sí me fijo mucho en las condiciones de arranque, qué se busca... Soy un tipo exigente.

-¿Qué sentís cuando a veces se te describe públicamente como un tipo especial, y no tomado lo especial como un elogio?

-Eso se armó con el tiempo, me da lo mismo. Ahí es donde entra la frialdad de la que te hablaba recién. Muchas veces se dicen cosas para que salgas a aclarar y te enganches en una bola que nunca termina.

 

-¿Como un mecanismo de provocación, decís?

-Claro, la mayoría de las veces funciona así. Dicen “No, él es mala onda”, para que vos digas “No, yo soy buena onda, lo que pasa es tal cosa”. Por mí pueden decir lo que quieran. La gente que me conoce sabe perfectamente quién soy. Lo que pasa es que cuando vas en contra de los intereses de otros de golpe sos el diablo.

-¿Eso te duele?

-No. Al contrario, me da orgullo que algunas personas que hacen chimentos hablen mal de mí. Han llegado a decir que soy mala gente, mala leche y sucio.

-¿Sucio también?

-Sí. Y mis viejos sufrían un poco cuando escuchaban algo feo de mí, pero esa vez que alguien me definió como sucio sintieron alivio, porque entendieron entonces que decían cualquiera. Soy un obsesivo de la limpieza, imaginate.

-¿Cómo te cae cuando te pintan como un “latin lover”, un seductor implacable en cada elenco nuevo?

-No es lo mejor, porque a veces las relaciones se resienten un poco. Pero no me afecta. Insisto: digan de mí lo que quieran, no tengo necesidad de aclarar. Hay cosas que me causan gracia, pero por suerte ya no se me persigue tanto... Como que perdió la gracia provocarme.

Hablar de los que hablan mal de él no es el tema que más le gusta, prefiere no dar nombres y sigue: “Cuando nos separamos con la China (María Eugenia Suárez, madre de su hija, de 5 años) pensaban ‘Ahora nos hacemos un festín, padre abandónico...’. Y no había por dónde entrarnos. No tuvieron más remedio, después de seis o siete meses, que aceptar que era buen padre”.

Pasada la hora de la merienda, la nena duerme una envidiable siesta post colegio. Hoy le tocó hacerla en los Estudios Pampa, donde Cabré graba la tira. “Rufi es mi gran compañerita. Pasamos mucho tiempo juntos, nos repartimos bien con la China. Pertenece a una generación de niños muy despiertos, son aviones. Con la tecnología, por ejemplo, yo me encuentro preguntándole cosas a ella. Y no te estoy mintiendo. “Chiru, ¿cómo sería esto?”. Nacen con ese dedito deslizapantalla que es tremendo. Tengo que empezar a aggiornarme con lo tecno, porque si no me quedo atrás.

 

-¿Qué devoluciones te hace cuando te ve trabajar?

-Tiene una mirada impresionante sobre este trabajo. Y fue toda una decisión contarle de qué laburamos nosotros dos... Porque fue como sacarle la careta a los muñecos, como que, sin querer, le matás la ilusión. Ella ya sabe lo que es la ficción. De golpe te dice “Ay, papá, son actores, por favor”.

Acá entendió cómo es el truco para los dos personajes. Cuando me iba a ver a “Sugar” y la encontraba bailando con sus zapatitos de tap me daba una alegría inmensa.

-¿Trabaja de hija de famosos?

-Para nada, creció viéndonos hacer esto y lo vive con naturalidad. Aparte no nos movemos como gente especial, ni la China ni yo. Mis raíces están en el mismo lugar, mis amigos son los de siempre, entre ellos mi hermano. No cambié de gustos, soy el que iba a comer asado con su papá y su hermano al club. Tengo una exposición, sí, pero eso no me modificó ni en nada. Actúo y punto. No hago público lo que opino de cada cosa... Sí respeto a los que lo hacen. Lo que pasa es que hoy vas a un estreno y te terminan preguntando de todo.

-¿Y qué contestas?

-No voy a los estrenos.

Habla claro, Cabré. Dice que entre el nene que fue y el hombre que es hoy “sólo pasó tiempo, pero soy el mismo de la infancia. De chico yo quería ser como Olmedo. Tenía en claro que me gustaba actuar. Y, mirá, de (Carlitos) Balá a (Alfredó) Alcón laburé con medio mundo... soy un afortunado”.
Así prefiere definirse el hombre del que se dice demasiado.

 

Un juego de opuestos en tono de comedia

El truco de que un actor se reparta en dos criaturas de ficción no es nuevo, pero rinde: invita al espectador a descubrir el secreto de esa magia y, al actor, a demostrar su versatilidad.

En “Mi hermano es un clon” (la comedia de Pol-ka que hoy a las 21.30 estrena El Trece), Nicolás Cabré será Renzo Figueroa y Mateo Mónaco, los dos al mismo tiempo. Y el planteo los ubica como el agua y el aceite.             

 

Concebido por fecundación in vitro, gracias al talento de su abuelo -un científico que además separó material genético para desarrollar un clon humano-, Renzo es inteligente, racional, exitoso, con un buen pasar económico. Su hermano, Mateo, es más corazón que cabeza. Lo suyo es la humildad.

Según los libros de Marcelo Nacci y Laura Barneix, casi 30 años después Renzo sabrá que tiene un clon. Y, de movida, lo padecerá. El elenco se completa con Gimena Accardi, Flor Vigna, Luis Machín, Andrea Bonelli y Fabián Vena.