Opinión Miércoles, 14 de agosto de 2019 | Edición impresa

Nacidos en crisis - Por Gabriela Sánchez

Por Gabriela Sánchez - gsanchez@losandes.com.ar

Una de las características de los millennials argentinos es que nacimos en democracia. Pero a mi entender, la más importante es que hemos crecido en continuas crisis económicas que nos dan una perspectiva muy diferente del mundo. 

Hiperinflación, convertibilidad, corralito, riego país, devaluación son palabras que nos resultan familiares porque sabemos cómo afectan nuestras vidas sin que podamos explicarlas con definiciones de manual. 

Vimos con nuestros ojos de niños cómo remarcaban los productos en el camino entre que nuestros padres los sacaban de las góndolas hasta que los llevaban a la caja del supermercado, conocimos los australes y los pesos, escuchamos las cacerolas en el 2001 y ahora estamos acá, con el dólar a 60 pesos. 

Tuvimos que aprender a la fuerza el cambio de moneda antes que a sumar y restar, los viajes de egresados pasaron de Bariloche a Gessell -sin una sola excursión y a un hotel de media estrella- en dos minutos y los pocos ahorros se nos esfumaron por no comprar dólares a tiempo.

Más de una vez nos quedamos explicándole a un extranjero en un hostel durante un viaje mochila cómo funciona la economía de Argentina mientras nos miraba asombrado. También discutimos y teorizamos con nuestros mis amigos posibles formas de mejorar el sistema cuando nos quejamos de los magros sueldos.

Y estoy casi segura, que el lunes más de uno se arrepintió de no haber comprado un vuelo, firmado un contrato de alquiler o haber cambiado el celular con la promoción de 18 cuotas sin interés que nos ofrecía la compañía de teléfonos. 

Y así vamos por la vida trabajando, pagando las cuentas, ahorrando (el que tiene el privilegio), y comprado unos dólares (el privilegiado que puede ahorrar). Pendulando entre el miedo a invertir en un emprendimiento, construir una casa o cambiar el auto. Porque la pregunta recurrente es: ¿voy a poder concretarlo? 

A esto se suma la idea de éxodo masivo cuando explotan los puntos más álgidos de las crisis. Entonces aparecen las filas en las embajadas para tramitar la doble ciudadanía o al menos una visa que nos abra la puerta a la estabilidad del primer mundo, porque la receta parece estar siempre en otro lugar.

A veces reina una especie de desesperanza en la Generación Y que nos hace hundirnos en nuestro propio llanto pensando en que nunca nada se va a solucionar, estado catatónico del que solo salimos con un meme de Los Simpson para ilustrar hasta los momentos más absurdos de la vida. 

Y no es que falten ganas de participar, la mayoría de las veces faltan espacios en los que nos sintamos representados, miramos con desprecio las viejas formas pero todavía no encontramos las propias. 

Mientras tanto de atrás nos empujan los jóvenes de la Generación X que tienen todo más claro o al menos hablan más fuerte y no dudan un segundo en escupir todo lo que piensan a quien sea. Reaccionan más rápido, decodifican más estímulos en simultáneo y nosotros ahí todavía dándole F5 al homebanking para ver si podemos comprar cinco dólares.