Sociedad Miércoles, 17 de julio de 2019 | Edición impresa

Monte Caraz: rescate de dos andinistas argentinos que murieron en Perú

Unas 40 personas (12 de Mendoza) fueron a buscar los cuerpos de Pablo Cano, santafesino que vivía en nuestra provincia y de Ian Schwer.

Por Ignacio de la Rosa - idelarosa@losandes.com.ar

El montañista santafesino pero que vivía en Mendoza, Juan Pablo Cano (23) y su compañero Ian Schwer (30)  fallecieron mientras escalaban el monte Caraz (6.025 msnm), en la ciudad peruana de Huaraz. El momento exacto de la muerte así como también las circunstancias de la misma son detalles que probablemente jamás se conozcan con exactitud, puesto que ambos -con una sobrada experiencia en el andinismo- se encontraban en soledad intentando escalar una pared de hielo del nevado ubicado en los Andes peruanos.  

Los cuerpos de los dos jóvenes expedicionarios fueron rescatados y bajados el domingo 14, luego de un maratónico operativo de rescate del que participaron casi 40 personas -al menos 12 de ellas mendocinas-, que se extendió durante casi 21 horas y donde sobraron la solidaridad, el compañerismo y el trabajo en equipo.

Marca. El círculo sobre la foto indica el lugar donde fue el accidente | Gentileza

El guía de montaña mendocino Pablo Tapia -quien además fue profesor de Juampi en la Escuela de Guías provincial- fue uno de los tantos participantes del operativo; que involucró a guías, expedicionarios y voluntarios predispuestos de Argentina, Chile, Perú, Estados Unidos y hasta España.

 

“El 14 (domingo) fuimos a buscarlos y fue una jornada muy larga. Arrancamos a las 3 -divididos en distintos grupos- y volvimos a las 0. Muchos no durmieron, no comieron y tenían poca agua. Es para enorgullecerse cómo se ha trabajado y se suele trabajar en estos casos. Hay mucha solidaridad y sentido de pertenencia en la montaña, te moviliza y das de corazón todo lo que tenés”, destacó Tapia. Pese a ser quien habló con Los Andes para  reconstruir las horas previas y posteriores al rescate de los cuerpos, el guía dejó claro en todo momento que en el operativo no hubo destacados o líderes; y que los 40 participantes fueron igual de vitales y fundamentales para el desarrollo de los trabajos.

Cano y Schwer -también de vasta experiencia en el andinismo y muy reconocido en Bariloche (su ciudad natal)- habían emprendido su aventura en uno de los picos considerados de elite en la cordillera peruana. De acuerdo al itinerario inicial, se esperaba que los dos jóvenes regresaran el jueves 11 a la base, ya que tenían pasaje de regreso a Lima.

Rescate. Dos andinistas bajan a uno de los escaladores fallecidos | Gentileza

“Como no regresaron, sus compañeros y otros montañistas hicieron una reunión esa misma tarde - noche. Fue en Hostel Campo Base. En ese momento se conformó un grupo de avanzada -con 7 personas que conocían a la perfección la pared donde debían estar los jóvenes- para ir a evaluar la situación; y no se descartó al principio que hubiesen decidido armar un vivac y tomarse un día más para bajar”, destacó Tapia, quien se encuentra en Perú por trabajo y quien -al igual que todos los participantes del rescate- resignó cualquier otra actividad. “Se me piantaron unos lagrimones al saber que era uno de mis pibes (NdR: Cano fue alumno de Tapia en la escuela de Guías); y se me piantan ahora. Pero no los íbamos a dejar arriba ni en pedo”, se sinceró. 

Al día siguiente (viernes 12), 5 de los integrantes del grupo de avanzada cruzaron una tranquera y continuaron hasta la base del glaciar; al tiempo que dos de ellos se quedaron en el refugio para hacer de nexo de comunicación entre quienes continuaban y quienes permanecían en la base (en Huaraz). Ese mismo viernes, las 5 personas que continuaron con la expedición lograron divisar dos cuerpos encordados, aparentemente sin signos de vida. Aunque no pudieron llegar a ellos.

 

Ya con este panorama, el sábado (13 de julio) por la tarde se hizo una reunión con el objetivo de reclutar voluntarios para la posible evacuación de los cuerpos. Con el dato preciso de que no presentaban signos de vida, la prioridad se convirtió en no arriesgar a ninguno de los rescatistas.

Según detallaron a Los Andes -desde Perú y por medio de un comunicado firmado por todos-, en esta reunión se planificó el operativo y se conformaron distintas comisiones.

Se decidió que la primera de ellas partiera en apoyo al grupo de avanzada y por la ruta normal. Con mapas y fotos en mano -y además con la percepción de los guías locales en base a lo observado- se estudió la ruta más directa y se definió que dos grupos fueran por abajo, preparando una vía de escape directa a la laguna Parón (en la base del monte). Una vez finalizado el rescate, desde allí regresarían con los cuerpos en bote hasta el refugio.

Gentileza

Además, definieron que algunos integrantes de la patrulla de rescate de la Policía de Perú comenzaran el ascenso a fin de alcanzar al grupo de avanzada.

El domingo, en tanto, partió otro grupo de la patrulla (7 efectivos que se sumaron al grupo de avanzada). Desde Huaraz, en tanto, se decidió que las comisiones partieran por la madrugada -a las 3-; y para ello fueron vitales los trabajos de logística y gestiones de Luciana Juárez para conseguir vehículos y material técnico.

El tramo hasta la laguna -ubicada a 4.155 msnm- demandó 3 horas. Una vez allí, se armaron dos frentes. El primero, para apoyar al grupo de avanzada que realizaban maniobras para retirar los cuerpos hasta la base y su posterior traslado en camilla. 

En tanto, en el otro frente se dividieron dos grupos para continuar por abajo del cerro.

Por medio del estudio del terreno, se visibilizó un sector por el cual -con el equipamiento adecuado-se podría montar una bajada directa de 100 metros. Así las cosas, el primer grupo se encargó de prepararlo, mientras que el segundo constató que las cuerdas llegaran al suelo. Desde allí bajaron los cuerpos a mano, con freno a la camilla hasta el segundo rapel de 100 metros. Eso los dejó ya a la altura de la laguna, donde esperaban los botes en los que regresaron al campo base.

 

Previo a llevar adelante las tareas, los rescatistas realizaron una pequeña ceremonia “pidiendo permiso” a la montaña (Pacha) para poder retirar los cuerpos. 

“Todos pusieron lo mejor de cada uno, pusieron todo. Fue muy destacable como se hizo el rescate”, agregó Tapia, quien no fue más que la voz de todos los que participaron del operativo. 

La técnica utilizada es distinta a la que suele utilizarse en estos operativos en Mendoza, favorecida por las características del lugar. Incluso, en esta zona de los Andes peruanos por lo general la escalada se hace de noche, considerando que se trata de condiciones más estables.

Entre los rescatistas había -además de gente que acompañaba a los jóvenes en el lugar-, guías y andinistas que estaban preparados para iniciar sus expediciones. Todos pusieron a disposición su tiempo, su físico y cuanto equipamiento hubiera disponible.

 “Darle una mano al compañero es una especie de obligación moral”, sintetizó Tapia.

Preparados

En el mismo comunicado donde estos héroes anónimos resumieron detalladamente el operativo de rescate, resaltaron además los valores y la solidaridad; así como también se mostraron molestos por muchas cosas que se han dicho en distintos medios desde el desconocimiento sobre lo acontecido.

“La montaña saca lo mejor o peor de cada persona. En este caso; 40 personas de Argentina, Chile, Perú, Estados Unidos y España tuvimos un sólo objetivo. 
Sin egos, sin categorías, sin prejuicio y trabajando en equipo palabra tan nombrada, pero no llevada a cabo en la vida misma.

Acá se dio, como quizá en otros momentos no. Es vital que cada persona que decida hacer esta actividad se capacite, utilice los medios adecuados; y no  que se preocupe en hablar sólo por decir algo. A veces el silencio es la mejor opción”, se explayaron. Y sentenciaron: “Un rescate sólo se logra en equipo. Un pequeño grupo de personas no hubiese podido hacer este rescate y evacuación”.