Espectáculos Sup. Cultura Sábado, 24 de agosto de 2019 | Edición impresa

Minas y nostredades: un encuentro que es reencuentro

Las Minas de Arte, recordado colectivo de los ‘90, vuelve a juntarse la próxima semana.

Por Daniel Arias Fuenzalida - darias@losandes.com.ar

A veces los gestos más revolucionarios vienen de algo pequeño: una palabra, una letra.

La capacidad de torcer el lenguaje hasta el límite de fisurarlo es algo que puede incomodar a muchas personas. Y en esa incomodidad está su poder transformador, porque nos hace pensar.

 

Es ese uso del lenguaje el punto de partida y el punto de llegada de esta nota, que viene a propósito de los seminarios “Otras miradas”, que se darán en la UNCuyo el próximo viernes 30 y sábado 31. 

1. Quiénes eran las “minitas”

Muchos deben recordarlas. Era principios de los ‘90 y en Mendoza también tenían efecto las premisas del neoliberalismo: el consumismo, el éxito material personal como máxima aspiración y la preeminencia del individualismo frente a lo colectivo. En ese contexto había que animarse a hacer arte político. Y las Minas de Arte lo hicieron. 

Se cruzaban en las aulas de la Facultad de Artes de la UNCuyo, pero supieron que solo iban a cambiar el arte fuera de ellas: eran las artistas plásticas Cecilia Andresen, Marcela Furlani, Sandra Martí, Modesta Reboredo, Lucía Coria, Flavia Giménez, Sonia López, Alelí Bromberg y Carina Sama (videasta y cineasta). 

CARINA SAMA. La cineasta y videasta es parte del colectivo Minas de Arte, que revolucionó a Mendoza en los ‘90.

Decíamos que la aventura comenzó resignificando el lenguaje, porque “Minas” tenía un significado enteramente político. ¿Cómo así? Pues quien recuerde atentamente, se percatará de que era la época de las “minitas” (término despectivo que proliferaba en el humor de la época) como posición contraria a las “chicas bien”. 

Lo explica con total claridad la investigadora Natalia Encinas, en una investigación sobre el colectivo: “Con su práctica colectiva las artistas buscaron subvertir el sentido de ser nombradas como ‘minitas’ -objetos- para convertirse en ‘Minas” -sujetos- de arte.

Expusieron para ello, mediante sus propios cuerpos (cuerpos-obra), ciertos sentidos que en el campo artístico y en la cultura visual las reducían -en tanto mujeres- a meros objetos de representación”. 

Las “Minas” desarrollaron intensa actividad entre 1992 y 1996, especialmente con un tipo de arte que hoy se llamaría “arte performática”. Desde ese mismo lugar volverán a encontrarse, el próximo viernes 30. Carina Sama, impulsora de la actividad, explica. 

-¿Qué manera tenían de trabajar las Minas de Arte?

-Primero hacíamos una conceptualización entre todas, luego cada una trabajaba lo individual y después se trabajaba mucho en el concepto de espectador: quién nos iba a mirar y cómo íbamos a llegar a esas personas. Cada vez que hacíamos un espectáculo hacíamos eso. 

-¿Y cómo será el reencuentro?

-Queremos hacer un ejercicio de memoria: estar frente a nueve personas que nos vieron en los ‘90, desde diferentes puntos de vista y hacer un diálogo entre nosotras y nuestros “espectadores”, es la ida y vuelta. Después pensábamos girar e interactuar con el público, porque no solo está lo que queda en la memoria, sino también la mitología que queda a través de la memoria de la memoria. 

 

-Sin embargo, en aquellos tiempos ustedes decían “ser femeninas, no feministas”. ¿Hoy cómo se definen?

-El tema de las contradicciones es un tema latente. Es una de las cosas que también queríamos trabajar. Justamente, el video que vamos a pasar al comienzo es uno que armé para el Mmamm mostrando nuestro recorrido. El tema de “no somos feministas, somos femeninas” hay que tomarlo como una cuestión de la época. Después, cada una fue armando su propio derrotero. Flavia, Sandra y yo hemos trabajado mucho en eso; yo, por ejemplo, rompiendo la binariedad desde el transfeminismo. Esa construcción fue terminada de trabajar en la muestra performática del 2011 que se llamó “Minupcias” (de un corazón despierto), en el que cada una se casó consigo misma. Cada una hizo un voto con una misma. Creo que no hay nada más feminista que eso. 

-Al día de hoy se siguen presentando como Minas de Arte. ¿Cómo es su relación actual?

-Yo te diría que nunca nos separamos. Por ahí discutimos, nos gritamos y hacemos un par de escándalos, pero hay algo que va más allá de nosotras, y así nos presentamos: somos Minas de Arte. 

II. Qué es la “nostredad”

La trayectoria de Sama la llevó a vivir en Buenos Aires, estudiar la teoría transfeminista y filmar dos documentales relacionados a ello: “Madam Baterflai” y “Con nombre de flor”, protagonizadas por mujeres trans. Al momento de volver a Mendoza para esta actividad, fue inevitable juntar ambas facetas. Y oportunamente, encontraron un concepto que permitía unir la experiencia de las Minas con la teoría travesti, que Sama estudió de la reconocida teórica, psicóloga social y militante Marlene Wayar, que estará presente el sábado que viene. 

La nostredad es “un concepto que surge rebatiendo el concepto de la otredad, neoliberalista”, explica Sama. “Planteamos la otredad no como un otro, sino como un nosotros, lo cual marca un cambio de perspectiva muy amplio”. 

El concepto, teorizado por Wayar, apunta hacia al reconocimiento de un nosotros en la otredad. Un punto de unión y solidaridad con la persona que hay en el Otro. Dejar el punto de vista distanciado para involucrarse. Esta capacidad supone poder alojar en nosotros a la otra persona, con sus sufrimientos y opresiones, de tal modo que ese reconocimiento se vuelva en un lazo político frente a las injusticias.

Marlene Wayar. Reconocida teórica y psicóloga social, cultora de la “nostredad”. | Gentileza

“Nos dimos cuenta de que el concepto de la nostredad ya existía en las Minas de Arte, en la época de los ‘90, bajo un gobierno neoliberal como el de Menem. Ya estaba en vilo el concepto, aunque no había surgido como categoría”, comenta. 

Agrega: “Marlene trabaja la teoría travesti latinoamericana y no solo desde el concepto de la nostredad sino desde la idea de que uno es su primer objeto de arte. Nos parecía muy importante en una Facultad de Arte empezar a trabajar esas teorías para romper el binarismo, que es lo que nos une. Rompiendo eso, creo que va a haber infancias, vejeces y vidas más libres”. 

 

Y cierra: “Con la corta vida de las travestis (35 años), que Marlene esté viva, pensando y pensante, y rompiendo el léxico con palabras como nostredad, travesticidio e identicidio, es importantísimo. Son palabras que van rompiendo poco a poco con el lenguaje, que puede ser opresor, pero también inclusivo”.