Sociedad Lunes, 20 de mayo de 2019 | Edición impresa

Millennials: ¿tienen realmente menos deseo sexual?

Ya sea por la educación que recibieron o por el uso intensivo de la tecnología, los “millennials” se relacionan de otra forma con el sexo.

Por Licenciada Mariana Kersz, psicóloga y sexóloga, Directora de Clínica de Parejas. Mail: Hola@ClinicaDeParejas.com.

Despreocupados, informales, adictos a la tecnología, bisexuales, los millennials o “Generación Y”, nacidos entre 1982 y 1999, viven la sexualidad de forma diferente a la de sus predecesores, la Generación X (nacidos entre 1965 y 1981). Varios estudios señalan que no tienen pareja sexual estable, que privilegian los vínculos virtuales y que son una generación menos comprometida con el amor a largo plazo.

Según el artículo de la revista Time titulado “Why millennials might be having less sex tan their parents”, esto proviene de que nacieron en alerta frente al HIV y otras enfermedades de transmisión sexual. El sexo, en su educación, estuvo ligado al peligro. Pero hay otras razones, más tecnológicas.

 

Entender el estilo de vida de los jóvenes millennials nos permite acercarnos a comprender por qué ellos tienen menos actividad sexual. Estamos ante una generación hiperconectada pero poco o mal comunicada, con grandes deficiencias para el encuentro cara a cara. Y cualquier padre de un hijo o hija adolescente, lo intuye o sabe.

Logran a la perfección conectarse literalmente con la otra punta del globo terráqueo en cuestión de segundos, mantienen conversaciones simultáneas, no focalizan tanto en una sola cosa por mucho tiempo. Inundados de información, prácticamente desde que nacieron fueron adoctrinados para estudiar inglés, tener altas exigencias laborales, elevados estándares profesionales, obligaciones y compromisos. Esto les dejó poco espacio para la satisfacción del deseo y la libertad de explorar sus propios placeres.

Las Apps. Estos espacios virtuales propician inmediatez y liquidez en los vínculos.

Este sentido de la inmediatez, del “todo-ya”, y de los bajos niveles de tolerancia a la frustración generan una gran dificultad para vincularse y relacionarse emocionalmente, es decir, una apatía sexual que hunde sus raíces, probablemente, en estos modelos de educación sexual (probablemente la única que recibieron), más relacionada con la higiene sexual y con la salud sexual: prevención de ETS (enfermedades de transmisión sexual), utilización de preservativos y evitación de conductas de riesgo. En lugar de poner el foco en los beneficios de una sexualidad positiva, saludable, placentera y conectada, hay ausencia de educación.

La educación del porno

Si no hay educación sexual, hay porno. En nuestro país, la ESI (Ley de Educación Sexual Integral) aborda temas de cuidado y respeto por el propio cuerpo y el ajeno. Busca comprender lo orgánico, lo emocional y abrir un panorama más real para el encuentro. La industria del porno, que muchos millennials consumieron desde los inicios de su sexualidad, adoptando el celular y wifi como parte de su día a día, es un cúmulo de mala información y mala educación sexual. Las mujeres no solo somos cosificadas, sino que se muestran modelos de vinculación que nada tienen que ver con el día a día o con la realidad que viven las parejas reales.

 

Justamente esta generación de chicos y chicas hiperconectados, aprenden a normalizar el porno como una realidad viable y posible, generando como consecuencia una imagen errónea de lo que se puede esperar y de lo que no es factible en relación a cada encuentro sexual. 

La era de las apps

Del mismo modo pensamos en las apps de encuentros, como Happn o Tinder, que son aplicaciones donde justamente la mirada está puesta en generar vínculos y relacionarse, pero termina siendo un muestreo donde filtrar desde la superficialidad de la imagen (nada menos) a quién darle like... y a quién evitar. Esta hiperconexión, este espacio de tanta inmediatez y de liquidez en los vínculos genera poco espacio para la intimidad. Del otro lado, tenemos sexualidades más abiertas: muchos se consideran bisexuales, prueban distintas cosas antes de definirse y son monógamos más flexibles o exploran el poliamor.

 

¿Para qué relacionarme con una sola persona cara a cara si puedo hacerlo con miles a la vez? ¿Cómo hago para pasar al plano real y generar una charla tan interesante como en el plano virtual? Estas son solo algunas de las preguntas que se hacen los millennials, y que probablemente hacen que dejen de lado el deseo sexual; un poco por desconocimiento, otro poco por comodidad; y otro poco por tener la mente en múltiples actividades, obligaciones y responsabilidades que dejan un limitado espacio para el goce.