Espectáculos Domingo, 21 de abril de 2019 | Edición impresa

Michel Foucault: la economía del deseo

Hace unas semanas llegó a la Argentina el esperado último libro de “Historia de la sexualidad”, editado de manera póstuma.

Por Luis Diego Fernández - Especial para Los Andes

Esta novedad editorial, consagrada a la problematización del concepto de “carne” a partir de los textos de los Padres de la Iglesia en los primeros siglos, culmina el proyecto foucaultiano de elaborar una genealogía del deseo. En 1984, ya gravemente enfermo, el filósofo retoma la corrección pero muere el 25 de junio y no llega a entregarla. La presente edición fue elaborada a partir de su manuscrito y de la versión tipeada de Gallimard, enviada al filósofo para su revisión final. El libro es la versión fiel de Foucault, corregido y uniformado en sus citas y dando fluidez al texto, al cual se sumaron cuatro anexos extraídos de los archivos de la Biblioteca Nacional de Francia que complementan los problemas planteados en el manuscrito.

Lejos de lo que parece decirnos su título, no hay en la “Historia de la sexualidad” un abordaje en el sentido de una historia de las prácticas sexuales. Tampoco se trata de una reflexión entre el sexo y la ley o el sexo y la represión sino, más bien sobre el modo en que el sexo se inscribe en lo que Foucault llama “régimen de verdad”. Vale decir, la obligación a decir la verdad por parte del sujeto y cómo este encuentra esa verdad en su deseo. 

 

En “Las confesiones de la carne”, Foucault indaga en la experiencia del sexo en los primeros siglos del cristianismo a partir de dos elementos que considera claves: la presencia del mal y la manifestación de la verdad a través de la confesión. El mal en términos cristianos será el deseo dañado, inoculado de pecado, como un elemento no voluntario. La carne, en tanto sustancia ética cristiana, será la consecuencia de la relación entre deseo y mal. Partiendo del análisis del texto “El pedagogo de Clemente de Alejandría”, Foucault deja en evidencia la división hecha por los Padres de la Iglesia entre la sexualidad ordenada y racional (matrimonio) versus el deseo desordenado.  

Foucault apela al análisis de la sexualidad a través de los bestiarios de la patrística cristiana. Sin embargo, hay algo central para Foucault en la relación que establece Clemente entre la procreación matrimonial y la creación divina: la sexualidad con finalidad reproductiva es vista como una continuación de la acción creadora de Dios. Este isomorfismo sexual entre procreación/creación en un registro estrictamente matrimonial implicará una “teologización del deseo”.  

La mística de la virginidad tendrá un lugar clave según Foucault en la experiencia cristiana del sexo. El elogio de la continencia que encontramos en Tertuliano y Cipriano implica una comunión con Dios a través de la salvación. La virginidad también como cualidad de la vida monástica, de una elite pequeña. El modelo monacal será el que predomine en el cristianismo entre el siglo I y el IV, cuando se trataba de una religión no popular sino selectiva, para un pueblo elegido, algo que se modificará radicalmente con la oficialización del culto cristiano por parte del Imperio Romano, momento desde el cual se adoptará el modelo familiar.

 

Foucault compara la teología matrimonial de Clemente (creación/procreación) con los tratados de la vida matrimonial del siglo IV. El matrimonio cristiano implicará un modelo de vida diferente, más accesible y popular, que el modelo monástico de la virginidad. Este modelo de elite sostenido por Tertuliano y Casiano queda delimitado solamente al monaquismo. Las relaciones sexuales entre esposos, en el marco familiar, ya no implican como en Clemente una analogía con la creación divina sino un ordenamiento del deseo; la familia cristiana constituirá una soberanía disciplinaria para los esposos. La finalidad matrimonial a partir de San Agustín y de San Juan Crisóstomo será evitar la concupiscencia. Esta nueva economía del deseo conlleva, según Foucault, a una juridificación de la vida matrimonial en la cual la Iglesia tiene injerencia y poder de decisión.  

 

Uno de los aportes más relevantes de “Las confesiones de la carne” es la analítica que Foucault realiza del concepto de “libido”, en tanto movimiento autónomo de los órganos sexuales, a partir de San Agustín. Lógica cuyo punto de partida es la pérdida adánica del dominio de sí en el Génesis, y la aparición de la libido como una voluntad que excede los límites que fija Dios, como una forma de transgresión. A diferencia del mundo griego donde la regulación pasaba por los roles (activo/pasivo) y el exceso, en el cristianismo, según la visión foucaultiana, el problema es la erección (síntoma de transgresión y desobediencia); la lucha se libra hacia abajo, lo involuntario y la continencia.

 

De acuerdo a la lectura de Foucault, lo que se mantiene inalterable desde Grecia y Roma al cristianismo serán los códigos y los valores de austeridad sexual. La verdadera diferencia para él será la operación de subjetivación que lleva a cabo el cristianismo y que se mantiene en la modernidad occidental hasta el psicoanálisis. La invención del hombre como sujeto de deseo que debe descifrarse será el aporte del cristianismo. Un dispositivo en el cual aún habitamos.