Opinión Lunes, 26 de agosto de 2019 | Edición impresa

Mentime que me gusta: el fascinante poder de las fake news - Por Claudio Barros

Por Claudio Barros - cbarros@losandes.com.ar

Hay una máxima en el periodismo que dice: “Que la verdad no arruine un buen título”. La usamos como una broma interna cuando el jugoso dato que teníamos comienza a desvanecerse sin poder dar todo lo que nos habría gustado. Sin embargo el chiste se ha ha escapado de las redacciones y se ha convertido en una realidad que excede claramente al periodismo.

Las “fake news”, lo que en un claro castellano deberíamos llamar desinformación, se han vuelto una constante que nos dejan más cerca de la consternación que de la risa o, lo que es peor, de la indiferencia.

Y en este punto vale aclarar que hay que escapar de la tentación de la traducción simple para decir que en nuestra lengua las “fake news” son “noticias falsas”. Llamarlas así sería, irónicamente, falso. Como en la vida, y sobre todo en las noticias, nada es blanco o negro sino que siempre la información -o la desinformación en este caso- está teñida de grises.

Los ejemplos sobran pero usaré el incendio del Amazonas por ser uno de los más recientes.

Según la agencia de noticias AFP, en lo que va de año se han registrado 78.383 incendios forestales en Brasil, el peor dato para ese período desde 2013.

La mayoría de los incendios ocurren en la cuenca del río Amazonas. Entre el jueves y el viernes se declararon en Brasil un total de 1.663 incendios, según el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE).

 

Ante un panorama semejante, hacer un llamado a la acción es imprescindible y es lo que han hecho muchas personalidades de distintos ámbitos. Apelaron al cliché de que “una imagen vale más que mil palabras” y compartieron fotos impactantes. La intención es válida pero las imágenes no. Desde el presidente francés Emmanuel Macron hasta el cantante Ricky Martin publicaron una imagen tomada por el fotógrafo estadounidense Loren McIntyre, conocido por su trabajo para National Geographic. El problema es que McIntyre falleció en 2003 y su foto no es del incedio actual del Amazonas sino de un siniestro de hace al menos 16 años.

¿Está Ricky Martin compartiendo una fake news? Sí y no. Su mensaje no es falso aunque su imagen no sea actual.

La mayoría de las imágenes más asombrosas que circulan son en realidad de quemas controladas que se hacen para limpiar tierras. Sin embargo el incendio es real y el peligro que representa también aunque sus fotos sean falsas.

En este caso no hay, mayormente, mala intención pero no todas las publicaciones son iguales. Varias comparten el dato real del incendio mezclado con acusaciones políticas o responsabilidades confusas que no se ajustan a la verdad.

Hoy es el incendio del Amazonas, pero hace unos días eran las elecciones PASO, el debate sobre aborto legal o la creencia de que la Tierra es plana.

¿Por qué funcionan las “fake news”? Porque apuntan directamente al corazón de aquellos que ansían que les den exactamente lo que quieren ver, leer o escuchar. La gran seducción de la desinformación es que es una mentira más visual que textual. Pocos logran no sucumbir ante un mensaje que reafirma sus propias creencias aunque su premisa sea absurda. Un ejemplo claro es el de una publicación de Facebook que sostenía que la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner tiene una hija con síndrome de Down y que la esconde al público. A pesar de que es tan ridículo como suena, la desinformación -que tiene la foto de una joven maestra jardinera de Córdoba y que fue la primera docente del país con síndrome de Down- cosechó cientos de mensajes de repudio contra CFK y se viralizó en 2017 y este año resurgió durante la campaña.

¿Cómo nos libramos de las “fake news”? La respuesta no es simple y, claramente, no hay un sola. Por un lado hay que aprender a ser más reflexivo y menos irascible frente a cualquier publicación que nos provoque. Por otro, los que trabajamos en medios debemos trabajar más firmemente en evitar las desinformaciones y no dejarnos seducir por ellas. Porque a pesar de que publicamos bastantes menos de lo que nuestros lectores creen, son muchas más de las que quisiéramos que aparecieran en nuestras redacciones.