Sup. Cultura Sábado, 14 de julio de 2018 | Edición impresa

Me contó - Por Dardo Corvalán

Por Dardo Corvalán

Aún hoy lo veo…

Un día de esos... de los cualesquiera me contó que su padre bebía, fumaba y adolecía. Me repitió con voz cortada, de hombre, ahogada que su padre debía lo de padre desde cuando él era un niño. Bebía para olvidar las penas -dice decía- y a veces -muchas- los afectos, incluso que tenía un hijo.

Me dijo de sus domingos, del divorcio, del antes de.

Los fines de la semana ya con su madre solo, ella lo amaba bien amado, lo alimentaba a nutrición, gusto y maña, lo bañaba, las mejores pilchitas, unos Grimoldi negros con plantilla y algo azul... siempre su preferido el azul. Aún hoy lo veo y viste de azul. Tallón en el pelo corto, colonia, gomina, un rato de Bonanza mientras su dulce guardiana se arreglaba y para final el peinado serio, ese, el de pequeño rey.

Aún hoy lo veo.

A la tardecita iban juntos a la plaza -a la Independencia- y esperaban al padre, el suyo... sentados o jugando en el foso o las escaleras, molinete de viento y maní con chocolate.

Él bien peinado y de azul y de pantalones cortos mostrando su piel lastimada de jugar a la chapita en los canteros del colegio y con fuego en el corazón dolido.

Llegaba la caída de don sol, maldito que se va y ellos en la plaza. Ni señales del padre, ni de las físicas ni de las otras; solo la secuencia interminable de todos los domingos sin él. De hecho dice no haber visto padres en la plaza.

Aún hoy lo veo.

Regresaban solos, peinados, bien azules, tristes.

Sopa de quaker -la del viejo canoso-, gelatina de frutilla y el lujo de una naranjita plástica de la puerta del “Gigante”, regalo y mimo de su madre, la única... ella y la naranjita.

Me contó que se metían juntos en la cama y en una fundición indestructible susurraban cuentos de tapas duras y gráficas mágicas... “la brujita sarampión, el soldadito de plomo, Alicia...”, más que cuentos declaraciones de amor mirándose a los ojos, pociones de letras y dibujos que le apretaban con las manos -de cuento- su corazón herido e infantilmente ofendido hasta el domingo que viene.

Solo esto me contó, tenía que hacer dijo.

Al irse caminó tres pasos, volteó y me dijo que al final se dormía y solo ahí y recién se despeinaba.

Aún hoy lo veo.