Sociedad Domingo, 29 de septiembre de 2019 | Edición impresa

Mariana, Tomislav y una vuelta al mundo que no tiene final

Impulsados al principio por su amor al fútbol, los jóvenes Mariana y Tomislav llevan cuatro años recorriendo casi 40 países.

Por Carolina Baroffio - Especial para Los Andes

El amor nació hace seis años con la excusa del vendaje de un esguince mal curado que él le pidió a ella, estudiante de kinesiología. El flechazo fue propio de un amor de juventud, pese a que ya se conocían. Luego, él decidió irse a Brasil para el Mundial 2014 y ella, a Colombia. Tras varios meses distanciados, cuando los chicos se reencontraron no sólo confirmaron su noviazgo sino que se aventuraron juntos a recorrer el mundo.

Tomislav Lolich (29) trabajaba en una pollería en Godoy Cruz y puso su camioneta Volkswagen Saveiro 0 Km a disposición para emprender lo que, sin premeditarlo, les llevaría a ambos compartir cuatro años en ruta, viajando unos 128 mil kilómetros, conociendo casi 40 países y -sobre todo- poniendo a prueba el amor en situaciones por momentos extremas.

 

Mariana Narváez (26) apenas se había recibido en la Universidad Mendoza cuando ni se percató de llevarse con ella el título, sólo cargó su mochila para unas “vacaciones” brasileñas que se extenderían por buena parte de América del Sur, Centroamérica y Europa. 

De ensueño. Mariana, Tomislav y el perro Draco frente a un evento impactante que se realiza en Turquía. | Gentileza

“No fue todo calculado. Al viaje lo fuimos armando durante la marcha”, confirma ella. Eso sí, desde el inicio los dos sabían que Draco, su perro Pitbull, los acompañaría hasta donde fueran. Eso no se negociaba.

 

De México cruzaron a Europa otra vez movilizados por la pelota. “Pensábamos ir a Alaska, pero también queríamos ir al Mundial de Rusia y elegimos el fútbol”, suelta él como si allí, casi en la otra parte del mundo, fuera a acabarse el recorrido. Lejos de eso, los novios atravesaron ocho países para llegar al objetivo futbolero.

“Desde México nos fuimos a Bélgica y de ahí, en la Saveiro hicimos unos 15.000 kilómetros hasta Moscú”, detalla Tomislav, cuyo nombre se lo puso su papá futbolero en honor a un jugador croata de los 90, país de origen de su apellido.

 

Equipada la “China” -como le dicen a la camioneta- para que fuera su “hogar”, la pareja va relatando el viaje en la página de Facebook “América del Tour”. Con imágenes paradisíacas, videos editados con música incidental o mendocina (de una banda “amiga”, La Paloma en la Pared), y narraciones de la experiencia en cada sitio que visitan, Mariana y Tomislav dejan así testimonio público de una aventura que muchos sueñan pero pocos se atreven a cumplir.

“No es fácil, para nada. Vivimos momentos de soledad que nos hicieron unirnos como pareja. Somos íntimos amigos más allá de la relación, y tan lejos de casa, sólo nos tenemos a nosotros y a Draco, que nos ha salvado de situaciones complicadas”, advierte Mariana. 

 

Su novio explica que viajar con un pitbull, además de compañía les brinda seguridad. “Todos le temen y nos sentimos protegidos, aunque eso a veces nos juegue en contra para conocer gente”, cuentan, y reconocen que en los países americanos les fue más amigable todo, ya que en Europa “son más desconfiados todos, y más si andás en compañía de un perro como Draco”.

En la Toscana. Sobre la Saveiro, en un paisaje italiano. | Gentileza

Más allá de las semanas de angustia –“hemos llorado varios días seguidos”, asumen-, los novios están felices con la elección de esta forma de vida. Y hoy, de regreso a su tierra natal, vuelven a elegirla. Vinieron sólo para casarse el próximo sábado. En un mes pegan la vuelta para Andorra, donde los esperan Draco y la “China”.

 

¿Por qué no casarse en algún otro lugar del planeta? “Porque queríamos compartir el momento con la familia, y a ellos se les hace difícil viajar. Además, porque Tomi inició los trámites del pasaporte italiano y tenía que venir a buscarlo. Ahora que nos casamos, yo también lo tendré y todo nos resultará más simple para vivir afuera, viajando”, sostiene Mariana, convencida de que la vida de ambos está unida en el camino que tomaron hace cuatro años y que hoy desean continuar.

“No sabemos si será para toda la vida, buscamos que la vida nos sorprenda; no somos muy conscientes de lo que estamos haciendo”, concluyen, casi a coro, los enamorados viajeros.

 

Trabajan ocho meses para viajar cinco

Además del español, Mariana y Tomislav dominan el inglés y el portugués. Hacen “temporadas” laborales para mantener su viaje por el mundo. “Trabajamos ocho meses de lo que sea y viajamos durante cinco”, revelan. Ella aplica sus conocimientos kinesiólogos en centros de spa u hoteles; también ha sido moza y guía de turismo; él se ha desempeñado en empresas de mantenimiento y ha sido panadero y cocinero.

Darán el “sí”

Tomi y Mariana se casarán en la Finca El Pino de Maipú, el sábado, mediante un almuerzo familiar y con amigos, simple, regado de vinos y comida criolla. El 16 de ese mes regresarán a Andorra para continuar con su “rutina” viajera. Allí se reencontrarán con su perro Draco y su camioneta Saveiro. Él ya contará con pasaporte italiano y ella se llevará su título de Kinesióloga para que la aventura les resulte “más liviana”.

 

Cifras

128.000 kilómetros llevan recorridos Tomislav y Mariana.

40 países de América del Sur, Centroamérica y Europa son los que han conocido.

4 años han pasado desde la partida hasta ahora, que vuelven sólo para buscar pasaporte italiano y casarse.

De cal y de arena

En Croacia se pasaron una semana entera encerrados los tres en la camioneta. “No paraba de llover todos los días, sólo lo sacábamos a Draco para que hiciera sus necesidades”, recuerdan.

 

Turquía les pareció el lugar más fascinante de todo el viaje. “Son pueblos encantados, fuimos a la zona de los globos aerostáticos, maravilloso, inolvidable”, exclaman.

En países de América del Sur como Colombia, Brasil o Perú, recibieron un trato tan amable que casi ninguna noche durmieron en la Saveiro. “Siempre nos invitaban a sus casas, nos recibían con exquisitas comidas”.

 

En cambio, en países europeos como Albania visitaron “pueblos fantasmas”, casi sin gente, y donde había, los habitantes se mostraban más desconfiados. “Ahí sí que no teníamos adónde dormir más que en la camioneta”.

Rusia fue diferente luego de que el canal de televisión más visto en Moscú les hiciera una nota. “Nos hicimos famosos, y  entonces nos ayudaron muchísimo”, expresan con una sonrisa. Y coinciden en que en Bélgica, Italia y Rumania también se mostraron abiertos a la experiencia y “nos hicimos de buenos amigos”.

 

El momento más extremo de esta aventura lo vivieron en Colombia. Y fue su perro Draco el que les salvó la vida. “Estábamos durmiendo en la Saveiro, y como a las cuatro de la madrugada sentimos fuertes golpes en la camioneta, gritos. Querían entrar. Nos asustamos muchísimo, no nos dejaban avanzar para irnos del lugar hasta que vieron a Draco, que empezó a ladrar. Huyeron los pibes y pudimos irnos. Draco nos salvó realmente”, relatan.

Hubo una estadía del largo viaje en que sí necesitaron ayuda familiar, sobre todo económica. Fue cuando llevaban dos meses en Portugal, trabajando en un restorán. “No nos pagaban el sueldo hasta que un buen día el dueño desapareció y nos dejó a todos en banda. Se borró, no lo vimos más y por supuesto no cobramos más. Ahí sí la mamá de Tomi nos mandó plata para poder llegar a Andorra”, cuenta Mariana.