Espectáculos Martes, 18 de junio de 2019 | Edición impresa

María Rosa Yorio: confesiones e intimidades  del rock nacional 

Acaba de publicar “Asesínenme. Rock y feminismo en los años ‘70”. Aquí habla de su relación con Charly, de política, sexo y drogas.

Por Hernán Firpo - Especial para Los Andes

El lanzamiento más importante de sus últimos 20 años no es un álbum de canciones sino un libro editado recientemente por Planeta, donde su biografía puede leerse como parte de la religión de Charly García, hombre con quien estuvo casada y tuvo un hijo: Migue. La siguiente entrevista se realizó extrayendo enunciados de “Asesínenme (Rock y Feminismo en los años 70)”, párrafos que María Rosa Yorio, su autora, tuvo gentilmente la iniciativa de ampliar para ganar, perder o empatar.

-“El ABC, que luego se transformó en una sala de strip-tease y cine porno, ya era por entonces una suerte de aguantadero. Había tipos durmiendo despatarrados en las butacas. Esa noche, para colmo, se había cortado la luz (...) y entonces aparecieron esos dos muchachos. Al sábado siguiente fui sin mi novio y me senté en primera fila. Estaba decidida a conocer a Charly”.

 

-En esa época yo no sabía que existían las groupies. No conocía ni el término, pero sí. Para mí era: “Me gusta este, allá voy”.

- “Nito [Mestre], vislumbré, era un tipo bueno y fachero que parecía arrastrar un bajón desde algún lugar profundo...”.

-Este libro tuvo cosas mágicas. Fui juntando ideas que empezaron a bajar de a poco. Por supuesto que quedaron cosas afuera, por ejemplo, no explico por qué en PorSuiGieco se olvidaron, entre comillas, de incluir mi sílaba en el nombre. Hace poco Andrea Álvarez me lo preguntaba y mi respuesta es que soy lo que Cristo llamó tener el “alma pobre”. Igual, Charly estuvo piola y todos cobramos la misma plata por derechos

- ‘“Me gusta la gordita”, fueron las palabras de Charly’.

-(Sonriendo) Y bueno, yo tenía mis curvas. Sobre todo, a diferencia de mi compañera, la chica que me había acompañado al recital, éramos dos, que pesaba no más de 30 kilos...

 

- “Compartimos un gran amor por Spinetta. Empezamos a vernos cada vez más seguido, pero todo seguía siendo inocente: la plaza, los paseos, no teníamos sexo porque Charly seguía de novio con Magui...”.

-Sí, tal cual, éramos muy chicos. Cuando lo conozco era un personaje bastante espantapájaros. Muy flaco, el pelo rapado, recién salido de la colimba, anteojos culo de botella, con su vitiligo y su nariz grande. Pero sí, la admiración por Spinetta era mutua...

- “Me preguntó si quería ser su mujer”.

-Ni su novia, ni su chica. Su mujer, dijo. Y yo, con los años, me pregunto: ¿Por qué no hemos decidido seguir siendo amigos y compartiendo música? ¿Por qué nos empecinamos en ser pareja? Mi decisión fue sufrir. Yo era una chica muy deseada en esos tiempos. Me vestía de una manera sencilla, pero me arreglaba para brillar a la noche, en los escenarios (...) En este preciso momento, con las redes a mano, yo hubiera sido un boom. ¿Qué hubiera hecho? Yo hice fotos eróticas...

 

- “Su fonofobia. Charly sentía estrés cada vez que hablaba por teléfono”.

-A mí me pasa un poco ahora. No me gusta hablar por teléfono. Él quería cortar enseguida; hablaba rápido y cortaba. También le tenía miedo a las tormentas. ¿Sabías eso? Charly parecía un niño.

- “Nunca lo vi componer”.

-Jamás. Una vez teníamos una canción y él me propuso hacer la letra juntos. Como yo no arrancaba, a las dos semanas se apareció con “Iba acabándose el vino”. En la convivencia, bajo el mismo techo, componía cuando yo no estaba. Tenía ritos que no conocí pero creo que eran más o menos así: al momento de componer, Charly escuchaba música. A Elton John lo escuchaba mucho. Es muy probable que le robara algunos acordes, ideas y que después hiciera una transformación. Pero yo nunca lo vi agarrando un cuaderno.

 

- “Me echó de su casa gritándome ‘no tienes profesión’. Esa era Carmen (mamá de Charly). Y ese era él”.

-Sí, lo echó. La madre lo echó, como a mí también me echaron en una pelea que termina con un televisor estrellado contra una pared. Había que ir a trabajar; si no estudiabas, a trabajar. Yo trabajé vendiendo libros y en una óptica de la avenida Santa Fe.

Familia: de su relación con Charly nació Migue, en 1977. | Los Andes

- “Era una situación difícil. No pasaba nada todavía con Sui Generis, no teníamos un centavo para pagar el adelanto. Pipi Correa nos hizo un préstamo y con ese dinero no sólo pudimos entrar a nuestro habitáculo, sino también pagar la intervención quirúrgica para interrumpir el embarazo”. 

-Con Charly tuve un hijo y un aborto. Habían pasado cinco años antes de que naciera Migue. Para entonces ya teníamos nuestro departamento, mis amigas estaban empezando a ser madres y yo ya me sentía más grande. Entre idas y vueltas, con Charly fueron ocho años de relación.

 

- “Charly quería hacer algo que, suponía él, hacían los caballeros. Me llevaba a comer afuera y ponía en marcha el ‘Paga Dios’. Arreglábamos el lugar del encuentro y luego de comer, la primera en levantarse siempre era yo. Una vez esperé largo rato y Charly demoró en aparecer. De repente lo vi venir corriendo y cubierto en una capa de sudor. Estaba escapando de un mozo...”

-Se suponía que yo era una chica más fina, una chica que merecía ser llevada a comer a restoranes. Entonces, él lo hacía y comíamos afuera con “Paga Dios”. A mí me parecía todo tan absolutamente natural que incluso le añadíamos un acto de rebeldía. Los dos estábamos un poco en contra del sistema.

- “Casi no hacíamos el amor y me polaricé en una típica ama de casa chapada a la antigua...”.

-Bueno, en ese momento no era consciente de eso. Algo que noté al escribir el libro es que los anticonceptivos podían ser un factor de depresión. Quién sabe allí, en esa práctica, exista una cuestión atenta al feminismo: las mujeres éramos las que tomábamos pastillas. En esa época el hombre no se cuidaba para nada. No existía eso.

- “Excepto León Gieco, la conciencia política no era algo definido dentro del rock”.

-Sabíamos perfectamente que la gente era desaparecida. Se veían situaciones en la ciudad, tipos que eran arrastrados. Se oían gritos. Tuvimos pequeñas reuniones para hablar del tema, pero después eso se fue diluyendo. Charly, luego, se hizo tan conocido que eso le sirvió de inmunidad. Tampoco iban a estar secuestrando a una persona tan querida, ¿no...?

- “Cada vez que íbamos a hacer el amor, Charly se subía sobre mí en la postura del misionero. Me cogía y se iba. Una vez terminamos de coger y lo primero que hizo fue agarrar la guitarra. Puedo verme allí, en segundo plano, insatisfecha, acomodando la cama mientras el chabón tocaba”.

-Está bueno esto porque ocurría en todos los ámbitos, y en el rock también. No se podía hablar de sexo ni tampoco sabíamos mucho. La manera de tener relaciones era esa, esa sola posición, la del misionero.

María Rosa Yorio, presenta su revelador libro. | Los Andes

- “Sobre la curva final de Sui Generis aparecieron los primeros ácidos y algunas canciones geniales”.

-Creo que tomamos tres ácidos. Yo tomé tres en toda mi vida. Al principio el libro iba a llamarse “psicodelia y rock” o algo por el estilo y en mi vida yo probé tres veces, así que la cosa se descartó de inmediato. Lo normal era un pingüino en algún bar, a veces un porro, pero no más que eso...

- “Migue nació en el Sanatorio Finochietto. Yo estaba despierta con la peridural y Charly no sólo estuvo conmigo en la sala, sino que cortó el cordón umbilical”.

-Volvimos a estar en pareja y él tenía esa dualidad de escorpiano salvaje. Podía ser muy tierno Charly. Yo era la “señora” de él. Cuando nos casamos, él fue todo elegante... Nos casamos el mismo día que se casó Spinetta. Casualidad total.


“Asesínenme. Rock y feminismo en los años 70” fue editado en mayo por Planeta. Tiene 216 páginas  y puede conseguirse en las librerías por $699.