Sup. Economía Domingo, 9 de junio de 2019 | Edición impresa

Marcha a paso lento en medio de incertidumbres - Por Rodolfo Cavagnaro

Por Por Rodolfo Cavagnaro - Especial para Los Andes

La economía argentina no es apta para ansiosos y mucho menos para gente apurada. Después de 12 meses de recesión parece que quiere comenzar a caminar, pero el resbalón de mes de marzo hizo que se cayera y se perdiera los pocos logros que se habían acumulado en los dos primeros meses. Los argentinos están muy sensibles y parece que la púnica forma que los tranquiliza es tener un dólar casi quieto. En un mercado con flotación eso es imposible y en un mercado global lleno de conflictos, mucho menos posible.

Los datos del mes de abril volvieron a marcar indicadores negativos comparados con el mismo mes del año anterior, aunque las comparaciones pueden resultar positivas a partir de mayo o junio. No obstante, algunos datos vuelven a ser positivos, como el caso de la industria, que en la comparación con el mes anterior mostró un leve crecimiento del 2,3%, mientras la construcción mostró relativa estabilidad ante marzo de este año, pero también con caída contra abril de 2018. No obstante, se registró un aumento interanual en el despacho de cemento en mayo, ya que mostró un crecimiento de 4,7% respecto de mayo de 2018. 

El dólar sigue manteniéndose tranquilo. Desde que el Banco Central acordó con el FMI dejar de lado las bandas de no intervención y la posibilidad de hacerlo en cualquier momento, el mercado se tranquilizó, al menos en el corto plazo. Y hacemos esta aclaración porque sigue estando la duda acerca de la posibilidad de una dolarización mayor de las carteras cuando se conozcan las listas de las PASO nacionales y mucho más cuando se conozcan los resultados de esta selección de candidatos.
Por lo menos, por ahora, el Banco Central mantiene muy controlada la cantidad de moneda disponible manteniendo muy alta la tasa de interés, en niveles muy superiores a la inflación esperada. Según el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que hace el banco Central, la inflación esperada para este año es de 40,3% y para 2020 es de 26,5%, valores mucho menores al 70% fijado por BCRA, que llevó a los bancos a ofertas superiores al 50% a los ahorristas.

Las incertidumbres

La principal incertidumbre aparece desde el plano político, puesto que los inversores tienen mucho miedo a un retorno de Cristina Kirchner al poder. Aunque el candidato Alberto Fernández asegura que es autónomo para tomar decisiones, una encuesta reveló que sólo el 11% de los votantes cree que lo será mientras el resto considera que Cristina seguiría detentando todo el poder. 

La incertidumbre política se traslada primero al aspecto financiero y cambiario. Uno de los riesgos es que,  pese a las altas tasas de interés que paga el Banco Central, muchos inversores prefieran esperar el resultado final de las elecciones protegidos en dólares. Esto implicaría la salida de plazos fijos para demandar dólares presionando así la suba del tipo de cambio. El BCRA podría intervenir para frenar alzas bruscas pero difícilmente frenaría las subas ya que debería resignar un gran volumen de reservas.

Una presión sobre el tipo de cambio haría disparar una presión sobre los precios y, la incipiente leve baja de la inflación podría verse interrumpida. Dólar inestable y precios en suba son un cóctel que alimenta el mal humor de los argentinos. Pero lo que más preocupa es la caída de la actividad económica con su correlato de cierres de empresas y despidos de personal. El problema es más grave en el sector de las pymes, donde el costo del crédito anula cualquier posibilidad de inversión y de producción. También se alteran las cadenas y sistemas comerciales porque tampoco hay crédito para los consumidores.

Aunque algunos datos de la macro estén empezando a dar positivos no hay muchas esperanzas de que la micro sienta una reactivación, ni siquiera con la esperanza de los aumentos salariales que se están comenzando a dar en las nuevas paritarias. El riesgo es que las empresas decidan trasladar costos que hasta ahora no habían podido ante una mejora de la demanda. Y por supuesto, las dudas se extienden hacia el futuro.

En el futuro el gobierno deberá atender el atraso de tarifas, a que al congelarlas para evitar más inflación sigue subsidiando un 40% de las que correspondes a energía y gas, pero subsisten subsidios de más del 60% al transporte público, todo pagado con un presupuesto que difícilmente consiga cerrar sin déficit. Es que la caída de la economía está afectando la recaudación  complicando más el cumplimiento de las metas fiscales.

El gobierno de Macri debería animarse a poner fin a las Leliq, que como ya hemos dicho, representan inflación reprimida y promesa de emisión futura, lo que mantiene elevadas las expectativas inflacionarias. Para sacar las Leliq de circulación podrían usarse parte de los dólares recibidos del FMI. Una parte importante la recibirá a medida que los que reciban el pago en divisas vayan vendiendo para poder hacer de pesos para pagar sus obligaciones naturales. Esto habría bajar en forma abrupta la tasa de interés porque también bajaría las expectativas de inflación. Pero para gobernar hay que tener coraje. Mientras tanto la economía a avanza a paso lento como si fuera una letanía.