Turismo Domingo, 25 de agosto de 2019 | Edición impresa

Mallorca: destino fijo del verano europeo

La más grande de las Islas Baleares, en el Mediterráneo, tiene playas espectaculares, edificios con historia y excelente gastronomía.

Por Redacción LA

En los minutos previos a que el avión aterrice se divisa por las ventanillas un maravilloso mar de tonos turquesas y azules profundos, la línea de la costa de arena clara y un cielo celeste bien saturado, que invita a soñar en los placeres de los días venideros que llegarán tan pronto como se bajen las valijas y se llegue al hotel. “¡Bienvenidos a Palma de Mallorca!”, se escucha por los altavoces de la aeronave. Y entonces comienzan las tan esperadas vacaciones.

Los Andes
 

Ubicada en la parte occidental del Mediterráneo y a sólo 50 minutos de aéreo desde Barcelona, Palma es una ciudad alegre, viva, cosmopolita y es el destino perfecto para un público amplio: cuenta con playas y paisajes de ensueño, resorts con variadas alternativas para familias, una gran cantidad de atractivos históricos muy bien conservados e incluso muchas opciones para quienes buscan disfrutar de la vida nocturna. Junto a Ibiza, Menorca, Formentera y a otros islotes de menor tamaño, Mallorca conforma el archipiélago de las Islas Baleares, España.

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Al momento de comenzar a planificar el viaje es conveniente pensar en las preferencias del grupo de viajeros, dado que en la isla existen muchísimos destinos donde hospedarse, con distintas características. Palma de Mallorca es la gran ciudad, con el ritmo dinámico que caracteriza a las urbes y donde se concentran monumentos históricos imperdibles, con muchas opciones de bares, discos y restaurantes donde disfrutar hasta tarde. En cambio, quienes priorizan la tranquilidad y el descanso –y quienes viajan con niños, posiblemente- encuentran muchas otras alternativas en las calas, entre las que se destacan Cala D’Or, Cala San Vicente, Playa Alcudia, o bien en pueblos típicamente mallorquines, con sus artesanías y gastronomía, como Soller, Valldemossa, Capdepera o Banyalbufar, entre tantos otros. Por este motivo es muy recomendable alquilar un auto y pasear con libertad de uno a otro, con pausas estratégicas en sus playas, bares y restaurantes.

 
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Con 320 días de sol al año, la “Perla del Mediterráneo” y “La Isla de la Calma”, como se conoce al destino, dificulta determinar cuántos días dedicarle, dado que el archipiélago es relativamente grande –con una población de más de 400 mil personas-, las playas y atracciones son muchas y la posibilidad de adoptarla como destino de veraneo a paso relajado, con muchos días de pileta y mar es alta. Por lo menos, para conocerla y disfrutar del lugar son necesarios cinco días, que pueden extenderse tanto como el viajero pueda y su presupuesto lo permita.

 

Palma tiene una gran conexión al continente, con un aeropuerto importante que enlaza con las principales capitales europeas, con ferries a Barcelona, Denia y Valencia, y una red muy amplia de autopistas que permite llegar a cualquier punto de la isla en no más de 90 minutos.

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Además, al noroeste de la isla se encuentra la famosa Sierra de Tramontana -Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2011-, con pueblos con casas de piedra, llenos de historia, calas de agua turquesa y una gastronomía muy sabrosa. Las altas montañas descansan en el mar mientras los cultivos embellecen las terrazas.

 
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La gran Plaza Mayor es el punto de partida ideal para explorar las callecitas empedradas y estrechas del casco histórico. Es el sitio más emblemático de la ciudad y un centro cultural y social donde los locales se entremezclan con turistas. Desde las mesas de los bares y restaurantes, entre bebidas y tapas, se observa la forma rectangular de la plaza, con pórticos en todo su perímetro, que remite  detalles a la Plaza Mayor madrileña