Opinión Fincas Sábado, 13 de abril de 2019 | Edición impresa

Maldito dólar - Por Guillermo García

Por Guillermo García - Ex-Presidente del INV

El 16 de junio de 2016 (Diario Los Andes) escribimos refiriendo a la situación macroeconómica del país y al futuro que padeceríamos si no se producía un cambio de rumbo. A pocos días de cumplir tres años de aquellas reflexiones, lamentablemente no nos equivocamos. Hoy tenemos desempleo creciente, cierre de pymes y emprendimientos personales, altas tasas de inflación e interés, crecimiento geométrico del déficit cuasi fiscal (diferencia entre tasa Leliq y tasa Plazo Fijo), recesión o caída de los ingresos fiscales en términos reales, es decir, un pueblo agobiado.

El Gobierno acordó con el FMI déficit 0, pero no computa el déficit “cuasi fiscal” que debe enfrentar para resolver las diferencias de tasas de interés para que la gente “no corra al dólar”. Y como si o si debe lograr contracción (recesión) de la economía para evitar mayor inflación, y tener ingresos fiscales sostenidos, permite que aumenten todos aquellos servicios que pagan IVA. Luz, gas, combustibles, servicios sociales y financieros, tienen más de 20% de ingresos fiscales automáticos. Cada incremento que se produce de estos servicios implica mayor recaudación fiscal. Ya no es inflación de demanda, es inflación de costos, preludio de una hiperinflación. 

Todo esto generado para repudiar al maldito dólar. Sin comprender al ser nacional. Solo mirada electoral sin importar que pasa con el pueblo. Tras 3 años de fracasos, volvemos a insistir en la necesidad de corregir el rumbo de manera inmediata. La solución para un país tan golpeado en materia económica debe ser a través del crecimiento. Esto se logra aumentando la capacidad de compra real de los asalariados, incrementando la capacidad de ahorro (inversión) y finalmente “exportando”. Para recuperar los ingresos reales de los asalariados hay que reducir (eliminar) la inflación. Con el crecimiento de los salarios reales vendrá el incremento de las ventas y se recuperará la confianza en el país. Tendremos ambiente de negocios, recupero de inversiones, disminución de la fuga de capitales y ampliación de la base impositiva (la economía informal crece al ritmo de la recesión). 

Para recuperar nuestra capacidad exportadora, debemos tener un dólar competitivo. Es de necios devaluar. Cada experiencia devaluatoria es combustible al incendio. El dólar se dispara unos meses, la gente pierde la confianza en el peso, y la inflación devora la competitividad. 

Para poder exportar necesitamos un dólar de exportación, tal como lo expresamos en el artículo citado más arriba: “La solución no debe ser mágica sino posible. Debemos tener una agresiva política de reintegros a la exportación (devolución de tributos interiores, norma contemplada en nuestro Código Aduanero junto al Draw Back y a los Reembolsos) con las siguientes características: a) Plazos determinados (hay sectores que una vez que le das un beneficio lo quieren para siempre) b) Sectorial, de manera que pueda lograrse un dólar diferencial de acuerdo a la rentabilidad del sector (no es lo mismo el ajo que el vino o el mosto) c) Dinámica, de revisión periódica (semestral) para evitar pérdida de competitividad o beneficios innecesarios d) Liquidación automática en el momento de ingreso de las divisas e) Previsible, para que el empresario sepa cómo va a ser su negocio.

Los reintegros a la exportación permiten sin necesidad de corregir el tipo de cambio, dejar actuar la flotación sucia o las metas de inflación del BCRA. Así vamos a ver un dólar que no influye en nuestra vida diaria (como sucede en la mayoría de los países del mundo). El sistema actual de altas tasas de interés, es un ajuste de los tradicionales del FMI, a corto plazo se concluye en caída del PBI, en recesión y/o mayor endeudamiento interno y externo. Desempleo y pobreza estructural. 

Es lógico que las pymes pidan una devaluación, puesto que no tienen otro mecanismo para ser competitivos. Pero el fracaso de esta política ya la vimos en los 80, en los 90, en el 2014, en el 2015 y 2016. Sumemos la devaluación del 2018. Hoy agrego eliminar los derechos de exportación.

Decíamos en 2016… “Los reintegros, corrigen distorsiones internas de competitividad (mano de obra intensiva, mayores costos por distancia a los puertos, diferencias de costos de combustibles y energía, mayores costos laborales por falta de disponibilidad de mano de obra, falta de acuerdos arancelarios por pertenecer al Mercosur, etc). Los reintegros corrigen la distorsión de dos argentinas, una pobre, la del interior de país y una rica la del campo agroexportador. 

Pero además este esquema favorece las importaciones, porqué al tener un dólar estable se genera previsibilidad de los costos para comprar bienes en el exterior necesarios para incrementar la productividad de la economía real". Los insumos hospitalarios y las drogas, la energía, las máquinas y sus partes, fertilizantes, entre miles de insumos se compran en Dólares. Si sube el Dólar el traslado es lineal a precio. 

El dólar en Argentina debe corregirse al mismo ritmo que sucede en los países vecinos. Argentina debe lograr un nuevo ser nacional. Debe tener una moneda sana, fuerte y estable. Debe repudiar al maldito dólar. Necesitamos urgente un dólar de exportación vía reintegro automático de impuestos.