Turismo Domingo, 11 de agosto de 2019 | Edición impresa

Malargüe: territorio cercano de naturaleza y aventura

Actividades en la nieve, termas y volcanes, en el soprendente paisaje del departamento más extenso de la provincia.

Por Redacción LA

El paseo se inicia a las orillas del río Malargüe, que pasa a los pies de la montaña, y el trekking comienza a subir, en un paisaje donde contrastan los colores propios de la aridez mendocina con los rincones verdes arbolados generados por el agua que baja de las montañas. Después de la caminata, la recompensa está garantizada. Sobre las márgenes del afluente se encuentra el complejo Altos Sauces, con un restaurante donde probar el exquisito chivo malargüino y una vista espectacular a los castillos. En verano es posible acampar en el predio, que cuenta con pileta, duchas y juegos infantiles.

 

Llega el turno de visitar uno de los centros de esquí más famosos de Sudamérica, Valle de Las Leñas, que en invierno es sin dudas uno de los atractivos más importantes de Malargüe. Este año, además, presenta grandes mejoras de conectividad, dado que se pavimentó por completo la Ruta Provincial 222, entre la Ruta Nacional 40 y el complejo de esquí, lo que permite olvidarse de los incómodos movimientos del auto sobre el asfalto deteriorado y, sobre todo, reducir los tiempos de viaje.

Con 30 pistas esquiables, 14 medios de elevación y un descenso ininterrumpido de 7 km –el más largo del país-, Las Leñas también ofrece atracciones para los chicos y para quienes prefieren hacer otras actividades en la montaña. “El que no esquía también tiene lugar en el valle. En el Parque Aventura se puede realizar culipatín de 1 o 2 personas, tubing -gomones para deslizarse por el hielo- y paseos con raquetas de nieve. Además tenemos el bautismo de esquí, que invita a los que nos saben esquiar a introducirse en el deporte”, explica Fernando Passano, gerente de Actividades de Montaña de Las Leñas.

 

A 13 kilómetros de las afamadas pistas de nieve, en el corazón del imponente Valle de Los Molles, se encuentra el hotel Termas Lahuen-Có, donde emergen aguas termales con propiedades terapéuticas y medicinales a entre 36 y 43 grados, temperatura natural que no se regula: es la que trae desde el seno de la tierra. Son 11 piletas a las que se puede ingresar de manera individual o en pareja durante 10 a 12 minutos. Se caracterizan por ser sulfurosas –lo que les proporciona un olor particular, similar al del huevo-, ferruginosas, sulfhídricas, clorosulfatadas, sódicas y cálcicas.

Trekking. Actividad que crece. Un inmenso paisaje multicolor se abre como un abanico ante los ojos de los visitantes.
 

Marianela Parra, la encargada de las termas, explica que se sugiere tomar dos baños por día, distanciados uno del otro. “Además de ser muy relajantes, las termas aumentan la temperatura del cuerpo matando gérmenes y virus, elevan la presión hidrostática, por lo que se incrementa la circulación sanguínea y la oxigenación. Esto favorece la disolución y eliminación de las toxinas del cuerpo. De este modo, su valor terapéutico ayuda a tratar artritis, artrosis, reuma, afecciones de la piel y respiratorias, fatiga muscular y estrés, entre otras problemáticas”.

 

La experiencia es realmente gratificante, y luego de darse el baño hay que descansar unos 15 minutos sobre poltronas de madera en un deck. La relajación es total. Si el viajero se hospeda en el mismo hotel, la experiencia es aún más enriquecedora.

Sabores, volcanes y laberintos

Luego de las termas, y después de dejar pasar al menos 60 minutos para poder ingerir alimentos, es momento de volver al auto y manejar hasta La Valtellina, un acogedor restaurante y casa de té con platos de lo más tentadores: fondue de queso y chocolate, platos típicos de la Valtellina –una zona alpina del norte de Italia, a unos 150 km de Milán- como sciatt de queso o chocolate (buñuelos de harina de sarraceno, rellenos), zigoiner (carne y panceta grillada en piedra), canéderli (ñoquis alpinos) o guisos del montañés.

 

Sergio Gasparetti, quien viaja a la región italiana cada año para perfeccionar sus platos, está detrás de este restaurante de techo a dos aguas, paredes de madera recubiertas con papeles que dejan los comensales y recetas inolvidables. ¿De postre? El gran strudel de manzanas, con la masa delgada y crocante perfecta.

La Payunia es uno de los paseos obligados a realizar en Malargüe, que demanda 12 horas desde que se parte hasta que se regresa el hotel. Este paisaje lunar de planicies de lava, al que sólo es posible ingresar con un guía autorizado, presenta la mayor densidad volcánica del mundo: 800 conos en 450 mil hectáreas. Además de disfrutar de las vistas tan exóticas y cautivantes, La Payunia invita a recorrerla con trekkings, cabalgatas, travesías en 4x4 y safaris fotográficos en los que se pueden avistar más de 70 especias, como cóndores, pumas y guanacos.

 

Laberintos de Carmona es un nuevo espacio donde más de 10.000 almácigos de ligustrino y arabia dan forma a los pasadizos de dos grandes laberintos: uno cuadrado de 70 metros por lado y 31 pasillos –muy difícil de desentrañar- y uno circular, con un camino único que lleva a descubrir una fuente de agua en el centro. Cuenta, además, con churrasqueras y juegos infantiles, lo que invita a pasar varias horas en la naturaleza.

La “Capital del Turismo Aventura” despliega muchos otros imperdibles, como la visita al interior del volcán Malacara, la Cueva de las Brujas -una caverna con oscuridad absoluta recubierta en estalactitas y estalagmitas- y la cascada de Manqui Malal, de 40 metros de altura y con sus bardas repletas de restos fósiles.

 

Fiesta de la Nieve

La Fiesta  de la Nieve, en Malargüe, celebró en julio su edición 25° y por primera vez se extendió durante dos noches. Lalo Mir fue el conductor en el Polideportivo Mala-Hue, donde actuaron Kapanga y Malevo, entre otros. La primera edición del Malal Fest protagonizó la segunda jornada, con la presentación de Las Pelotas, Mano Arriba y Deja Vu. / Sandra Lion. Especial para Clarín