Espectáculos Domingo, 29 de septiembre de 2019 | Edición impresa

Mafalda, una visionaria

Parece difícil de creer, pero la niña de Quino cumple hoy 55 años.

Por Daniel Arias Fuenzalida - darias@losandes.com.ar

“Un día, cuando era muy chica, me pregunté cuántos años podría tener Mafalda”, escribía para El País de España la periodista argentina Leila Guerriero, en 2012. “Y me di cuenta de dos cosas- seguía-: Una, que yo siempre había sido más vieja que ella, congelada como estaba en sus 6, sus 7 años. Otra, que ella no tenía edad posible: humana. Que no era adolescente ni adulta ni joven ni vieja ni, mucho menos, niña. Y, de pronto, la idea de que tuviera padres se me reveló monstruosa. Desde entonces, Mafalda me ha parecido una hija en concesión”. 

Una hija en concesión de varias generaciones, quizás, que no han llegado a hacerle honor. Mafalda, la niña de edad indefinible de melena negra y zapatitos gordos, está cumpliendo años una vez más. No tiene edad, cierto, pero sí la tiene: 55 años, desde que fue publicada por primera vez, el 29 de setiembre de 1964 en la revista Primera Plana. 

 

Antes, la niña rebelde estaba destinada a ser publicidad subliminal de una marca de electrodomésticos, pero fue salvada. A Joaquín Lavado (Quino, ya saben) le había gustado el nombre, que había escuchado de un personaje de la película “Dar la cara” (1962), del recientemente fallecido José Martínez Suárez.

Pocos meses después, Quino retoma la idea de esa familia tipo que había creado como artefacto de marketing, pero para darle un contenido radicalmente distinto, menos comercial definitivamente: a Mafalda le preocuparían muchas otras cosas. Los temas humanos y universales, nada menos. 

 

Por algo siempre está ahí. Famosas historietas (argentinas y no) pasan las décadas y se olvidan; o se actualizan en películas llenas de efectos especiales, o se saturan de colores y tridimensiones, o se aggiornan, o se traicionan a sí mismas para sobrevivir. Pero Mafalda no. Ella, con su discreto blanco y negro, está tan viva que parece que siempre hubiera estado ahí, como un objeto nacido más allá de los tiempos. Sus tiras parecen haber sido escritas anoche, a decir de la periodista Paula Conde en una reciente y extensa nota homenaje en diario Clarín.

“En general, los personajes tienen un período de auge que pasa. Pero en el caso de Mafalda, la permanencia es enorme. No es una historieta de acontecimientos: el televisor apenas aparece al final, el auto es un Citroën, hay sifones, no hay internet ni computadoras, pero la vigencia se da por el sentido común que corona cada tira”, dijo a Clarín Daniel Divinsky, el histórico editor de Quino, en Ediciones de la Flor. 

 “A Mafalda le preocupan los temas humanos universales, los que nos inquietan a todos, en mayor o menor medida: la felicidad, la política, la democracia, la familia, los amigos, la guerra, el arte, la cultura, la escuela, las vacaciones, el hambre, la pobreza -memorable es la tira en que ve niños pobres y quiere ponerse una curita en el alma-, la paz, los derechos de los niños... y la lista sigue”, explica Conde en la nota citada. 

En 1964, Julián Delgado, director de la revista Primera Plana, acuerda con Quino comenzar a publicar en ese medio Mafalda, ya desvinculada de esos propósitos publicitarios. Quino dibuja con este fin nuevas tiras donde, en un principio, participan sólo Mafalda y sus padres. Con el correr del tiempo, Quino iría agregando personajes, destacándose entre estos los amigos Felipe, Manolito, Susanita, Miguelito y Libertad, y su hermanito Guille (inspirado en un sobrino real). 

 

Mafalda vivió alrededor de una década, de 1963 a 1973, el año en que Quino dejó de dibujarla. En el interior de esta historieta para adultos, había una contradicción: “A uno de chico le enseñan una cantidad de ‘cosas que no deben hacerse’ porque ‘están mal’ y ‘hacen daño’. Pero resulta que cuando uno abre los diarios se encuentra con que los adultos perpetran todas esas cosas prohibidas a través de masacres, guerras, etc. Ahí se produce el conflicto. ¿Por qué los grandes no hacen lo que enseñan?”, dijo alguna vez Quino, quien desde hace un año y medio volvió a la provincia, luego del fallecimiento de su compañera de toda la vida, Susana Colombo. 

Quino, nacido el 17 de julio de 1932 en Guaymallén, alguna vez dijo: “Me costó mucho (dejar de dibujar a Mafalda), pero no quería que fuera como esas historietas que la gente lee por costumbre, pero que no tienen sentido. Además, hacer una historieta no es lo mismo que hacer una página de humor. Es un trabajo más rutinario, y por lo tanto uno se siente más limitado. La historieta obliga a dibujar siempre a los mismos personajes y en la misma medida. Es como si un carpintero tuviera que hacer siempre la misma mesa, y yo también quería hacer puertas, sillas, banquitos... Una vez me preguntaron si no pensaba en resucitarla. Y resucitarla significaría que está muerta. Nadie duda de que está bien viva, afortunadamente”.

Sobre ella se ha escrito tanto y tanto, que parece estar todo dicho. Isabella Cosse escribió “Mafalda: Historia social y política”, un estudio exhaustivo sobre el personaje y su contexto. Para ella, la niña resulta clave para entender la segunda parte del siglo pasado. “Expresa la emergencia de los jóvenes y las nuevas generaciones rebeldes de los ‘60. Y también expresa las confrontaciones generacionales y de género. Había chicas jóvenes que estaban desafiando a sus madres como Mafalda desafía a la suya, confrontando con el mandato doméstico de ser una buena ama de casa y una buena madre que resigna su proyecto de estudio y de realización personal”, señala.

Mafalda nos permite entender la clase media argentina, además de simbolizar el antiestablishment y criticar el autoritarismo (¿quién no sabe cuál es “el bastón de abollar ideologías”?). 

 

Mafalda se expresó (es decir, la tradujeron) a una veintena de lenguas, entre ellas el guaraní, el hebreo y el armenio. Y el Braille, disponible de forma gratuita en todas las bibliotecas públicas del país. 

Y por si hubiera dudas de la actualidad de esta niña, recientemente se publicó el libro “Femenino singular” (De la Flor, 2018), donde se recogen todas sus tiras con mensajes feministas. 

Como esta: la madre limpia una biblioteca y se topa con viejas partituras de piano: “Mis trece años. La profesora Giambartoli. Pobre. Ella creía que yo llegaría a ser una gran pianista”, dice. Sigue limpiando, se detiene, y amargamente reflexiona: “¿Pobre ella?”.

O esta otra, que recuerda Conde: “Mafalda se sueña volando libremente mientras su mamá está encadenada -esclavizada- a un lavarropas. La nena se levanta y le da un besito a su mamá mientras duerme”. 

Mafalda opinaba hace 50 años y hoy también. Cuando el año pasado se viralizaron imágenes de ella con pañuelito celeste, en plena campaña por la Despenalización del Aborto, Joaquín Lavado lanzó un comunicado respaldado por la propia editorial De la Flor que dio la vuelta al mundo: “Siempre he acompañado las causas de derechos humanos en general, y la de los derechos humanos de las mujeres en particular, a quienes les deseo suerte en sus reivindicaciones”, decía. Mafalda, la hija en concesión, la niña sin edad, jamás fue ambigua, solo malinterpretada. 
 

Festejos en Mendoza

Con la campaña “Mendoza lee a Mafalda”, la Secretaría de Cultura y la Municipalidad de Guaymallén celebrarán su cumpleaños desde hoy al 5 de octubre. A esta actividad se sumarán las librerías públicas Gildo D’Accurzio (de Ciudad, Rivadavia, Tupungato y General Alvear) y la Biblioteca San Martín. 

La institución de la Alameda ofrecerá su amplia colección de historietas “Mafalda” en diferentes idiomas, mientras que las librerías públicas pondrán a disposición del público diferentes artículos relacionados con su universo y el de Quino. También habrá sorteos a través de las redes sociales de la Secretaría. 

El 5 de octubre, a las 20.30, en la explanada de la Biblioteca San Martín, se presentará el espectáculo musical “Beatles + Mafalda”, a cargo de un ensamble de artistas mendocinos. Este concierto responde a la devoción que ella siente por los cuatro de Liverpool. Este espectáculo se presentará en Remedios Escalada de San Martín 1843, de Ciudad, con entrada libre y gratuita.