Sociedad Domingo, 20 de octubre de 2019 | Edición impresa

Madres “todo terreno”: entre las horas de trabajo y la crianza de sus hijos

En su día, presentamos tres historias de vida diferentes de mujeres.

Por Carolina Baroffio - Especial para Los Andes

“Las mamás de hoy ya no son las de antes”, puede oírse murmurar en alguna reunión social. Y así es. No son las mismas porque la sociedad ha cambiado, la mujer ha logrado por fin una misma igualdad de condiciones que los hombres en varios aspectos de la vida.

Falta ganar varias otras luchas en derechos sociales, pero en este siglo XXI ya no se discute ni ‘‘está mal visto” que una mamá trabaje a la par de un varón, aunque en muchos casos recibe un menor salario por ello. Incluso hay familias sostenidas económicamente sólo por las mujeres. Ellas pueden ser las “jefas de hogar” sin culpas ni remordimientos. Todo lo contrario.

 

En este Día de la Madre mostramos tres historias de vida de tres mujeres que trabajan y educan a sus hijos, motivadas más allá de una cuestión monetaria, por una necesidad personal. Soñaron con “ser” -en este caso, policía, canillita y gerente comercial-, con progresar y alcanzar sus metas, al mismo tiempo que desarrollar la función que -coinciden- es la que completa de sentido sus historias: “ser madres”. 

Madre protectora del mendocino

Cecilia Argones tiene 49 años y 30 de servicio en la Policía de Mendoza. Hace un mes se retiró con todos los honores, tras una carrera que la llevó a ser la primera comisario general mujer de la provincia. Sus dos hijos, María Julieta (20) y Mauro Emiliano (16), están orgullosos de ella, pese a que tal vez no la recuerden en los actos escolares de la infancia. 

 

“Elegí un trabajo bastante sacrificado. Cuando ellos eran bebés ni las horas de lactancia me respetaban en la Fuerza (policial)”, reconoce Cecilia y ahora, alejada de su trabajo, se siente con ganas de liberar aquello que calló durante años.

“Hasta me bajaban la calificación por ser madre, no veían mi rendimiento, me comparaban con los varones por la cantidad de horas de servicio”, lamenta quien se preparó, dedicó y estudió para alcanzar las metas más altas de su carrera.

 

“Cuando hice la licenciatura fueron cuatro años de los chicos a cargo de mi marido”, suelta, y su esposo -también policía- fue pilar fundamental para su crecimiento profesional. De esa época recuerda que estudiaba junto con su hija. “Ella hacía los deberes y yo aprovechaba para estudiar lo mío al lado de ella”, cuenta. Actualmente Julieta cursa la carrera abogacía y su hermano Mauro quiere ser ingeniero.

Carmen “Chicha” Carmona, canillita.

Postergar la familia en ciertos momentos de su vida laboral se ha reflejado en reclamos de parte de sus hijos. Pero hoy lo mira en perspectiva y no se arrepiente. “Mis hijos aprendieron a que el esfuerzo tiene sus frutos. Conseguir tus ideales y que tu familia te acompañe es lo más gratificante. A la larga, los chicos aprenden ese mensaje de que con esmero y dedicación todo se puede”, considera.

 

Cecilia Argones confiesa que recién este año conoció las instalaciones del colegio de su hijo. “Entré por primera vez al DAD y Mauro ya está en cuarto año. Esos gustos me daré ahora que ya no estoy en la Policía”, sostiene. 

Y sobre la combinación de tareas laborales y familiares para una mujer, reflexiona: “No sólo el hombre, también nosotras queremos progresar, tener aspiraciones, llegar a más en nuestros trabajos. Hay que entender que eso es sano, que no está mal. Eso le transmití a mis hijos y agradezco que hoy yo sea un ejemplo para ellos”. 

 

Rol maternal “por los aires”

Entre viajes, a miles de kilómetros de distancia y en permanentes vuelos crió a sus hijos María Laura Lerena Montilla (52). Hoy, ya crecidos, María Emilia (24) y Juan Manuel (22) sólo le dan satisfacciones. “El esfuerzo valió la pena, me demuestran que están orgullosos de mí, no he recibido quejas a pesar de que tengo un trabajo más típico para un hombre”, expresa.

Es que Laura asume la gerencia para toda América Latina de una empresa de logística de bebidas alcohólicas, lo que la obliga a viajar por el continente y Europa la mayor parte del año.

 

Desde 1998 trabaja para esta compañía internacional a la que siente como propia. “Sobre todo exportamos vinos, me salió de casualidad y fui creciendo junto con la empresa hasta ocupar este importante cargo”, detalla sobre su exigente labor que consiguió hace dos décadas gracias a su dominio de diferentes idiomas. 

“Hablo varias lenguas, pero soy licenciada en Historia. Estaba ejerciendo la docencia cuando entré a la empresa”, dice y comenta con satisfacción que su hija “sigue un poco mis pasos: estudia Literatura Moderna”. En cambio su “nene” se volcó a la ingeniería industrial.

 

La comunicación fue entablaba en un descanso de su jornada laboral en Barcelona, España, mientras tomaba un taxi para intentar llegar al hotel en medio de los disturbios sociales de la semana pasada en protesta a la condena a líderes separatistas catalanes que buscan la independencia de esa región española.

Laura Lerena, gerente de una empresa de logística.

“La Historia me sirve para mi desarrollo aquí ya que me da una amplitud de mente y cultural que es fundamental para mis tareas ya que vivo relacionándome con gente de todo el mundo”, aporta Laura Lerena, mientras busca en su celular una foto familiar que ilustre esta nota.

 

Entre tantos viajes, la empresaria rememora sus primeros años de maternidad. “Cuando los chicos empezaron el colegio y arrancaron con actividades en el club, ahí todo se complicaba más”, reconoce y destaca que todo fue posible gracias a la ayuda y el trabajo de la crianza en conjunto con su marido. 

“Al principio se me hacía difícil delegar responsabilidades como madre, soy muy perfeccionista; he tenido una gran ayuda familiar. Mi cuñada, por ejemplo, que vive frente a mi casa, se cruzaba para darles a mis chicos el beso de las buenas noches”, revela y sus palabras emocionan.

 

“Fueron años de mucho cansancio, mucho sacrificio, ahora ya están grandes. Hacía una planilla con la organización familiar de la semana y la pegaba en la heladera para que todo siguiera funcionando como si yo estuviera en casa, con los turnos al pediatra, los horarios de los deportes, las obligaciones escolares”, detalla y se asombra de ella misma.

Laura hasta ha alquilado disfraces para fiestas de la escuela “por teléfono desde Inglaterra”. Sin embargo, ella considera “un lujo” poder asumir su trabajo “viviendo en Mendoza, sin mudar a la familia”. Aunque en varios viajes “me he llevado a mis hijos. Cuando puedo lo hago, a uno solo o a los dos. Es hermoso volver al hotel después de un día de trabajo y saber que alguien de tu familia te está esperando”, confiesa. 

 

Vendiendo noticias en familia

Carmen Olga Carmona de Araya (62), mejor conocida por los vecinos de Colonia Segovia como “Chicha”, es canillita y atiende su puesto de diarios y revistas hace 26 años. No se imagina dedicándose a otra cosa. Ni quiere pensarlo, aunque es consciente de que el papel atraviesa una crisis. Y ha salido en bici o en moto o caminando todos los domingos a repartir el diario. Un trabajo que la honra y que comparte con su marido.

Cuando sus hijos Edgardo (37) y Romina (33) -“tengo la parejita”, detalla- eran chicos, “se levantaban a las 4 de la mañana con nosotros a armar el diario, después se iban a la escuela”, sentencia como una obligación de ley ya que ella se ha preocupado por enseñarles el valor del esfuerzo para alcanzar los sueños.

 

“He logrado que tengan una buena educación, que sean buenas personas; con eso me siento satisfecha”, dice quien ahora dedica más tiempo al cuidado de sus seis nietos que también la ayudan a veces en su puesto ubicado en Mathus Hoyos y Buenos Vecinos, frente a la plaza de Colonia Segovia.

“Chicha” tiene la voz cansina y la palabra justa para relatar su historia como mamá y como canillita al mismo tiempo. “El respeto y la unión familiar es lo que busqué siempre transmitirles, soy un poco rígida pero cariñosa; ellos hoy son personas respetuosas y se hacen respetar. Que hayan colaborado en el armado de diarios o en salir a venderlos cuando no podíamos solos con mi marido, les enseñó a valorar lo que tienen. Saben que lo que cuesta, vale; y que lo que logran debe ser a través del trabajo, con honradez”, declara y concluye a modo de reflexión: “Hemos pasado momentos difíciles, de enfermedades, y juntos, unidos, ayudándonos y sin bajar los brazos por esta tarea que nos fascina es que pudimos salir adelante”.

 

Por qué se celebra el tercer domingo 

El Día de la Madre en Argentina se celebra históricamente cada tercer domingo del mes. Algo que no ocurre en el resto del mundo, ya que cada país tiene su fecha prevista y en la mayoría ocurre durante mayo. A estas diferencias se suma que hace siete años la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) proclamó el 1 de junio como el Día Mundial de las Madres y los Padres.

En nuestro país el origen de la fecha se remonta a la historia clásica, más precisamente al calendario litúrgico de la Iglesia Católica. Los cristianos asociaron la celebración de la Virgen María con el Día de la Madre, que antes de ser el 1 de enero se había establecido el 11 de octubre.  

 

Sin embargo, para que los hijos pudieran festejar con sus mamás, se decidió entonces que la fecha fuera cada domingo siguiente al 11 de octubre. Fue de este modo que Argentina estableció cada tercer domingo del mes de octubre como el Día de la Madre.

Es una de las más famosas y esperadas fechas de celebración, con agasajos a las madres que van desde regalos personales –en el último tiempo más abocados al relax como jornadas de spa- hasta escapadas familiares por este fin de semana. Los comercios y las agencias de viaje aprovechan la ocasión con promociones tentadoras para obsequiar en este día.