Opinión Martes, 23 de abril de 2019 | Edición impresa

Macri y la política: perdidos en el futuro - Por Miguel Ángel Gutiérrez

Por Miguel Ángel Gutiérrez - Director del Centro de Globalización y Prospectiva. Millennium Project.

El presidente Mauricio Macri,el 30 de diciembre de 2018 despidió el año anterior con una nota publicada en un portal capitalino. La leí con mucho interés y con creciente preocupación: lo primero porque se suponía que nos quería indicar un rumbo del país hacia el futuro; lo segundo porque cada párrafo sólo miraba el pasado.

Para comenzar señor Macri, sí existe una forma de adelantarse para ver como nos iría de haber optado por otra alternativa: se llama prospectiva o estudios de futuros. Existe desde mediados del siglo pasado y hoy está en la agenda de muchos gobiernos (muchos del G20) y de organismos internacionales; su aplicación es el foresight y la planificación estratégica.

Hace tres años los argentinos optamos por cambiar un gobierno inepto y corrupto, por otro que resultó una nueva versión de Il Gattopardo: por lo de “Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambio”. Pero ello no nos sirve para cuidar nuestro futuro.

Desde su futuro, sostiene Macri: “Muchas veces decimos que los argentinos elegimos el camino más difícil, pero no creo que sea así” Pero lo cierto es que una extensa mayoría de los argentinos sí elige el camino más difícil, vivir de su trabajo y cuidar de sus hijos.

Afirma: “Difícil hubiera sido encontrarnos, en unos años, con fábricas sin energía para producir, familias resignadas a pasar semanas enteras sin luz en verano, góndolas vacías de mercaderías, dirigentes corruptos preocupados por su propio bolsillo, jueces que fallan según sus propios intereses y periodistas perseguidos por dar su opinión”. Sin embargo lo más fácil será encontrarnos con fábricas sin energía, porque el aumento tremendo de su costo no supuso invertir para cambiar y mejorar los sistemas de producción, de distribución, ni la renovación de los equipos, sino solo aumentar la rentabilidad empresaria. También nos encontraremos con dirigentes corruptos, jueces que fallan a pedido, periodistas que opinan según la pauta oficial.

Sostiene que en ese futuro al que nos lleva: “Difícil hubiera sido seguir teniendo trenes y rutas devastadas, calles y autopistas sin hacer y puertos tomados por las mafias”. Lo fácil será que las rutas -concesionadas con la sola obligación de cobrar al que pagó por su construcción con sus impuestos-, sean destruidas por camiones extranjeros, y también que los puertos continúen controlados por las mafias.

Los argentinos hacemos el esfuerzo, pero no vemos políticas a largo plazo y la rentabilidad de nuestro trabajo va a manos de los intereses ocultos tras el chantaje del desempleo.

Reducir las decisiones estratégicas de política económica y social a los manejos financieros de las grandes corporaciones que usufructan los condicionamientos del Fondo, no implica resolver ninguno de nuestros problemas estructurales. Se miente descaradamente como en los mejores tiempos del kirchnerismo, se predica el respeto a las opiniones ajenas, pero se actúa con la soberbia y el cinismo de los anteriores.

Dice: “Juntos estamos haciendo, de una vez por todas, lo que siempre tuvimos que hacer en nuestro país y nunca nadie hizo”. Lo cierto es que poco o nada se hace juntos, y mucho menos lo que debemos hacer.

Resumiendo su visión de futuro tristemente atada al pasado afirma: “En cada sector del Estado, en cada institución, en la Justicia, en el ámbito privado y en la propia sociedad se fueron arraigando esas conductas que hace tres años juntos estamos trabajando en revertir.” ... Por eso estamos construyendo un Estado que rinde cuentas y combate la corrupción en una lucha constante, porque la impunidad se está acabando en la Argentina”. Sin embargo el Estado no ha tenido ningún cambio sustantivo, los ministerios no responden a ninguna prioridad, al punto que ninguno es responsable primario de la economía, del trabajo, de la salud, de la ciencia, de la tecnología, ni del ambiente. De la justicia, como de la mujeres, mejor no hablar, como diría Gardel.

Ninguno de los incontables definidos, indecisos o esperanzados- candidatos a presidente, o a gobernadores, sintió que el futuro de la Patria merecía alguna atención que fuera más allá de mencionarlo como un comodín. Lo que se nos ofrece es un futuro “usado” que no sirve para un mundo que se transforma aceleradamente. El gran problema de los políticos argentinos no es lo que saben -que es poco y ese poco equivocado- sino lo que ignoran -que es mucho y no tienen conciencia de ello-.

Es por eso que quiero proponer algunos de los temas que debieran conformar la agenda de la Argentina en la próxima década.

La inteligencia artificial, la robótica, la computación cognitiva, la biología sintética, la industria 4.0, la agricultura 3.0, las nuevas realidades: simultáneas, aumentada, virtual; la educación para el desarrollo de la inteligencia colectiva, el conocimiento del cerebro humano en sus múltiples funciones, las computadoras de alto rendimiento, los grandes datos, los vehículos autónomos, los biosensores, la convergencia de ciencia, tecnologías y empresas. Algunas son invocadas en los discursos, pero sin ninguna idea de qué hacer, qué metas debiéramos fijarnos para acceder a ellas. Porque sin estas tecnologías disruptivas no hay más que liderazgo a ciegas. Ninguna de estos temas, han merecido una idea, mucho menos una política pública a largo plazo.

Aunque obvio, vale recordar que el futuro no sólo es responsabilidad de los auto-designados dirigentes, es una responsabilidad colectiva y por ello todos los ciudadanos tenemos el derecho de exigir participar de su definición. Estos temas son los que con proyección de futuro debemos debatir, nosotros los argentinos, para que el mundo, incluido el G20 nos considere y respete.