Sociedad Vecinos Domingo, 17 de febrero de 2019 | Edición impresa

Los Pérez: una familia paceña ligada al folclore por cuatro generaciones

Viven en el campo profundo y trabajan la tierra y los animales. Pero entre todos los familiares hay guitarristas, cantores y bailarines.

Por Javier Hernández - jhernandez@losandes.com.ar

“La abuela María tenía mucha sangre huarpe, de mujer curtida por el desierto y acostumbrada al trabajo duro. Sabía de remedios caseros, de arriar hacienda y también tocaba la guitarra... dicen que mejor que el abuelo”, cuenta Beatriz Pérez, cantante de folclore e integrante de una familia tan numerosa como dispersa, donde abundan los guitarristas y los bailarines: “Mi abuela les enseñó las primeras notas a sus hijos y así empezó todo”.

La abuela María y don Severiano Pérez vivieron en el campo Las Oscuras, un puesto a unos 70 kilómetros del pueblo de La Paz, y allí tuvieron a una decena de hijos: las mujeres salieron cantoras y los cinco varones, todos guitarristas y a su vez, papás de una nueva generación de artistas.

 

“Mi viejo, don Severiano, era jornalero y mi vieja lo acompañaba en todas esas tareas, la de esquilar ovejas o arriar la hacienda del patrón”, cuenta Alberto, y dice que tanto él como sus hermanos aprendieron de niños a tocar la guitarra y a cantar. “En la casa era algo común eso de juntarse por las noches a timbear y a guitarrear junto al fogón”, recuerda.

Patricio Caneo / Los Andes

Y asegura: “Nosotros éramos pibes y veíamos todo de lejos, porque era la costumbre de entonces que los chicos no se arrimaban donde conversaban los grandes, pero de espiar nomás fuimos aprendiendo a tocar”.

La familia Pérez es numerosa y sería difícil desramar un árbol genealógico tan frondoso; alcanza con decir que  aquellos 10 hermanos tuvieron a su vez descendencia y aunque la vida los fue repartiendo, comparten desde siempre la pasión por el folclore. Así, la mayoría de los varones tocan la guitarra mientras que  las mujeres cantan o bailan.

“Acá cualquiera de mis primos puede entreverarse con otro pariente y así surge un dúo o un trío ocasional”, explica Nicolás, que es metalúrgico y que formó un dúo con una de sus hermanas, al que llamaron Canto Joven, una entre más de una docena de formaciones de la familia Pérez.

Alberto tiene 12 discos grabados con distintos grupos y su hermano Segundo, también ha grabado y ha compuesto alguna que otra cueca. Así y mientras avanza la charla con parte de la familia a la sombra de una acacia, el hombre hace un punteo distraído que sus dedos habilidosos aparentan sencillo: “Se llama cueca de Ñacuñán”, comenta y dice que allí también, los Pérez tienen parientes que esperan a la visita con una guitarra. 

 

Parte de la familia Pérez vive en La Paz, pero también los hay en Las Catitas y en Ñacuñán, en San Luis e incluso en el sur del país, donde don Segundo tiene a dos hijos que residen en Ushuaia y que, claro, también hasta allá han llevado la tonada, además de formar el grupo Los Hermanos Pérez. 

Prolíficos. La imagen que ilustra el último disco de Los Hermanos Pérez, publicado el año pasado. | Gentileza

“Todos tenemos oído y facilidad para la música”, dice Nelson, quien comenzó a tocar en las salidas que hacía con su tío Manuel por bares y peñas. Don Segundo escucha a su sobrino y cuenta: “En mi casa había muy poco de todo y aunque no fuimos a la escuela, nos enseñaron a ser educados y aprendimos a tocar la guitarra mirando y copiando”. 

En la charla, entre mates y queso de cabra alguien menciona a los más chicos, la cuarta generación de los Pérez que aunque apenas niños ya bailan en algún ballet del pueblo y tienen trato ameno con las guitarras.

Una familia de músicos

Siguen la anécdotas, las noches de serenata, los bailes y las guitarreadas de sobremesa y surgen  nombres de formaciones que ya no siguen y otras que se mantienen: Las Brisas de Cuyo, Los de La Paz, Los Hermanos Pérez, Las Cuerdas de Jorge Guzmán, Las Hermanas Pérez y Canto Joven son apenas algunos de los grupos surgidos de la familia, formaciones de dúos, tríos y cuartetos que han actuado en peñas y cumpleaños, en festivales y vendimias.

 

“Cada uno tiene su trabajo y sus tiempos, por eso y por las distancias se hace difícil estar todos juntos, pero en los cumpleaños o en las fiestas de fin de año se junta buena parte de la familia y siempre hay guitarreada. Reunirnos a todos es muy difícil, somos muchos y desparramados, pero tal vez lo conseguimos en alguna peña”, cierra Nelson mientras rasguea la guitarra y así invita a los parientes a la enésima canción de esa mañana.

La ansiada reunión que parecía imposible

El año pasado, a mitad de setiembre, la familia Pérez organizó una peña en el club Eliseo Ortiz, de Las Catitas. El evento tuvo un título muy elocuente: se llamó “Familia de folcloristas” y sirvió para reunir en un mismo escenario a la mayor parte de los parientes de este apellido tan fértil en la prole como en la música.

“El encuentro en Las Catitas pudieron venir mis hijos de Ushuaia y por supuesto también tocaron. Hubo muchos grupos, la verdad que más de 15, algunos de la familia y otros formados por amigos muy cercanos que también hacen música”, recuerda Segundo Pérez.

 

Todos los miembros de esta familia campera y musical coinciden en que aquella fue una noche “muy linda”, que la gente se fue contenta y que la peña sirvió también para juntar a la familia. “Reunirnos a todos es muy difícil, tal vez en alguna otra peña”, cierra el hombre.