Opinión Domingo, 21 de julio de 2019 | Edición impresa

Los infiltrados - Por Carlos Salvador La Rosa

Por Carlos Salvador La Rosa - clarosa@losandes.com.ar

En su primer gobierno, Perón los llamaba los “emboscados”; eran los que sin ser peronistas se colaban en el movimiento para intentarle cambiar el rumbo. En su regreso en 1973 los llamó los “infiltrados”, esta vez eran marxistas que como no tenían masas para  hacer la revolución, iban a buscarlas dentro del peronismo. Luego hubo montones más de infiltrados, como los liberales con Menem. A todos les fue horrible porque los peronistas siguieron siendo peronistas, pero casi siempre sus culpas las pagaron los infiltrados.

Vale decir, antes todos se querían infiltrar en el movimiento peronista, ese aparato dispuesto a aceptar todo mientras todo ocurriera dentro del él, donde todos entraran y nadie saliera, o si saliera fuera por una elección y volviera.

Hoy ocurrió un cambio sustancial: ahora son los peronistas los que buscan infiltrarse en todos los partidos a fin de ocupar todo el espacio político disponible. Y eso genera cosas excéntricas. Veamos.

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Alberto Fernández (AF) se enoja diariamente con todo el que le pregunta algo, porque le es muy difícil explicar la posición en que lo ubicaron. No está allí por haber pedido perdón por todo lo que dijo en contra de CFK. Lo llamaron para que CFK no tenga que pedir perdón personalmente por las inmensas macanas cometidas en su gobierno que le impiden avanzar electoralmente sobre los sectores que no la quieren. Por eso, como  ella jamás reconocerá un error, lo llamó al tipo de su ex entorno íntimo que más la criticó para que cada vez que le critiquen algo a ella, AF diga que esa crítica ya se la hizo él primero. Ella no se autocriticará en nada para que no se enojen sus fans que son su gran base  electoral, pero a la vez tendrá dentro (e incluso formalmente por encima de ella y con personalidad propia para que sea creible la contrición) a alguien que defiende casi todo lo contrario de lo que piensa ella. 

Aunque cueste creerlo, en una misma fórmula está una persona que piensa de cierta manera y su principal contradictor. Se le permite a AF, aunque sólo a él, que critique todo lo que CFK hizo. Con una  salvedad obvia: mientras no critique un aspecto de su gobierno que, por otra parte, él nunca criticó demasiado porque no le convenía ya que también lo implicaba: la corrupción. En otras palabras, criticar todo menos lo esencial. La meta es decir que la corrupción casi no existió o no existió más que en otros gobiernos  o que fueron casos aislados, pero, bajo todo perspectiva, como condición sine qua non, que CFK es absolutamente inocente. Ella puede admitir vía AF ser culpable de lo que le critican sus objetores, salvo su  honestidad. Una misión  imposible la que le dieron al Alberto. Pero una presidencia bien lo vale. Por eso se enoja con todo periodista, porque no puede explicar lo inexplicable.

Pero vayamos a lo positivo de la fórmula FF:  lo que hoy supuestamente garantiza la gobernabilidad de ese espacio es que lo conduce formalmente alguien que antes criticó duro a CFK,  que es lo que da alguna esperanza que no se vuelvan a repetir los intentos de vaciar el estado de Derecho en pos de una chavización que, aún imposible, CFK intentó y los muchachos camporitas quieren seguir intentando. En cambio, AF jurando que eso no volverá, calma a los mercados, a los gobiernos del primer mundo y quizá consiga los votos necesarios para ganar, que CFK por si sola difícilmente conseguiría. AF no tiene un solo voto propio pero su  supuesta posición distintiva, si se la creen, le permite garantizar lo que no puede garantizar CFK. Al menos esa es la apuesta: infiltrar racionalidad peronista dentro de la poco racional épica kirchnerista.

Son las dos caras de Jano en la misma fórmula: lo uno y lo opuesto (aunque no sea verdad, que de hecho no lo es). Una reina no se puede criticar por sí sino por otro. Del mismo modo que en la antigüedad se castigaban las trapisondas de los príncipes zurrando al criado. Son lógicas monárquicas en una república, como no entregar el bastón de mando. Logicas de una monarquía berreta pero monarquía al fin.

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En el bando opuesto, los infiltrados peronistas tienen otra misión: Pichetto garantiza hoy dentro del macrismo la misma gobernabilidad que en estos cuatro años garantizó por fuera. El que logró que salieran casi todas las leyes macristas fue un solo peronista: Pichetto. “El” peronista. Y hoy esa alianza de hecho se formaliza en pos de construir un gobierno más fuerte: que Pichetto convoque a los peronistas no K, que de reelegirse Macri lo apoyen como hoy lo van haciendo los peronistas que perdieron en sus distritos.

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Pichetto es el infiltrado peronista dentro del modelo Macri, aunque fue convocado por los mismos a los que infiltró. Y AF es el infiltrado no cristinista en el modelo CFK, aunque fue convocado por CFK (solo se enojaron los de Carta Abierta y  los ingenuos que creen que de lo que se trata es de una cuestión de ideologías).

Las dos fórmulas quieren comunicarle a la sociedad, al mundo  y a los mercados que  no pasará lo que podría pasar si todo siguiera como hoy: es que un gobierno de Macri con el mismo apoyo que tiene ahora, aunque gane bien, dificílmente podrá soportar cuatro años más en minoría. Y a un gobierno de CFK, aunque gane bien, con el mundo en contra y con el madurismo adentro, también le costará sobrevivir en los años que vienen.

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En cambio,  con los infiltrados  todo se soluciona: si gana Macri los peronistas no fanáticamente K, que son casi todos, tomarán como su referente a Pichetto y con eso la gobernabilidad estará garantizada. Será un gobierno más fuerte que el actual. Y hasta tendrá un relato: “Pasamos el trago amargo y ahora las cosas empiezan a ir mejor gracias al sacrificio que hicimos en el primer gobierno y porque en esta nueva gestión multiplicamos nuestro poderío político con los peronistas infiltrados”.

Si gana CFK, en cambio, todos los peronistas no K, gracias a la mediación del entonces presidente AF, le darán una enorme gobernabilidad a la fórmula FF que se podrá presentar ante el mundo más o menos en los mismos términos que se presentará el macrismo: como un gobierno bastante más racional que el de cuando era presidenta CFK, quizá con un pequeño agregado camporista para ilusionar a los muchachos con un chavismo que ya no será, excepto para salvar de la cárcel a CFK, pero cumplida esa misión, todo será moderado. Y el relato será el siguiente: “Gracias a que ganamos, las cosas empiezan a ir mejor porque viramos 180 grados la política de Macri (aunque no la viren en casi nada); habrá que sufrir un poco por los bestialidades que hizo Cambiemos pero vamos bien.Y hemos multiplicado nuestro poderío político porque  los peronistas infiltrados por AF ahora se harán cristinistas” (como se harán macristas si ganara Macri).

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En síntesis, gracias a su inmensa ductilidad, los peronistas peronistas, a los que ayer se los infiltraba y hoy se infiltran ellos, en vez de construir una difícil avenida del medio decidieron apostar a seguro y jugar en los dos lados de la grieta, de modo que un lado ganará y el otro perderá, pero ellos siempre ganarán. Negocio redondo. Y bien peronista.