Opinión Sábado, 22 de febrero de 2020 | Edición impresa

Los hipocondríacos - Por Jorge Sosa

No viven tranquilos: en cualquier momento del día pueden sentir algo anormal y pensar en un infarto.

Por Jorge Sosa - Especial para Los Andes

La característica esencial de la hipocondría es la preocupación y el miedo a padecer -o la convicción de tener- una enfermedad grave, a partir de la interpretación personal de alguna sensación corporal u otro signo que aparezca en el cuerpo. Puede ocurrir, por ejemplo, con lunares, pequeñas heridas, toses, incluso latidos del corazón, movimientos involuntarios, o sensaciones físicas no muy claras. 

Aunque el médico le asegure que no tiene nada, el hipocondríaco solamente se queda tranquilo un rato, pero su preocupación vuelve.

Los tipos están pendientes de cualquier señita que le pueda dar su cuerpo y, cuando ocurre, magnifican la cosa y suponen el inicio de enfermedades que seguramente los llevarán al hospital más cercano o los aproximarán a tratamientos lentos y mortificantes. 

Una picazón, por ejemplo, puede ser para ellos una infección en la piel. Les pica el poto y es el preanuncio de unas hemorroides. Les duele el estómago y es un anticipo de lo que puede ser una grandiosa gastroenterocolitis. Andan a la pesca de cualquier malestar y se les nota en la cara. Vos les preguntás: “¿Qué te pasa?” y te pueden contestar: “Ando medio bajoneado, esto puede ser el inicio de una depresión”.

Contagian con sus formas de ser, uno comienza a preocuparse por los síntomas que tiene uno cuando habla con ellos, porque si a ellos les pasa, ¿por qué no nos puede pasar a nosotros? 

Son frecuentes visitantes de los consultorios médicos. Pero las opiniones del facultativo muchas veces no coinciden con sus propias opiniones y entonces entran a dudar de su facultativos.

Tienen un dolor de cabeza y se les pone que tiene que ser la presión. El médico, como lo aconseja el protocolo, lo primero que hace es medirle la presión y dice: “12-8. Está perfecto”. Pero el tipo se va pensando que el facultativo no manejó bien el tensiómetro y lo que él tiene, a pesar de lo que diga el médico, es un exceso de presión. 

La interpretación catastrófica de los signos corporales es el mecanismo por el que se dispara la hipocondría. 

Por qué se dispara ese mecanismo es difícil de determinar. Se sabe que este trastorno afecta a menudo a ambientes familiares, es decir, que muchos miembros de una familia tienden a estar afectados. Esto nos puede indicar que hay familias especialmente sensibles y muy inclinadas hacia la interpretación de los signos de enfermedad en todos los ámbitos de la vida. Durante las reuniones familiares no se habla más que de enfermedades; se comenta constantemente si se está bien o mal; se vive con muchísima angustia cualquier signo de enfermedad en alguno de los hijos... 

De esta forma los miembros de la familia aprenden a interpretar de esa forma cualquier signo corporal y lo asocian con angustia, miedo o ansiedad. Es una interpretación, sí, aunque también se podría pensar que existe una predisposición genética.

No viven tranquilos, porque cualquiera, en cualquier momento del día, puede sentir algo que no sea normal en su cuerpo. El problema es que los tipos magnifican el problema hasta el colmo y un latido de más del corazón puede ser el anuncio de un inminente preinfarto. 

Son los hipocondríacos. Los hay y muchos dentro de nuestra sociedad, pero no hay que hacerles caso: cuando les sale un grano en la nariz lo único importante que les ha ocurrido es que les ha salido un grano en la nariz.