Sociedad Sábado, 13 de abril de 2019 | Edición impresa

Los espacios de coworking se consolidan en el Gran Mendoza

Atraen a empresarios jóvenes que buscan abaratar costos o cambiar su estilo de trabajo. Al menos 10 lugares que ya se identifican así.

Por Mauricio Manini - Especial para Los Andes

El coworking es una filosofía de trabajo que permite a profesionales compartir un mismo espacio de labor sin perder su independencia. Se trata de una tendencia que se consolida en la provincia con cada vez más adeptos y locales nuevos, proponiendo gastos compartidos, red de contactos y un estilo de trabajo más relajado.

¿De qué trata en concreto un espacio de coworking? Palabras más, palabras menos, son lugares donde se puede alquilar por mes una silla de trabajo, una mesa o una oficina. Los usuarios tienen lugares en común como un comedor o una sala de reuniones y se busca generar una “comunidad” con chats por Whatsapp o programando actividades fuera del trabajo. Un buen WiFi, café libre y un ambiente descontracturado son características claves.

Gustavo Rogé / Los Andes

Cada lugar tiene detalles especiales como mesa de pingpong, consola de juegos o hasta un perro caminando entre los usuarios. Los horarios también varían, permitiendo algunos incluso trabajar durante la noche. Así mismo varían los precios: un puesto personal puede costar por mes cerca de $1.500 a $2.800 y una mesa de equipo u oficina de $5.000 a $15.000 mensuales.

 

Según cuentan sus usuarios, las ventajas pueden ir desde el ahorro de costos hasta la posibilidad de generar contactos.

Carolina Bertoldi, por ejemplo, trabaja de manera independiente y cuenta que “el ambiente casual me resulta estimulante y me da una buena sensación. Siempre hay alguien cuidando que haya café o agua caliente para el mate”. Ella también destaca poder pagar una tarifa fija, sin tener que firmar un contrato con garantes.  

Un caso distinto es el de Exequiel Barros, que con sus socios de Caucasia Wine Thiking decidieron trabajar en un coworking céntrico: “Para una empresa chica como la nuestra, donde somos cinco personas, en una oficina en soledad tenés menos nivel de interacción que acá. Con este esquema encontramos mayor eficiencia en costos, mayor flexibilidad, sinergia y estar conectados”.

Por otro lado, Paula Aldeco señala que las actividades extra laborales como asados o after office permiten enriquecer el networking y también cree que puede ser un diferencial a la hora de reunirse con clientes. “Como persona que trabaja con emprendedores, me gusta invitar a clientes a un lugar diferente. Hace a la coherencia como empresa que busca generar innovación, en eso el lugar nos viene bien”, señala.

 En cuanto a desventajas, algunos señalan la necesidad de adaptarse a un código de convivencia por compartir los espacios o evitar mensajes al grupo de WhatsApp que puedan saturar las conversaciones. Otra es la dificultad de hacer trabajos que requieren de gran concentración cuando hay mucha gente en el mismo ambiente.  

Una tendencia que crece

Si uno busca por Google Maps, allí se marca que en el Gran Mendoza hay por lo menos 10 espacios de coworking (en San Rafael también hay uno llamado Tribu). Si bien no hay una certificación oficial y se puede debatir sobre si todos estos lugares realmente son un coworking, lo cierto es que la tendencia crece y así lo identifican en el rubro.

Abel Quiroga es el administrador de Linka Space, lugar que trabaja desde 2016 y es uno de los locales activos que más tiempo lleva en la provincia. Él considera que ha habido un cambio en la mentalidad de los emprendedores mendocinos y que varios entendieron que “para potenciar sus proyectos y sus actividades necesitan estar inmersos en una comunidad”, algo que en estos espacios se da con mucha naturalidad.

Gustavo Rogé / Los Andes

“A veces la solución la encontrás ‘a la vuelta de la mesa’, como decimos acá. Quizás comentás la idea de un proyecto y justo el que está atrás tuyo que te escucha está en ese rubro y te ayuda. No necesitás salir a buscar un recurso afuera cuando lo tenés acá adentro. En un momento hicimos un relevamiento y resultó que entre el 50 y el 60% de nuestros usuarios son clientes entre sí”, señala Quiroga.

 

Otra historia con inauguración más cercana es la de Whale Coworking, que abrió sus puertas el año pasado. Uno de sus dueños es Roberto Drazich, que quería generar un espacio descontracturado, sin horarios fijos y donde lo social fuera más importante que lo laboral.

Muchas personas se sumaron a la idea y tomó forma de espacio de coworking. “Descubrí un montón de gente con estas necesidades, que no se adaptan al formato convencional de oficina. Creo que es muy natural porque invadís menos cuestiones biológicas como levantarte a las 7am. ¿Querés trabajar de noche? Podés. En el mundo creativo se trabaja mucho de noche, con calma y paz para estar más concentrado. Estas son cuestiones muy personales”, explica.

La respuesta de la comunidad fue muy positiva y hoy Whale está con una ocupación del 100%, con 55 personas para abril y analizando cómo expandirse.

Para Drazich, el éxito no va por el ahorro: “Si es por ahorrar, podés laburar en tu casa. Lo que sí, trabajar en casa te hace medio hosco, vincularte siempre te suma. Económicamente te sirve y a la vez se genera una buena unión, la unión hace la fuerza y la desunión hace a la debilidad”.

Quiroga concuerda en esa apreciación para explicar la tendencia al considerar que, si bien la crisis actual ha motivado a pensar en conceptos como este, “también está la idea de dejar de tener límites y barreras, todas estas libertades permiten a los usuarios tener más tranquilidad. Es algo impulsado desde lo económico pero adaptado.

Temáticos y por área

Micaela Pedreira y Patricia Baldaccini son dos profesionales que decidieron armar una empresa propia, Keyods, para acercar a empresas del mundo vitivinícola con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. Necesitaban de un lugar físico de trabajo, pero querían evitar un ambiente estructurado. Vieron un anuncio de Grape Wine Coworking y en la primera reunión confirmaron que ese sería su lugar.

El ejemplo de ellas sirve para ilustrar una característica que adoptan nuevos espacios: ser especialistas en un área. Esto ya ocurría con algunos espacios  como Olegario (destinado a los emprendimientos tecnológicos) pero la mayoría de los lugares de Mendoza no tienen un público específico.

 

Un lugar que sí especifica un público es Whale. Allí se destacan los trabajadores del mundo creativo como publicidad, marketing y arquitectura.

“Cuando te juntás con alguien que habla el mismo idioma, generás una tercera mente. Vos aportás una idea, esa persona aporta otra cosa, vos volvés y así van creando. Imaginate 50 mentes pensantes. Una cantidad de conexiones tremendas y las tenés ahí”, ilustra Drazich.  

En el caso de Grape (en inglés, “uva”) se define como el primer Wine Coworking del mundo y allí conviven unos 60 profesionales que van desde el turismo hasta la informática, vinculados todos con el ambiente vitivinícola. Ubicado en el Edificio Gómez, está adornado con botellas y elementos referidos al vino.

 

Luciana Rosas, administradora del espacio junto con Gabriela Lima, considera que el ser temático permite una mayor interrelación con personas del mismo rubro y esto potencia el desarrollo.

“Los espacios de coworking ofrecen todo un conjunto de cosas, sumado a la interacción y sinergia entre todos los que trabajan en el mismo lugar. Se crean vínculos entre las empresas que los conforman”, remarca Rosas.

Volviendo a la experiencia de los usuarios, las emprendedoras mencionadas que hoy trabajan en Grape destacan que se da una buena convivencia.