Policiales Lunes, 25 de febrero de 2019

Los días de Gil Pereg en San Martín: vivía adentro de un auto y sólo comía pan y huevos

El acusado del doble crimen de las israelíes llegó a Mendoza hace 10 años y se radicó en el Este, en donde instaló unas canchas de pádel.

Por Ariel Cubells - Especial para Los Andes

Aunque parezca que ya casi nada puede sorprender sobre el personaje Gil Pereg (36), su vida y su pasado siguen pintando de cuerpo entero a este hombre, preso y acusado por el crimen de su madre y de su tía, las mujeres israelíes que aparecieron enterradas en la casa de él. 

Uno de los detalles que siempre llamó la atención de este ex soldado israelí, es que tenía poder económico (en un allanamiento le encontraron $3 millones, tenía un terreno de 6.000 metros y ahora le trabaron un embargo de $4 millones), sin embargo, vivía en la indigencia extrema en su casa de calle Roca de Guaymallén. Pasaba los días en una especie de rancho y dormía sobre un colchón, rodeado de mugre y papeles viejos, aunque para él tenían importancia. Sus queridos gatos y algunos perros eran su compañía. 

Pero no es que a Pereg le fue mal el último tiempo y tuvo que sobrevivir en esas condiciones. Era su estilo de vida, incluso cuando estaba a cargo de un negocio en el que tenía cierta rentabilidad. 

 

Hace unos 10 años vivió en San Martín. Precisamente, en calle Belgrano, entre 9 de Julio y Balcarce, frente a la plaza departamental. Una zona coqueta de Este, en donde claramente él no estaba a tono y no pasaba desapercibido. 

"Siempre fue raro, callado, estaba mal vestido y su aspecto era horrible. Todos los miraban. Tenía el pelo largo y con rulos", cuenta una joven que lo recuerda aquellos días de este hombre en San Martín, en donde otra vez ha tomado relevancia al ser el imputado del doble crimen que conmocionó Mendoza y trascendió las fronteras nacionales. 

Prácticamente todos los testimonios los describen igual, pero hay uno muy particular y es el de una persona que conoció a Pereg como pocos. Los Andes habló con Mario Sánchez, uno de los clientes asiduos que tenía el israelí en su negocio. 

En calle Belgrano el hombre había instalado sus canchas de pádel y un pequeño buffet en el que podían comer quienes iban a jugar a este deporte. El predio se llamaba Floda, como él se hacía llamar en sus primeros tiempos en Mendoza. Su identidad era Floda Reltih, Adolf Hitler al revés. 

 

"La verdad que en San Martín no hay muchas canchas de pádel y con mis amigos íbamos ahí tres veces por semana. Tenía todo bastante sucio, como era él, digamos. También había un saloncito para comer, pero sucio, siempre en las mismas condiciones", describió Sánchez. 

-¿Hablabas con él?

-Muy poco. Le preguntábamos como era su vida, pero no decía mucho. Siempre tuvo un castellano forzado, y apenas comentaba que se había venido de Australia. Nos sorprendía que haya llegado desde allí. 

"No le iba mal. En sus canchas se llegaron a hacer torneos. Pero él siempre igual, desarreglado y con olor", agrega Mario. 

Las canchas no eran sólo su negocio y medio de vida, si no también su casa. Vivía allí y dormía adentro de un auto que estaba estacionado en una de las canchas que no estaban en condiciones de ser alquilada. 

"Tenía un auto viejo que era importado. Le había puesto una media sombra y allí pasaba la noche. Por ahí sacaba el coche y daba una vuelta, era gracioso verlo. Un flaco alto de dos metros en ese auto viejo, iba casi acostado", remarca su antiguo cliente. 

Otro de las particularidades de Nicolás Gil Pereg, como se hizo llamar en el último tiempo, era su delgadez. En San Martín también se lo veía flaco, y cuentan que sólo comía pan y huevos. 

"Nunca se lo vio haciendo una compra por acá. No lo veían en un supermercado, en un almacén, jamás compraba", recuerda una comerciante del centro sanmartiniano. 

Otro lugar que frecuentaba era en un gimnasio de calle Balcarce, en el cual compartió jornadas de actividad física con otros jóvenes. Allí también dejó como recuerdo su mal aspecto y su olor nauseabundo. 

Los rumores que lo vinculaban con menores

Si bien nunca se radicó una denuncia de índole sexual en su contra, en San Martín abundaban los comentarios y trascendidos sobre su relación con  jovencitas, algunas menores. Incluso, confirman que en las canchas de pádel y en el lugar donde hacía comidas habían chicas trabajando. "Yo creo que habían menores ahí", señala un muchacho que prefiere no revelar su identidad. 

 

Además, hay sospechas de que Pereg dejó San Martín cuando estaba a punto de quedar envuelto en un escándalo sexual. 

Así pasó unos cuantos años en el Este el hoy principal personaje policial que tiene la provincia. En la actualidad, en lo que por entonces fue su lugar, hay una playa de estacionamientos y un coqueto bar. Él, desde enero está en una celda como principal sospechoso de asesinar a su madre Pyrhia Sarusi (63) y a su tía Lily Pereg (54).