Escribe el Lector Sábado, 20 de abril de 2019 | Edición impresa

Libertad y Equidad contra el Feminismo autoritario

Por Héctor Flavio Gardella - Abogado. Coordinador de Libertad y Equidad en Mendoza.

Meses atrás me enteré de la revocación del sobreseimiento de un acusado de abuso sexual. En la resolución judicial se invocan fallos del Tribunal Superior de CABA y de la Cámara Nacional de Casación Penal que afirman expresamente que: “El testimonio de la víctima en estos supuestos tiene en sí mismo valor de prueba para enervar la presunción de inocencia. El valor probatorio del testimonio de la víctima en casos donde por su especial modo de comisión no pueden ser corroborados por otros medios, no puede ser soslayado o descalificado dado que ello constituiría una forma de violencia institucional revictimizante contraria a los parámetros internacionales en la materia.”  

La única conclusión posible del escrito es que la palabra de unos vale más que la de otros, o para ser más específico, la llamada perspectiva de género ya ha consagrado la desigualdad legal en favor de la mujer, exterminando en estos casos la presunción de inocencia, condición imprescindible de los procesos judiciales legítimos.  

Se trata de un nuevo paradigma institucional que amenaza de lleno las libertades más básicas de las personas bajo el pretexto erróneo de combatir la violencia contra las mujeres, un concepto colectivista que deja de considerar a las víctimas como individuos y asume móviles delictivos por defecto.

Por esa razón me uní a «Libertad y Equidad», plataforma federal, cívica y apartidaria que preside mi amigo el periodista Nicolás Morás con el objetivo de concientizar y frenar el atropello de nuestras garantías procesales, la igualdad ante la ley y la libertad de expresión por parte del feminismo hegemónico, cuyos abanderados aspiran a convertir en una nueva forma de pensamiento único, reemplazando los reclamos de libertad de antaño por una pugna de poder y privilegios.

Ya son patentes las nuevas problemáticas sociales que generó este fenómeno, por ejemplo, las inhumanas condiciones de vida de los detenidos preventivamente por causas de violencia de género, quienes se vieron obligados a realizar una huelga de hambre a los efectos de salvaguardar sus derechos humanos fundamentales.  

En dicha nota, el gobernador Cornejo hizo ostentación del “éxito” que implicaba el hacinamiento de estos procesados sin condena. Sumado a esto, las decenas de miles de medidas cautelares que ordenan automáticamente la exclusión de hogar y la prohibición de acercamiento con efecto sine die por el cual el acusado no tiene intervención alguna, enterándose de la existencia del proceso judicial en su contra con la notificación del auto de exclusión y/o restricción, no respetándose por consiguiente el principio contradictorio o bilateral.

Culminando este breve resumen sobre la sistemática violación de las garantías de los acusados, más recientemente,  la Corte de Mendoza  revocó un fallo absolutorio con el genérico argumento  de que no se adaptaba al “paradigma de género”, otra vez, una mirada ideológica y subjetiva inseparable de políticas punitivistas y represivas.  

El a quo  sostuvo que “no se encontraba probada –con grado de certeza propio de una sentencia de condena– la existencia material de un acto sexual en contexto de agresión”.

Entre otras cosas, el tribunal originario, que dictó la absolución, hallaba contradicciones entre lo manifestado en la denuncia y lo sostenido durante el debate. Al parecer “la perspectiva de género” implica olvidarnos de esas minucias y condenar sin más. Sin pruebas. Sin defensa posible para el acusado. En otras palabras, volver a los tiempos de la Inquisición.  

No es la primera vez que en Argentina se encarcela a inocentes en nombre del flagelo social del momento.  

Sin embargo en otras ocasiones estaba claro que el abuso era perpetrado por la fuerza bruta, el poder de facto.  

Ahora las mismas prácticas se llevan a cabo de manera sutil, con lenguaje políticamente correcto y así pasan desapercibidas, aunque conduzcan a la existencia de ciudadanas de primera y ciudadanos de segunda.

Dicen que la historia no se repite pero rima.  

A veces los mismos monstruos del pasado vienen a visitarnos con nuevos ropajes y formas.

Rezaba el lema de la dictadura perfecta que Orwell imaginó en 1984:  “La guerra es paz, la libertad es esclavitud, la ignorancia es la fuerza”.

En 2019 podemos agregarle “El Apartheid es Perspectiva de Género”.  

Para revertir esta situación nació Libertad y Equidad, y sólo con su apoyo podremos lograrlo. Únase.  
 

Héctor Flavio Gardella

Abogado. Coordinador de Libertad y Equidad en Mendoza.