Arquitectura Lunes, 11 de mayo de 2020

Las construcciones tradicionales del cinturón verde de Mendoza

Este cinturón está conformado en mayor medida por las zonas rurales irrigadas de los departamentos de Guaymallén, Maipú y Lavalle.

Por Arq. Matías Esteves, equipo Historia y Conservación Patrimonial (INCIHUSA-CONICET)

El Cinturón Verde de Mendoza es un área estratégica para la producción y provisión de alimentos frutihortícolas en fresco para el Área Metropolitana. Está conformado en mayor medida por las zonas rurales irrigadas de los departamentos de Guaymallén, Maipú y Lavalle. En las últimas décadas, esta zona se ha caracterizado por el avance urbano acelerado que ocupa suelos con gran potencialidad productiva, que transforma el paisaje agrario y amenaza a sus construcciones tradicionales.

El Cinturón Verde posee una gran trayectoria en el tiempo asociada a la producción agrícola, donde actualmente se encuentran en el paisaje diversas construcciones tradicionales, producto de la relación de la cultura con las características naturales del sitio. Históricamente, un humedal de grandes dimensiones denominado Gran Ciénaga del Bermejo, se encontraba donde actualmente se emplaza el Cinturón Verde. Desde 1850 se construyeron canales de riego -entre otras estrategias- para favorecer el drenaje del agua y ocupar esas tierras para la producción. Por ello, actualmente se encuentra el nivel de agua subterránea a escasa profundidad, característica distintiva que resalta en una zona árida como Mendoza.

Galpón Agrícola en Maipú.

Las construcciones tradicionales que se encuentran en el sitio se realizaban con una técnica constructiva denominada por los pobladores locales como “construcción en esqueleto”, debido a la forma en que se materializa su estructura, muy similar al sistema constructivo de la quincha (muros de caña y barro) pero con algunas adaptaciones vinculadas a la mayor presencia de humedad en el suelo. Esta técnica se encuentra en diversas viviendas y galpones industriales e incluso bodegas. Los pobladores comentan que sus viviendas poseen más de 50 años y hay registros de bodegas de más de 80 años construidas con este sistema, lo que demuestra su amplio uso en el tiempo.

La técnica de construcción consiste en el desarrollo de un cimiento de poca profundidad –por la cercanía del nivel freático a la superficie- realizado en la mayoría de los casos con piedra tosca disponible en el lugar. En algunas construcciones se observa un sobrecimiento realizado con el mismo material, cuya función es evitar que el muro de barro entre en contacto con el agua o la humedad del suelo. La estructura portante se conforma con pórticos de madera, a los cuales se agrega un poste en diagonal para rigidizar la estructura. Luego, se dispone de listones de madera de álamo o tablas de sección rectangular que se clavan de forma perpendicular a la estructura portante, tanto del lado interior como del exterior, dejando un vacío entre estos entramados, el cual se rellena luego con una mezcla de barro. Finalmente, el muro se revoca con barro o con hormigón en ambas caras. Las cubiertas también se realizaban en madera, preferentemente a dos aguas y con chapa acanalada de zinc por el exterior. El uso de techo inclinado facilita la disposición de aleros en toda la envolvente para proteger a los muros del agua de lluvia.

Galpón industrial y vivienda en Guaymallén construidos con el “sistema de esqueleto”.

Esta técnica se adapta a las condicionantes naturales del medio, respondiendo a dos fenómenos principales: los sismos y la humedad del suelo, ya que la piedra en los cimientos y sobrecimientos disminuye considerablemente el ascenso de la humedad del terreno hacia los muros. Según la arquitecta Rosa Guaycochea de Onofri en su libro “Arquitectura de Mendoza y otros estudios” esta resultante constructiva presentaba bajo peso para evitar su hundimiento en suelos cenagosos y brindar mejor respuesta al sismo. Entonces, mientras el adobe se posicionaba como el material más utilizado en zonas urbanas, este sistema era el más utilizado en esta gran área rural de la provincia.

La mano de obra para su construcción es local, ya que es la misma familia la que se encarga de la construcción y su mantenimiento. Por esta misma razón, se trata de una forma constructiva enraizada en las costumbres de la población y, por ello, se encuentra un patrón constructivo que demuestra su amplio uso en la zona, incluso en la actualidad.

Esta arquitectura tradicional es referente de la zona y por ello, considerar articular los conocimientos tradicionales de los pobladores respecto a esta técnica constructiva con los avances técnicos y científicos permitiría alcanzar la perdurabilidad de estas construcciones, apuntando a su conservación y uso en el tiempo, enriqueciendo al paisaje agrícola y aportando identidad a la zona.