Espectáculos Muy Tecno Domingo, 5 de mayo de 2019 | Edición impresa

La vida sin like: angustia de no saber si “vas bien”

Instagram quiere reducir el impacto del ‘me gusta’ y nos hace reflexionar el poder que le dimos como validación de nuestra personalidad.

Por Nicolás Nicolli - nnicolli@losandes.com.ar

Sonó la odiosa melodía del despertador. La ignorás. Hasta que volvés a escucharla. Y agarrás el celular, reactivás la conexión a internet y esperás a que las notificaciones invadan la pantalla. Chequeás cada número: el de los ‘likes’ de la última foto que subiste a Instagram, el de los nuevos seguidores y el de quienes miraron tu última imagen. Si no estás satisfecho/a con la cifra que figura al lado del corazón, lo más probable es que no sea el mejor amanecer de tu vida. Y vuelvas a ingeniar otras maneras de expresarte, así tengas que dedicar horas de edición y rebusques varios. Este círculo vicioso no pasó desapercibido para Instagram, cuyo último cambio anunciado reinstaló el debate acerca del ‘like’ como validación de nuestra personalidad.

 

La idea de la red social es reducir la sensación de competencia y ocultar la cantidad de ‘me gusta’ que cada fotografía adquiere en el feed. Actualmente, en la app figura que a cierto usuario y ‘X’ otros les gusta la imagen en cuestión, algo que, de acuerdo con la filtración, sólo podría observarse al ir a una pestaña “oculta” de información.

Durante la última conferencia de desarrolladores de Facebook (más conocida como F8), Adam Mosseri, CEO de Instagram, anticipó que desea que “las personas se preocupen menos por los likes que están consiguiendo y más por el contenido”.

La decisión no es del todo novedosa. En octubre de 2018, Jack Dorsey, CEO de Twitter, ya había dejado en claro que iba a reducir el tamaño de los números en la interfaz, a fin de que nadie se sintiera presionado por los miles de seguidores o retuits obtenidos. Todo quedó en simples palabras, por supuesto. Es que vivimos obsesionados -así no queramos reconocerlo- con la posibilidad de convertir a nuestras palabras o composiciones en el fenómeno viral del momento. Pero la socialización digital exige cierto rigor porque es muy sencillo dejarse llevar por nuestros ojitos brillosos al notar corazones en movimiento.  

 

¿Para qué usamos el like? ¿Realmente nos identificamos con lo que nos cruzamos a cada segundo? ¿O simplemente se trata de otro visto azul como el de WhatsApp?

Con presionar la pantalla podemos indicar que estamos al tanto del desayuno de nuestro mejor amigo o que no fuimos ajenos al tráiler de la película de la que todos hablan. No sólo nos ahorramos una posterior charla sino que también le decimos a la red social qué es lo que queremos seguir viendo. Medimos todas las manifestaciones con la misma vara, porque el gris dejó de ser una opción en los tiempos que corren.

Es lo mejor o lo peor. Le damos entidad o preferimos convencernos de que nunca existió.

Si nuestro comportamiento va a ser siempre el mismo en estas esferas, a dónde queda nuestra creatividad, la que nos hace sentirnos realizados al generar algo en los demás y romper con alguna idea establecida (o al menos dotarle otra arista). ¿Nuestra especie se ha reducido a la cantidad de likes? Si la postal de un huevo puede marcar un récord por qué yo no...  

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Instagram

En enero pasado, la cuenta @world_record_egg subió la fotografía de un huevo sobre un fondo blanco e hizo un llamado masivo a superar los 18 millones de corazones obtenidos por Kyle Jenner. La respuesta fue inmediata: más de 53 millones de likes. Récord virtual. Volaron versiones de todo tipo, pero la campaña era más obvia de lo que esperábamos. “La presión de las redes sociales me está superando. Si vos también estás luchando contra esto, hablá con alguien”, reveló después el autor en un fugaz video.

 

Hay una conocida escena en “Los Simpson” en la que Lionel Hutz asegura que necesitamos más abogados. “¿Te imaginas al mundo sin abogados?”, cuestiona. En su caricaturesca nube de pensamiento, un grupo de personas de diversas etnias, credos y clases sociales cantan alegres tomadas de la mano. Él, claro, sufre escalofríos. Probá reemplazar “abogados” por “likes”. No hay mucha diferencia, ¿verdad?  

Sin likes deberíamos justificarle a alguien qué nos pareció lo que sea que haya compartido. Sin likes una noticia se valdría por sus propias cualidades y no por su capacidad de impacto. Sin likes el debate volvería a tomar protagonismo. Y lo más importante: sin likes podríamos ser honestos con nosotros mismos.