EDICIÓN U Lunes, 5 de agosto de 2019

La UNCUYO hacia el infinito

Si uno se detiene a pensar en la universidad del presente y del futuro, no puede dejar de aferrarse a las raíces.

Por Daniel Pizzi, rector de la Universidad Nacional de Cuyo

Sobre todo teniendo en cuenta que, con 80 años de historia, esas raíces indudablemente se han hecho muy fuertes.

En el caso de la UNCUYO, esa fortaleza se basa en el rigor científico que desde el primer momento se inculcó a los cientos de miles de estudiantes que pasaron por sus aulas, cualquiera fuera la carrera que cursaran. Siempre se ha pensado en buscar respuestas a los requerimientos de una sociedad cada vez más numerosa y, por lógica, más compleja y demandante.

En estas ocho décadas de vida, la Universidad Nacional de Cuyo no ha cesado de hacerse preguntas y de buscar las respuestas para contribuir con el mejoramiento en la calidad de vida de la sociedad local, pero también del país y del mundo. Si bien no siempre se llega a respuestas definitivas –uno de los aspectos más certeros de la ciencia–, es indudable el afán que distintas generaciones de docentes, investigadores y estudiantes han puesto en alcanzarlas.

Lograr calidad académica para alumnos y docentes, y así contribuir a formar profesionales de excelencia, dedicados y competentes en sus tareas, es una de las consignas mayores. Tener una permanente actitud investigativa, buscando cumplir con las premisas y el rigor científicos, es otra. Hacer extensivos a toda la sociedad decenas de programas destinados a que las comunidades vivan mejor es también fundamental.

Ese espíritu, que tuvo su raíz tangible en 1939 (aunque empezó mucho tiempo antes), es el mismo que hoy sigue mostrando la UNCUYO y continúa siendo su desafío vital.

Hoy las preguntas siguen siendo muchas; las demandas sociales, también. Las respuestas siguen emergiendo desde el obcecado empeño de investigadores, docentes, estudiantes y de todas las personas que, de una manera u otra, contribuyen con ese proceso.

Este ciclo, que se retroalimenta y que es la forma de vida que esta casa de estudios adoptó hace ya mucho tiempo, no sería posible sin el marco institucional que le da un gobierno universitario basado en la Reforma de 1918, una reforma que también actúa como raíz de una educación superior autónoma, laica, gratuita y cogobernada, que muestra el acertado rol del Estado en la preparación de nuevos profesionales y que, mediante el auspicio de la pluralidad de ideas y perspectivas, promueve la participación plena de distintos sectores ideológicos y el consenso permanente para lograr avances institucionales, académicos y sociales.

El futuro se presenta entonces con desafíos similares pero adecuados a los nuevos tiempos. Seguir buscando respuestas a las preguntas que la ciencia debe hacerse y seguir mostrando a una institución académica robusta para conseguir esas respuestas es el camino.

Esa actitud, que constituye toda una forma de vida, hoy nos permite celebrar con orgullo este octogésimo aniversario, pero también nos hace imaginar una universidad más cercana al infinito que a un final y avizorar un futuro promisorio para las nuevas generaciones, con la certeza de saber que ser de la UNCUYO es para siempre.