Opinión Jueves, 26 de septiembre de 2019 | Edición impresa

La reprimenda de Greta Thunberg, ¿debería avergonzarnos? - Por Patricia Slukich

Por Patricia Slukich - pslukich@losandes.com.ar

El lunes la joven activista sueca Greta Thunberg (16) hizo temblar al mundo con el discurso que brindó en la cumbre sobre el clima en la ONU. 

Nuestro diario contó la noticia, dio datos escalofriantes respecto al futuro del planeta, que se está volviendo peligroso para la vida a pasos agigantados: “la humanidad nunca lanzó a la atmósfera tantos gases con efecto invernadero como ahora, y se prevé que el periodo 2015-2019 será el más caluroso de la historia”, dice la nota de Los Andes.

Da pavor escuchar a una chica de 16 años contarnos que “con los niveles de emisiones actuales, los presupuestos de CO2 que quedan se habrán agotado completamente en menos de ocho años y medio”. Es escalofriante: nos quedaremos sin aire. 

Pero lo que también debería movernos a espanto -tal vez mucho más- es la reacción de los líderes y adultos, ante la reprimenda desesperada de Greta. Donald Trump, con quien la chica se cruzó en un pasillo antes de su encendida arenga, respondió con un tuit cínico sobre el buen vivir de la adolescente. 

Otros muchos desataron por las redes (esos pandemonios de violencia y escarnio en que las hemos convertido) una serie de críticas y suspicacias en torno a los gestos de Greta, sus modos de expresarse (esta niña tiene Asperger). Pero los asuntos de crítica, por parte de poderosos que integran a la humanidad contaminada con mucho más que CO2 en sangre, también apuntan a sembrar la duda sobre la credibilidad de su discurso. 

El diario La Vanguardia de España escribió: “La ‘niña verde’ tendrá que ser fuerte para soportar la pesada carga de la fama y no convertirse en otro juguete roto (...). Se la ha acusado de aliarse con familias de la realeza..., de ser un títere de lobbies que le dictan su discurso para obtener con ese mensaje descarados beneficios económicos, de tener unos padres que no serían tan inocentes como algunos creen al aprovechar el tsunami provocado por su hija para sacar también tajada económica”.

Otros, creen que Greta es una superheroína. Después de todo, tiene apenas 16 años y piensa, investiga y se expresa como una adulta; ninguna superheroína, rasgos propios de su síndrome que le permiten concentrar su energía, inteligencia y pensamiento en ese asunto que la desvela: el planeta.

Pero el asunto es que Greta no es solo Greta. Ella es voz de muchos cientos de miles de jóvenes que la acompañan y militan a la par; también aquí en nuestra provincia. Así las cosas, dejemos a la niña en paz y enfoquémonos en lo que “nos dijo” a los adultos: “Vienen todos a los jóvenes en busca de esperanza. ¿Cómo se atreven? (...) Estamos en el comienzo de una extinción masiva, y de lo único que ustedes pueden hablar es de dinero y de cuentos de hadas de crecimiento económico eterno”. 

Y esa voz pequeña y crispada por la angustia, tiene razón. ¿Cuántas veces nos escuchamos diciendo frases como: “los jóvenes nos van a salvar”, “los jóvenes son la esperanza”. Tiene razón Greta: ¿cómo nos atrevemos a cargar sobre las espaldas de nuestros niños el peso de lo que no queremos asumir?, ¿por qué seguimos celebrando como exitoso a aquel que se para en lo alto de un ranking multimillonario?, ¿por qué seguimos empecinados en creer que la felicidad está en la posesión de objetos, en el consumo ideal? 

Tal vez creemos que la culpa se limpia entregando lo que nos sobra, de eso que hemos comprado y consumido (de forma cada vez más inequitativa). ¿Y si anteponemos la reflexión?: cómo, cuánto, por qué, para qué tener... consumir. Ya la ciencia lo ha explicado largamente: el planeta no soporta nuestras fantasías paroxísticas de consumo. Entonces, una niña de 16 tiene que venir a reprendernos -a suplicarnos- que nos hagamos cargo de lo que nos toca, para garantizarle a ellos, nuestros hijos, un mundo posible. ¿Qué atrevida, no?