Opinión Sup. Economía Domingo, 2 de junio de 2019 | Edición impresa

La reactivación se demora más de lo esperado - Por Rodolfo Cavagnaro

La suba del dólar volvió a trasladarse a la inflación y para frenar este proceso el BCRA aumentó las tasas.

Por Rodolfo Cavagnaro - Especial para Los Andes

La economía viene registrando casi 24 meses de caída y se esperaba para este año una recuperación del nivel de actividad, pero hay varios elementos que han conspirado contra  ese objetivo. Por una parte, las altas tasas de inflación que generaron los aumentos tarifarios. Estos incrementos no fueron debidamente medidos en las previsiones originales y por eso sorprendieron. Este impacto inflacionario se trasladó al mercado cambiario, también impactado por la guerra entre EE.UU. y China.

El aumento del dólar volvió a trasladarse a la inflación y para frenar este proceso el Banco Central aumentó las tasas de interés con las que remunera las Leliq, que son letras de corto plazo que toma de los bancos. La idea era que las tasas superaran las expectativas de inflación pero se colocaron en niveles tan altos que agudizaron la recesión. El punto de inflexión fue el mes de marzo. 

Los datos provisorios que provee el Indec a través del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) mostraron leves crecimientos intermensuales desde el mes de diciembre pasado, aunque en marzo mostró un retroceso. Falta conocer los datos de abril para saber si el proceso se ha retomado. Las mediciones respecto a los mismos meses del año anterior hasta marzo dieron en retroceso, pero se esperan algunos datos positivos a partir de abril o mayo.

Por ahora, las esperanzas están puestas en una recuperación de los ingreso de los trabajadores generados por las nuevas paritarias que se están cerrando, mejorando de a poco el poder adquisitivo de los salarios. Por otra parte, si la inflación comienza a desacelerarse y el tipo de cambio de mantiene tranquilo y se mueve sin sobresaltos, podría esperarse una modesta recuperación. Demasiadas esperanzas potenciales pero pocas certezas que no consideran impactos externos en un marco de gran volatilidad internacional

Y decimos modesta porque para hablar de una reactivación duradera de nivel de actividad hace falta que reaparezcan el crédito y las inversiones. Si no aumentan las tasas de inversión no puede esperarse un proceso de mejora sustancial del nivel de actividad de la economía. Es imposible sustentar el crecimiento de la economía solo en el consumo interno ya que es una variable muy débil. Además, sin inversión no se crean nuevos puestos de trabajo, que pueden traccionar el consumo.

Elementos que entorpecen

La economía presenta varios aspectos que generan incertidumbre entre los que se cuenta el sistema de indexación de tarifas, impuesto por el ex ministro Aranguren y que el gobierno sostiene. En el sistema de servicios públicos, por tratarse de un sistema regulado, es vital la fijación de certezas, pero no es indexando que las mismas e logran, sino todo lo contrario.

El sistema de indexar, propio de los sistemas inflacionarios, o solucionan el problema y, aunque le arrimen alguna certidumbre a los beneficiarios, es una trampa. Indexar es ajustar valores por inflación pasada pero lo que se consigue es aumentar los costos y repetir el ciclo más adelante. La indexación es claramente una formación e inflación de costos que estira los problemas inflacionarios mucho más allá de la inercia propia del sistema.

Todos los programas de estabilización se basaron en la eliminación de la indexación, sobre todo cuando se venía de periodos de alta inflación. Esto ocurrió con el Plan Austral, que estableció el desagio, un sistema que, mediante una tabla, obligaba a descontar un porcentaje de los precios de venta que, se calculaba, era la proyección de inflación futura que estaban incluidos en los costos. También en la Convertibilidad se prohibió la indexación de los contratos. Hoy el gobierno debería ser el primero en eliminar este sistema para bajar expectativas inflacionarias.

Otro elemento que perturba es el sistema de las Letras de Liquidez, Leliq, que el Banco Central toma de los bancos para restarle liquidez al mercado. Estas letras son endeudamiento que se convierte en un déficit cuasi fiscal porque el BCRA no tiene ingresos para compensar por lo que, a la hora de pagarlas, debe emitir dinero, algo que se comprometió a no hacer. Además, la tasa de política monetaria aún es el del 70% y las Leliq no son más que inflación reprimida y promesa de inflación futura. Esta es otra forma en que el gobierno alimenta expectativas inflacionarias.

Si bien algunos economistas sostienen que representan el 50% de lo que representaban las Lebac, lo cierto es que tasa de referencia se traslada al sistema financiero y los bancos prefieren prestarle al Banco Central y no prestarles a sus clientes, porque éstos no pueden pagar semejantes costos financieros. Esta es una de las principales causas de la parálisis de la actividad económica. Los costos bancarios no son aceptables para producir y mucho menos para consumir.

Lo más razonable sería sacarlas de circulación y canjearlas con parte de los dólares recibidos del FMI. La tasa, posteriormente, se alineará en función de la demanda genuina y, dado que el dólar bajará su precio en forma abrupta, el BCRA puede recomprar los mismos para sostener su cotización  para inyectar liquidez genuina. En poco tiempo el BCRA recuperaría sus reservas y no debería volver a endeudarse más. Si se debe tomar deudas lo debe hacer el Tesoro y la autoridad monetaria limitarse a las operaciones propias de pases activos y pasivos de corto plazo u operaciones de redescuentos con las entidades financieras.

Con todos estos elementos en la mano, no hay inversiones la vista y, por lo tanto, no hay reactivación posible, aunque mejore un poco el consumo.