Mundo Miércoles, 24 de abril de 2019 | Edición impresa

La posible conexión de Sri Lanka y Christchurch

Autoridades del país asiático sostienen que los ataques en iglesias y hoteles de lujo fueron en respuesta a los asesinatos en Nueva Zelanda.

Por Emily Schmall - Agencia AP

Un alto funcionario de Sri Lanka sostuvo que los atentados del domingo que dejaron 321 muertos fueron perpetrados por fundamentalistas islámicos en aparente represalia por las masacres contra dos mezquitas efectuadas el mes pasado en Nueva Zelanda por un supremacista blanco.

El ministro de Defensa de la nación del sureste asiático dijo que el grupo Estado Islámico trató de reivindicar los ataques suicidas contra iglesias, hoteles y otros lugares.

Los comentarios hechos ante el Parlamento por Ruwan Wijewardene trascendieron poco después de que el grupo Estado Islámico dijera ser el responsable de los ataques en Colombo y sus alrededores, aunque el grupo no dio evidencias que avalen su afirmación.

 

Previamente, las autoridades de Sri Lanka habían responsabilizado del ataque al Towheed Jamaar Nacional, un grupo extremista islámico poco conocido en la isla. 

Fallas en la seguridad

El ministro dijo que los nueve ataques también ocurrieron por la “debilidad” del aparato de seguridad esrilanqués y su incapacidad para prevenirlos.

“Por el momento se ha establecido que las unidades de inteligencia estaban al tanto de este ataque y un grupo de responsables fue informado sobre el inminente ataque”, informó.  

“Sin embargo, esta información ha circulado sólo entre unos pocos funcionarios”. Wijewardene dijo que el gobierno tenía información de que los ataques fueron perpetrados “por un grupo fundamentalista islámico” en respuesta a los atentados de Christchurch el 15 de marzo en Nueva Zelanda, que dejaron 50 muertos, pero no dijo cuáles eran tales evidencias. 

Investigación

En un comunicado en respuesta a la presunta relación con los ataques de Christchurch, la oficina de la primera ministra de Nueva Zelanda Jacinda Ardern describió la investigación de Sri Lanka como “en su primera etapa”.

“Nueva Zelanda todavía no ha visto información de espionaje que podría avalar tal análisis”, dijo.  

Un supremacista blanco australiano, Brenton Harrison Tarrant, fue arrestado por la masacre de Christchurch. El Estado Islámico se atribuyó los ataques a través de su agencia noticiosa Aamaq, pero no mostró fotos ni videos de los atacantes jurando lealtad al grupo: pruebas que han dado otras veces al reivindicar ataques.

 

Ayer, en una jornada de luto nacional, se reforzó la seguridad mientras los líderes de la nación discutían las consecuencias del ataque y lo que parecía ser un enorme fallo de inteligencia.  

Por su parte, el ejército realizó detenciones con base en poderes que no empleaba desde el final de la devastadora guerra civil en 2009. Entre las 40 personas arrestadas por presuntos vínculos con los ataques del Domingo de Pascua estaban el conductor de una camioneta supuestamente empleada por los suicidas y el propietario de una vivienda donde vivían muchos de ellos, apuntaron fuentes de la investigación. 

Familias devastadas

En algunos lugares de Sri Lanka, la violencia sesgó familias enteras. El Domingo de Pascua, como acostumbraban cada domingo, Berlington Joseph Gomez y su esposa Chandrika Arumugam fueron a la iglesia Santuario de San Antonio, en Colombo.

Como siempre, llevaron a sus tres hijos: Bevon, de 9 años; Clavon, de 6; y Avon, de 11 meses. Dos días después, decenas de vecinos lloraban a toda la familia en la modesta casa del padre de Berlington, Joseph Gomez.

“Perdimos a toda una generación”, dijo Gomez. Los seis ataques, casi simultáneos en tres iglesias y tres hoteles de lujo, y tres explosiones relacionadas ocurridas más tarde el domingo, fueron los golpes más letales en más de una década en el país.  

La cifra oficial de fallecidos se elevó a 321 personas, con 500 heridos, apuntó Wijewardene. 

Inteligencia y caos político

Al parecer, la información de agencias internacionales de inteligencia sobre los planes de ataque de un grupo local Towheed Jamaar Nacional no llegaron a la oficina del primer ministro hasta después de la tragedia, lo que subrayó el caos político en los niveles más altos del gobierno.

El 11 de abril, el subinspector general de la policía, Priyalal Disanayaka, firmó una carta dirigida a los directores de cuatro agencias de seguridad esrilanquesas, a quienes advirtió de que un grupo local estaba planeando un ataque suicida en la nación.

El reporte de inteligencia que acompañaba a la carta, que después circuló por redes sociales, estaba escrito tanto en sinhala -el idioma local- como en inglés.  El texto se refirió al “National Towheed Jamaar” e informó que estaba liderado por Zahran Hashmi y que tenía como objetivo “algunas iglesias importantes” para un ataque terrorista suicida que estaba previsto que ocurriese “pronto”.

 

El informe nombró a seis hombres que podrían estar implicados en la trama de las explosiones. 

Dudas

El ministro de Salud de Sri Lanka sostuvo una copia del documento de inteligencia el lunes mientras describía su contenido, lo que planteó dudas sobre la labor de la policía para proteger a la población de un ataque. No estuvo claro de inmediato qué medidas tomaron los responsables de las agencias de seguridad. Disanayaka no respondió a llamados ni a mensajes pidiendo explicaciones ayer. 

El aumento de la seguridad era evidente en un aeropuerto internacional ubicado a las afueras de la capital, donde la policía patrullaba con perros detectores de explosivos, revisando los maleteros de los autos e interrogando a los conductores en carreteras cercanas.  

Se ordenó que cualquiera que dejara un vehículo estacionado en la calle sin supervisión debía dejar una nota con su número de teléfono en el parabrisas.  

En tanto, los carteros no aceptaban paquetes envueltos previamente. El bloqueo en la mayoría de las redes sociales desde los ataques dejó un vacío de información, alimentando la confusión y dando poca seguridad sobre el final del peligro.  

Las calles del centro de Colombo estaban en su mayoría desiertas ayer y muchas tiendas seguían cerradas mientras soldados armados hacían guardia.