Sociedad Domingo, 26 de enero de 2020 | Edición impresa

La noche mendocina: pocas peleas y fuertes controles en los boliches

Si bien los jóvenes no están ajenos a riñas y al consumo de alcohol, autoridades en que no se producen desmanes como los de Villa Gesell.

Por Ignacio de la Rosa - idelarosa@losandes.com.ar

En el país no se habla de otra cosa. La brutal y cobarde agresión en manada cometida por un grupo de rugbiers, que derivó en el asesinato de Fernando Báez Sosa (19) a la salida de un boliche de Villa Gesell, volvió a poner bajo la lupa la conducta de los jóvenes en la noche, la incidencia del consumo excesivo de alcohol y la seguridad en los locales de diversión nocturna. 

Mendoza y sus jóvenes no están del todo ajenos a este tipo trifulcas, que suelen iniciarse en el interior de los boliches y que tienen continuidad afuera. No son conflictos que se registren todos los fines de semana y suelen desactivarse rápidamente y sin grandes consecuencias. Pero se dan.

 

Tanto dueños de boliches mendocinos como vecinos de las “zonas bolicheras”, encargados de empresas de seguridad, autoridades provinciales y municipales, y hasta los mismos habitués de estos espacios coinciden en que la Ley de Diversión Nocturna y los constantes controles en estos locales e inmediaciones llevan a que se trate de hechos excepcionales. Y coinciden en que “difícilmente” pueda registrarse un episodio similar a la barbarie que terminó con la vida del joven de 19 años.

Operativos. Las multas por alcoholemia desalientan el consumo. | Archivo / Los Andes

Mayor presencia policial en las zonas -potenciada por el endurecimiento en los controles y las multas para quienes manejan con más alcohol en sangre del permitido-, controles en el interior de los locales y periferia también a cargo del personal de seguridad de los boliches (“patovicas”) y el registro obligatorio para todas las personas que cumplan esta función -con controles y preparación obligatorios- son algunos de los elementos que llevan a que los encontronazos no lleguen a mayores.

 

“He visto iniciaciones de peleas en los boliches y logran controlarlas. Hace unos días en la puerta de ‘Grita’ (Chacras) hubo un intento de pelea, pero había policías en el lugar y pararon a los pibes. En la puerta de Iskra también hay un control y pasa lo mismo”, destacó Marcos, un joven mendocino que frecuenta boliches.

Entre quienes viven en las inmediaciones de estos locales, los testimonios también redundan en la relativa tranquilidad y en el descenso de peleas grupales. Aunque se convierte en algo relativo, y que depende de la zona y del público de cada local.

 

Los conductores asociados a plataformas electrónicas -como Uber- también tienen una marcada presencia como testigos. De hecho, reconocen que, a raíz del aumento en las multas, han tenido un incremento en su trabajo para trasladar a los jóvenes. 

“Cosas como las que pasaron en Gesell no pasan acá. Hay muchos controles policiales, y creo que la gente en general está más concientizada. Tienen que ver mucho los boliches. En cada uno hay controles policiales, que intervienen cuando empieza una pelea”, destacó Jorge Sandri, quien trabaja con Uber.

 

Controles rigurosos

La ruta Panamericana (Luján) nuclea la zona con mayor cantidad de boliches, por lo que viernes y sábados recibe a una multitud. “Desde los Caracoles hasta la última rotonda tenemos un puesto fijo en una garita y tres controles más. A ello se suman dos parejas de agentes que en seis motos están yendo y viniendo permanentemente. También hay estacionamiento medido y es gente que hace prevención y avisa a los inspectores cuando hay situaciones conflictivas”, destacó el subsecretario de Seguridad Ciudadana y Tránsito de Luján de Cuyo, Héctor Garzón.

“Hace unos años eran muy comunes las peleas y gritos acá. Pero ahora no hay casi nada. La presencia de policías y controles ha contribuido con eso. A lo sumo hay autos que pasan a toda velocidad y frenan de golpe en las calles de tierra”, destacó Valentina, quien vive en el barrio Santa Elena de Luján.

 

“La conflictividad ha disminuido gracias a medidas como el control de horarios de entrada y salida, de venta de alcohol y de capacidad. Al cortarse a las 4.30 el expendio de bebidas, los jóvenes no salen tan alcoholizados. Y el mismo endurecimiento de las multas y controles ha llevado a que consuman menos también”, destacó el secretario de Relaciones con la Comunidad del Ministerio de Seguridad, Néstor Majul.

“La ley establece que haya dos guardias de seguridad por cada 80 personas en la capacidad del local. Esto se exige de acuerdo al factor ocupacional. Es decir, si la capacidad es de 300 personas, deben haber cuatro guardias -y de ambos sexos- aunque haya sólo 150 personas en el momento”, explicó Majul, quien resaltó que pasaron de tener cuatro inspectores a 31. 

 

En el resto del Gran Mendoza también hay zonas en las que se encuentran otros locales bailables. En algunas, el nivel de conflicto es un poco más alto. “Ahora se ha calmado un poco. Pero cada tanto se arma algún bardo. Se han llegado a pelear hasta chicas y le han pegado a embarazadas”, destacó Federico, vecino de un pub ubicado en San Juan y República de Siria, en Ciudad.

Personal más preparado

El Registro Provincial de Empresas de Vigilancia Privada (Repriv) cuenta con más de 9.000 inscriptos en Mendoza. Por ley, todos los guardias de seguridad privada -no sólo de boliches- deben estar inscriptos en él. Y es una de las exigencias que se controlan en los establecimientos nocturnos  mendocinos. 

 

“Cada dos años se exige que la persona se someta a un examen psicofísico, mientras que de forma anual tienen que tramitar el certificado de antecedentes penales. El Gobierno controla, y los muchachos suelen trabajar bien. Por ejemplo, si hay una pelea dentro del boliche, se separa a los grupos. Si hay que sacarlos del lugar, se saca primero a uno. Y cuando ya está calmada la situación, se saca al otro. Además, se suelen contratar dos policías que están en la puerta del boliche, atentos a lo que pasa en las inmediaciones. En Mendoza son excepcionales este tipo de situaciones”, destacó Claudio Cardozo, propietario de la empresa de seguridad privada Consegur y dueño de algunos boliches y locales.

“Después de las 4.30 reforzamos la puerta porque es la hora de salida y el momento en que suelen darse los problemas ya que los jóvenes han consumido mucho alcohol también”, indicó Pastor (como se lo conoce en el ambiente). “Los controles son estrictos, y los guardias y policías sabemos que la vereda también es parte del boliche. Hace un mes, en Chacras, hubo un inicio de piñadera y lo frenamos”, concluyó Cardozo.

 

Entre las personas que suelen frecuentar los boliches, también se percibe esta “humanización” por parte del personal de seguridad. “Hace poco, a una chica que conozco la encontraron casi inconsciente en el baño del boliche porque había tomado mucho. Unas mujeres de seguridad la sacaron, la acompañaron y se quedaron con ella hasta que se puso un poco mejor”, ejemplificó Valentina.

Martín Tassin también es propietario de una empresa de seguridad privada y se ha dedicado al rubro de diversión nocturna. “Hace 5 años trabajamos no sólo en los boliches, sino también en las inmediaciones para evitar que se agarren los grupitos en la calle cuando salgan”, destacó Tassin, quien indicó que en los lugares donde trabaja hay uno de los empleados con una cámara portátil que registra todo lo que ocurre.

 

“Antes había 7.000 o 10.000 personas en un lugar que no tenía esa capacidad y había 70 guardias. Pero eso se reguló. El Ministerio de Seguridad exige cámaras en los boliches y controla”, concluyó.

“Los controles ayudan a reducir la violencia”

Todos los viernes por la noche, Andrés Villouta y su familia se instalan en la rotonda de la bajada de los Caracoles de Chacras de Coria. Allí están desde que los jóvenes llegan hasta que salen de los boliches, concientizando sobre la importancia de no beber alcohol si se conduce.

 

El 26 de agosto de 2017 su hijo Alan murió tras ser atropellado por Alejandro Verdenelli en el Acceso Sur y desde ese día inició su cruzada.

“En la gente encontramos respeto, por lo general. Y no se observan situaciones violentas. Nosotros entregamos panfletos y le decimos a la gente que se acuerde de que en la casa los están esperando”, destacó Villouta respecto a las postales con que se encuentra en la zona de boliches.

 

“Los controles ayudan a reducir los accidentes de tránsito y hay gente que no bebe alcohol por la multa. Pero también ayudan a reducir cualquier situación violenta”, concluyó..

Prevención

La mayor presencia policial en zonas donde se ubican boliches es potenciada por el endurecimiento en los controles y las multas para quienes manejan con más alcohol en sangre del permitido. 

 


 
Los controles en el interior de los locales bailables y en la periferia están a cargo del personal de seguridad de los boliches y de policías. Evitan que los conflictos continúen en la calle. 
 
El registro obligatorio para “patovicas” y guardias permite control y preparación obligatorios. Además del examen psicofísico cada dos años, quienes cumplen tareas de seguridad deben tramitar el certificado de antecedentes penales de forma anual. El Gobierno provincial se encarga de monitorearlos.