Opinión Domingo, 22 de marzo de 2020 | Edición impresa

La muralla contra el virus - Por José Luis Toso

Por José Luis Toso - jtoso@losandes.com.ar

La confirmación del primer caso de coronavirus en Mendoza no solo era esperada por el Gobernador y sus colaboradores; justificó el estricto control que desde un primer momento pretendió imponer Suárez alertado por la fuerte propagación del virus.

El gobierno local se propuso desde el comienzo de la pandemia extremar medidas, pero, como ya se indicara en su momento, buscaba actuar con prontitud, sí, pero procurando no producir pánico en la sociedad. -En cambio hoy el jefe del Ejecutivo no puede ocultar su enojo por los casos de personas o comercios que no cumplen con lo que se ha dispuesto en materia de aislamiento.

El día a día del coronavirus fue exigiendo un cambio de actitud para no quedar detrás de los hechos en Mendoza y por ello la misma noche del domingo pasado, luego de la primera aparición del presidente Fernández para anticipar que se aplicarían medidas extremas de prevención, Suárez no dudó en sugerir (o reclamar) a las autoridades nacionales el cierre de operaciones en el aeropuerto de El Plumerillo, entre otras disposiciones de incumbencia nacional o provincial. Y el punto más alto de las decisiones fue esa suerte de “blindaje” de la provincia dispuesto el martes, cuando decidió por decreto aplicar cuarentena obligatoria  a extranjeros y argentinos, incluyendo a mendocinos, provenientes de otras provincias. Una postura que fue rápidamente imitada por otros gobernadores. Luego, la anulación de vuelos de cabotaje y viajes de larga distancia en ómnibus y en tren y la posterior cuarentena general hasta el 31 de marzo fijada por el Ejecutivo nacional terminaron de darle la razón a las medidas de Suárez.

Quienes comparten con él muchas horas de trabajo, señalan que el Gobernador se encuentra muy tranquilo a pesar del bravo momento, pero activo y seguro de las decisiones que debe lanzar. De ninguna manera decide en soledad. No se aparta de su concepto del consenso y eso lleva a cabo con sus ministros y secretarios cercanos. “Aquí no hay biblioteca para consultar. Dependés de tu intuición política y básicamente de lo que te aportan médicos y científicos”, sintetizaba un colaborador de Suárez sobre el abordaje de la pandemia. El viernes el Gobernador mantuvo una reunión muy extensa con su equipo, en la que escuchó el punto de vista de los titulares de cada área del Gobierno y pidió que no haya superposiciones para la toma de decisiones. Luego dispuso que cada uno siguiera en contacto desde su domicilio para sumar al aislamiento dispuesto. Hay funcionarios que, obviamente, deben dedicar más tiempo a la calle, como los de las áreas de Seguridad y de Turismo. El trabajo a distancia (por Internet) se extiende al ámbito legislativo, donde no descartan tener que participar por alguna inquietud del Gobierno que necesite el visto bueno de las cámaras.

Suárez se suma a otros gobernadores radicales de Mendoza que tuvieron que enfrentar hechos ingratos y hasta dramáticos en sus gestiones. A Felipe Llaver lo sorprendió el terremoto del 26 de enero de 1985, con consecuencias sociales y de infraestructura muy serias para aquella época. Roberto Iglesias debió transitar en medio de la crisis institucional y económica de 2001, con el agregado descrédito de la clase política entre la mayoría de la sociedad. En este caso, el dolor de cabeza es curiosamente compartido; el drama es mundial. Pero no deja de ser una oportunidad para demostrar mando y astucia ante la adversidad.

Así como al presidente Alberto Fernández la coyuntura le permitirá consolidar su liderazgo político y, por qué no, su imagen pública si el resultado del operativo fuese positivo en la Argentina (mucho dependerá de la extensión y de las consecuencias económicas), para el gobernador mendocino ésta sí puede ser la gran chance de revertir la sensación de derrota que dejó el debate minero y la impotencia de no poder destrabar el nudo que sobre el endeudamiento pretendido hizo el justicialismo.

Son días de una calma política impensada en la Argentina. La realidad hace que resulte muy difícil ensayar alguna crítica a la gestión para enfrentar al coronavirus y cuidar a la sociedad. Prácticamente nadie se anima a cuestionar: ni los que ahora son oposición nacional ni los que gobiernan y a veces se ven tentados a marcar alguna cuestión de la herencia macrista, en esta coyuntura en cuestiones de salud pública. El avance devastador de la peste tiende a que se fortalezcan los gobernantes y que poco se los cuestione.

El encolumnamiento opositor con el gobierno de Fernández es destacable en este momento, aun sabiendo que si todo sale en forma correcta la gestión del Frente de Todos quedará bien ponderada. En realidad, desde el Congreso la oposición radical-macrista ha sido hasta ahora, salvo fundadas excepciones, solidaria con la nueva gestión.

No piensan lo mismo muchos radicales mendocinos sobre la oposición justicialista al gobierno de Suárez; la negativa a la toma de deuda y al roll over aún resultan inentendibles para el oficialismo. La desconfianza quedará cuando se reanude la actividad una vez superada la actual crisis. Salvo que ésta se prolongue mucho y el tiempo termine limando las actuales asperezas. Del lado del Frente de Todos local hay más énfasis en destacar la gestión nacional en la actual emergencia; el respaldo a Suárez está, pero en un segundo plano. Miradas y gestos que, en definitiva, no tiene mucho valor poner de manifiesto en situaciones extremas como las que nos toca vivir.

La gran apuesta del gobierno provincial es conseguir que Mendoza no resulte fácilmente vulnerable ante los embates del virus. ¿Qué otra cosa puede importar?