Opinión Sábado, 21 de diciembre de 2019 | Edición impresa

La minería no salvará a Mendoza - Por Rodolfo Cavagnaro

Los yacimientos mendocinos requieren un trabajo de prospección para determinar su verdadero potencial.

Por Rodolfo Cavagnaro - Especial para Los Andes

Ante la modificación de la ley 7.722 algunos levantan voces de alerta y otros sueñan con un fuerte crecimiento. Pero la realidad es que, salvo explotaciones hechas hasta la década de los ‘60 del siglo pasado, la actividad nunca pasó de los básicos como rocas de aplicación, yeso o pórfidos.

En aquella década, Fabricaciones Militares desarrolló el Plan Cordillerano, que fue la última vez que hizo un verdadero mapeo de minerales, que detallaba metales presentes pero que requerían de programa de prospección para determinar los volúmenes y la características de cada yacimiento para saber si era rentable su explotación. Salvo en el Norte argentino, no se conocieron resultados en el resto de la cordillera.

Por distintas razones nada se hizo y, lo más grave, es que nadie sabe dónde están esos estudios. Lo cierto es que la minería, más allá del esfuerzo de algunos geólogos, recién llamó la atención a partir de la ley de Promoción Minera, sancionada en el gobierno de Menem, pero estalló a partir de 2001 cuando, además de la fuerte devaluación en Argentina, se produjo una devaluación del dólar y un aumento de los precios de las materias primas por la demanda de China.

Los yacimientos de Mendoza, evidentemente, no tenían la misma atractividad económica que los de San Juan, Catamarca o La Rioja, pero tendría escalas menores que podrían ser accesibles. No obstante, requieren un trabajo de prospección para determinar su verdadero potencial.

Todo esto indica que puede pasar mucho tiempo hasta que comiencen algunas explotaciones y que las mismas generen algo de actividad económica. Pero algo debe quedar claro: la minería no salvará a Mendoza, puede ser otra actividad económica y seguir ampliando la matriz productiva, pero esto exige, además, seguir trabajando en mejorar la productividad del resto de las actividades, que vienen muy deficientes.