Sociedad Domingo, 6 de octubre de 2019 | Edición impresa

La historia de Mendoza, contada a través del diseño

Con el libro “Intermitencia”, dos investigadores realizaron un trabajo inédito en la provincia, que está a punto de ser publicado.

Por Ignacio de la Rosa - idelarosa@losandes.com.ar

El diseño es más que una disciplina estética. Es historia, cultura e identidad de un lugar y de su gente y atraviesa transversalmente todos estos aspectos. “Intermitencia” es el libro de Wustavo Quiroga (38) y Juan Ruades (32), dos investigadores que se pusieron como meta completar un trabajo inédito en Mendoza: retratar la historia local desde la óptica del diseño. El libro está terminado y listo para ser publicado, sólo aguarda por los últimos fondos imprescindibles para entrar a la imprenta.

 

“Hay que entender al diseño como una estrategia potente. No es sólo marketing, sino que es un elemento que encierra la identidad. El diseño es transversal y cruza la economía y la cultura de un lugar. Tiene que ser la excusa para repensar hacia dónde vamos”, sintetiza Wustavo Quiroga, quien es ideólogo, autor y editor del trabajo junto con Ruades, a quienes ayudaron un grupo de colaboradores.

“La idea que se tiene del diseño es más formal y estética, pero es un concepto muy alejado del poder que realmente tiene porque abarca a todos los ámbitos: comunicación, política, hábitat. Todos estos aspectos encuentran en el diseño un agente de cambio fundamental. Hay ciertos aspectos, como la vitivinicultura u otros procesos políticos e industriales, que tienen una vinculación directa con el diseño”, destaca Ruades y resalta la relevancia de Mendoza como cuna del diseño con dos hitos trascendentales: la Feria de América en 1954 -considerado el primer evento de diseño integral- y la creación de la primera Escuela de Diseño del país, en 1958.

 

Antes y después

La ambiciosa investigación de Quiroga y Ruades no es un trabajo más. Tomó casi 15 años y en 400 páginas se engloba toda la historia, la huella y la identidad del diseño mendocino. Cada década estuvo marcada en la provincia por acontecimientos históricos y culturales.

“La idea que existía de diseño entre las décadas del ‘30 y del ‘50 nada tiene que ver con la que se tenía en los ‘90 -con la aparición de las computadoras y las nuevas tecnologías de impresión, como el ploteo- y ni hablar con la que se tiene hoy, donde hasta los alimentos están cruzados por el diseño”, dice Quiroga, diseñador industrial dedicado a la gestión cultural, la investigación y las estrategias culturales.

 

“Entre las décadas del ‘30 y del ‘50, en Mendoza empezamos a comprender y planificar. Surgieron los primeros arquitectos innovadores y es la época en que los hermanos Civit planificaron el hospital Central, las Playas Serranas y el barrio Cano. Son todos proyectos sociales y arquitectónicos vanguardistas, que combinaban arquitectura y diseño, donde el mobiliario, por ejemplo, estaba integrado a todos los elementos”.

La mencionada Feria de América de 1954 marcó una bisagra; se montó en el parque General San Martín y por primera vez se evidenció no sólo a la gráfica sino a la construcción y el mobiliario atravesados por el diseño. Este evento tuvo su correlato en 1958 con la creación de la Escuela de Diseño en Mendoza. “Terminó de madurar lo que había empezado 4 años antes, aunque desde entonces, la provincia no ha sabido aprovechar la cantidad de buenos diseñadores. Así, algunos se dedicaron a ser profesores y otros se fueron”, agrega Quiroga.

 

“Antes de la Escuela, el diseño gráfico estaba a cargo de artistas y el de mobiliario de los arquitectos. La antesala a este hito estuvo signada por la circulación de ideas de la mano de personajes que venían de Buenos Aires o del mundo y de cierta bibliografía de vanguardia. Un espacio fundamental de ese período fue la escuela de Cerámica, dirigida por César Janello, donde surgieron las primeras piezas de arte aplicado y de diseño”, agrega Ruades, arquitecto y periodista.

Partiendo desde la base de que el diseño es un concepto amplio, Quiroga recurrió a los aspectos fundacionales de la provincia para explayarse. “Por los terremotos, Mendoza tuvo que refundar desde siempre varias cosas. Luego del terremoto de San Juan, por ejemplo, hubo que hacer la ciudad de nuevo. Y se hizo ya no sólo poniendo un ladrillo encima del otro, sino configurando todo: urbanismo, arquitectura y diseño”, explica Quiroga.

 

Entre 1958 y 1975, en tanto, se vio en Mendoza el proceso germinal de la Escuela de Diseño. “Empezó a verse cómo la universidad intentaba vincularse con la sociedad por medio de exposiciones y asesoramiento a las empresas. Esto se da en pleno intento de modelo desarrollista a nivel nacional. Por entonces había una fuerte presencia de la arquitectura integral, propiciada por sociedades entre arquitectos y artistas. como Luis Casnati y Luis Quesada”, recapitula Ruades. 

La dictadura, el resurgir y la vitivinicultura

Otro de los apartados del trabajo de los investigadores tiene como eje a la gráfica durante la dictadura y en los años posteriores.

“En la dictadura, la gráfica era mucho más oscura en contraste con la ‘primavera alfonsinista’. En el medio, el Mundial 78 sirvió como excusa para que Mendoza se modernizara. También en esas épocas se empezó a trabajar en las marcas regionales. Y aquí entra con fuerza el diseño”, cuenta el arquitecto.

 

La vitivinicultura también entabló un diálogo firme con el diseño en la década del ‘80. "El cambio del modelo productivo de la vitivinicultura -de uno cuantitativo de baja calidad a uno de mayor calidad- repercute en la imagen de las etiquetas y, por ende, el diseño empieza a tomar un rol protagónico que luego se potenciará con la devaluación y el impulso exportador", destaca Ruades y acota que su incidencia no empieza y termina en la etiqueta sino que llega hasta la Fiesta de la Vendimia. 

En la misma sintonía, Quiroga amplía el panorama y en cómo el diseño dejó -y deja- su huella en las bodegas. “El mobiliario, la cartelería, la estructura todo está hecho con una coherencia. De esta forma entró Mendoza al mapa como capital del diseño”, acota.

 

Ocaso y cambio de siglo

Los autores del libro resaltaron que en los ‘90 se evidenció una especie de doble cara en la provincia. “Por un lado se observó una desindustrialización y por el otro lado, los diseñadores gráficos encontraron un espacio en marcas corporativas, de la mano de las privatizaciones”, sintetiza Ruades.

Desde 2002 en adelante, el análisis del diseño se encuentra marcado -al igual que el de toda la sociedad- por el post estallido social. “Primero, se observa una atomización de la oferta. La sociedad ya es otra; a nivel mundial surgen distintos movimientos y las expresiones se canalizan a través de conceptos emergentes como el de las industrias culturales. Aparecen muchas industrias nuevas de la mano de la tecnología y los nuevos intereses y modos de habitar, consumir y hasta entretenerse. En la actualidad, el diseño se diversificó en Mendoza y ya no es sólo gráfico o mobiliario. Hoy en Mendoza se hacen videojuegos e indumentaria y muchos profesionales trabajan desde acá hacia el extranjero”, sintetiza Juan Ruades.

 

Premio a Los Andes por su aporte

El libro Intermitencia fue presentado el martes pasado en la Nave Universitaria, en el contexto del evento Mundaneum. En la misma ceremonia se distinguió a Los Andes por su aporte histórico y actual al diseño mendocino.

“Se reconoció a diario Los Andes porque es el de mayor historia de la provincia y porque se supo aggiornar al contexto y al modo. Es como el diseño, que se acomoda al contexto”, destacó Wustavo Quiroga.

 

Además, resaltó el rediseño de la marca de Los Andes y la creación del suplemento de Economía en la década del 90, entre otras cosas. “La conversión al digital, la adaptación al formato, los suplementos e infografías, todas estas cosas se fueron articulando”, sintetizó.