+ Deportes Domingo, 29 de diciembre de 2019 | Edición impresa

La herencia: el hijo de Lebron es la sensación del secundario

Bronny James desató una revolución en Sierra Canyon, colegio secundario de Los Ángeles, donde juega.

Por Redacción LA

Columbus, Ohio. La capital del estado ubicado al Este de Estados Unidos está revolucionada. Así viene pasando en cada ciudad donde se presenta la nueva sensación del deporte estadounidense, un tal Bronny James, hoy –y al menos por ahora- más conocido como el hijo del gran LeBron y, a la vez, como la puerta de ingreso de muchas empresas para seducir a la masa de adolescentes consumistas. En esta ocasión la fiebre es incluso mayor y no es para menos. Se juega el partido más esperado de la noche en todo el país. Más incluso que cualquiera de los ocho juegos que aquel sábado hay en la NBA. Primero porque el duelo es justamente en el estado donde creció el Rey y enfrentará nada menos que al Príncipe heredero contra al alma mater de papá, St. Vincent-St. Mary, el secundario donde James empezó a ser conocido nacionalmente.

El high school de Akron está invicto (3-0), igual que Sierra Canyon, el famoso colegio privado de Los Angeles del que hablan todos hace años porque siempre recluta a buena parte de los mejores prospectos nacionales, en especial hijos de figuras NBA, como ahora pasa con Bronny y Zaire Wade, el hijo de Dwyane, ex estrella del Heat. Un choque entre dos de los mejores programas del país que promete mucho más que básquet. Por eso 262 periodistas se acreditaron para presenciar el encuentro, incluyendo medios top como el New York Times y el Washington Post. Tampoco sorprende que en el Nationwide Arena haya largas filas desde temprano y cuando el partido da comienzo, el estadio se encuentre casi lleno, con 13.000 personas (la capacidad es de 19.000). Una locura pensando que es un partido de chicos menores de 18 años que ni siquiera han llegado a una universidad. Y, sobre todo, si sumamos que el partido es televisado para todo Estados Unidos...

 

La multitud explota cuando Bronny entra a la cancha y se genera un pandemonium cuando el padre más famoso ingresa al estadio, luego de fletar un vuelo charter para llegar desde Miami -tras vencer a los Heat- aprovechando el día libre. 

“Si me preguntás qué es lo único que apesta en esta temporada es que mi hijo haya jugado siete partidos y yo no haya podido ir a ninguno. Yo amo lo que hago y no tomo lo que me sucede como algo natural, vivir este momento es un sueño hecho realidad, pero perderme momentos con mis hijos es duro, me cuesta: el otro día a mi hija en gimnasia, a Bryce (el menor) en su primer partido en Orlando y lo de Bronny en este comienzo en el secundario. Lo entiendo, pero apesta”, asevera LeBron. El padre no quiso faltar al octavo, sobre todo por lo que significaba.

Referente. LeBron vive cada juego de Bronny con intensidad y suele aconsejarlo. | Gentileza

LeBron y su esposa Savannah están allí como padres más que como celebridades. Pegados a la raya, sufren por su hijo. Y festejan cada acción positiva. Hay clima de partido importante, como si fuera de playoffs. Y Bronny responde, con sangre fría, bajo presión. Como papá. “Estaba más nervioso que él”, asegura LeBron.

Al nene, sin embargo, no lo intimida que todos lo hayan venido a ver o que millones lo vayan a seguir por TV. Ni que sean sus primeros partidos de high school o que, a los 15 años, otorgue hasta tres de ventaja con algunos rivales. Tampoco que su padre esté por primera vez en la platea en este inicio en Sierra Canyon. Ni ser, justamente, el hijo de un verdadero monstruo, un ícono mundial que dominó la NBA por años y hoy puede sentarse en la mesa de los cinco mejores de la historia. 

El partido le llega, como si fuera un designio del destino, en el final. Cuando todo se decide. Bronny surge, se hace grande para robar una pelota clave a 39 segundos en un saque de costado y poner el doble de la ventaja tras una carrera furiosa. 

 

Al costado, el clan James enloquece, en especial papá, dando saltos, tirando dos piñas al aire y gritando por esa anotación decisiva. Sus 15 puntos, con esa canasta decisiva, le valen el triunfo por 59-56 y llevarse el MVP (Jugador Más Valioso). Entonces, con el trofeo en mano, posa feliz junto a su padre. Ambos con la misma sonrisa. Porque, más allá que no usen el mismo número de camiseta (el adolescente se decantó por el N° 0), las similitudes brotan solas cuando se los ve en cancha, sobre todo en gestos, sonrisas y protestas.

Todos lo miran, pero el pibe no quiere sobresalir y por eso sólo se apega a los fundamentos del juego, a cómo lo siente. A cómo juega LeBron, quien seguramente ha repetido estos consejos durante años. Cuando llega la doble marca, la pasa. Cuando debe tirar, lo hace. Y cuando hay que defender, se arremanga; no hay dudas que allí está la mano de su padre. 

Papá se siente bendecido. De lo que está viviendo Bronny y de haber podido presenciar una noche que se pareció más a un guión digno de Hollywood. “Realmente sentí un sentimiento surrealista. Fue muy especial ver a mi hijo jugar en mi estado, contra mi alma mater, que todavía está siendo dirigida por mi mentor y figura paterna de la infancia. Es un cuento para un libro. Para mí, estar en el estadio, fue muy especial. Estaba muy nervioso por él, lo admito, pero a él lo vi controlado y tranquilo. Fue una noche increíble”, escribió Lebron en su cuenta de Instagram.

Bronny es hoy, dando ventajas de edad, un buen jugador, un suplente importante que podría alternar como titular y, sobre todo, un chico con personalidad y mentalidad para estar en los momentos calientes y cerrar los partidos. Tiene un tiro más refinado que su padre a esta edad, aunque claro, aún carece del resto de los atributos, sobre todo los físicos que exhibía LeBron a esta edad. Estamos hablando de quien, para muchos, es el mejor jugador de la historia de los secundarios en Estados Unidos. Sin embargo, papá asegura que Bronny es mejor que él a los 15, que tiene un mejor lanzamiento y pasa mejor la pelota. Incluso escribió la frase “heredero al trono”, tras el debut de su hijo, como para sumarle –si faltara- algo de presión. Una presión que el mismo padre asumió haberle puesto antes de nacer. Sólo con la elección del nombre: LeBron Jr. 
 

 

El básquet siempre copó sus sentidos

LeBron Raymone James Junior nació el 6 de octubre del 2004, en Cleveland, mientras su padre, de apenas 19 años, comenzaba su segunda temporada en la NBA tras haber sido el Rookie del Año en la anterior (promedió 21 puntos, 6 asistencias y 5.5 rebotes). Bronny es el mayor de tres hermanos que tuvo la pareja conformada por LeBron y Savannah Brinson, dos chicos de Akron que se conocieron en el 2000 cuando él ya era una figura del secundario y ella estudiaba en otra escuela pública (la archienemiga de St. Vincent-St. Mary, el Buchtel Community Learning Center). Ella era animadora y LeBron la vio en un partido de fútbol americano. La invitó a salir. Se casaron en 2013 y llevan casi 20 años juntos.

Bronny pasó los primeros seis años en Cleveland y luego, cuando su padre se fue al Heat, vivió los siguientes cuatro en Miami. El regreso de James a los Cavs en 2014 hizo que la familia volviera al estado donde empezó todo. En la infancia, Bronny probó -como su padre- con varios deportes, incluido el fútbol, pero aseguran que LeBron le pidió no intentar con dos, el fútbol americano y el hóckey sobre hielo, por un tema de seguridad. Fue en Miami cuando el nene comenzó a competir en la disciplina que hoy lo tiene como uno de los proyectos más interesantes de la actualidad: el básquet.