Arquitectura Viernes, 7 de junio de 2019

La Galería Tonsa, rascacielos con pasaje comercial

Por la integración de arte y arquitectura, en su tiempo fue comparada con las grandes galerías de las calles Florida, Santa Fe y Corrientes.

Por Carlos Sala, arquitecto. Magister en Historia y Cultura de la Arquitectura y la Ciudad.

Las galerías comerciales surgieron en París a fines del siglo XVIII y a lo largo del siglo XIX su desarrollo fue ganando cada vez mayor escala y complejidad. Dentro de los ejemplos más notables se encuentran las “Galerías Saint Hubert” en Bruselas y la “Galería Vittorio Emanuele II” en Milán.

A mediados del siglo XIX en Mendoza comenzó a construirse el “Pasaje Sotomayor”. Este edificio, iniciado en 1858, contaba en su planta baja, según Silvia Cirvini, con una calle peatonal central de ocho varas de ancho que alojaba las mejores tiendas de la ciudad y con dos pisos altos que contenían un hotel.

Las torres en construcción.

Las obras no estaban completamente terminadas cuando en 1861 la edificación fue destruida por el terremoto que devastó la ciudad colonial. Iniciado ya el siglo XX, se generó un nuevo tipo: el rascacielos con pasaje comercial en su planta baja. Tal es el caso de las “Galerías Güemes” y el “Pasaje Barolo”, ubicados en Buenos Aires. En la década del  20 el bodeguero y comerciante español Miguel Escorihuela Gascón encargó la construcción del “Pasaje San Martín”. Con esta obra, Mendoza contó por fin con sus galerías comerciales cubiertas al estilo europeo.

A mediados de los años 50 la ciudad dio un nuevo salto en la altura de su construcción, con edificios que superaron los diez pisos y que en muchos casos incorporaron galerías comerciales en sus plantas bajas: la Galería Kolton (1958), las Galerías Piazza (1958-1966) y, como ejemplo más sobresaliente, la Galería Tonsa (1958-61). Todas ellas conformaron una red peatonal que se superpuso a la trama vial existente, multiplicando y densificando la superficie comercial en el centro urbano.

Irving Tow y la creación de la Galería Tonsa

La “Tonsa” fue impulsada por Irving Tow, presidente de la cadena de zapaterías Tonsa y exportador de calzado a los Estados Unidos. La obra fue proyectada por el ingeniero Germán Gutman y construida por la empresa Lucas Sarcinella e Hijos. La piedra fundamental se colocó el 17 de marzo de 1958, un siglo después del Pasaje Sotomayor. Se trabajó a ritmo acelerado y en el lapso de 3 años ya estaban inauguradas todas sus instalaciones. En su momento constituyó la estructura antisísmica más grande de Cuyo y la galería más extensa no solo de la Argentina, sino de toda Latinoamérica, teniendo en cuenta que su recorrido total sumaba medio kilómetro. Para su construcción se emplearon 12 mil toneladas de cemento.

El conjunto de edificios de la Galería Tonsa constituye una unidad tridimensional en la que un basamento y tres monoblocks se conjugan armoniosamente. Desde el punto de vista funcional cada uno de los cuatro volúmenes se resolvió de manera independiente y con accesos diferenciados. El basamento cubrió toda la superficie del terreno de 5 mil metros cuadrados y en sus tres niveles albergó los usos comerciales y de recreación.

En él se ubicó una galería en forma de T, con un brazo mayor de 185 metros de largo que conectó la avenida San Martín con la calle San Juan. Además, un brazo menor conectó con calle Catamarca. En la intersección de ambas calles internas se generó un espacio de triple altura, a modo de rotonda, cubierta por una gran cúpula de hormigón, con una fuente de aguas danzantes y un mural realizado por los artistas plásticos José Bermúdez, Luis Quesada y Mario Vicente que se desplegó en los tres niveles.

En la rotonda funcionó la concurrida confitería “Vía Veneto”, que pronto se convirtió en lugar de reunión social de los mendocinos. Un total de 150 locales comerciales se dispusieron a lo largo de dos plantas a las que se accede ascendiendo o descendiendo medio nivel desde las calles públicas. Estos fueron ocupados en las primeras décadas por los negocios más prestigiosos de Mendoza.

En el subsuelo de la Galería Tonsa se instaló inicialmente el supermercado Persian de “estilo norteamericano” bajo la modalidad de self-service, que con sus 1.700 metros cuadrados de superficie fue pionero en su tipo en la Argentina y el más grande de Sudamérica. A éste se ingresaba desde la galería por las primeras escaleras mecánicas instaladas en la ciudad y actuó como “ancla” del conjunto al igual que el cine-teatro City, con capacidad para 2.400 espectadores, ubicado en el nivel superior del paseo. Inaugurado en 1960 luego cambió su nombre por Cinerama. Sobre el basamento se alzaron tres monoblocks: dos torres de catorce pisos destinadas a vivienda y una de nueve pisos destinada a oficinas, cada cual con su acceso directo desde la calle. El programa completo sumó una superficie total de 32.000 metros cuadrados.

Antigua publicidad en diario Los Andes.

Al estilo de las grandes galerías de la Capital Federal

La revista porteña El Hogar señaló en una nota de la época que con la incorporación de la “monumental galería” en la avenida San Martín, ésta adquiría “el ritmo de la avenida Corrientes,  el cosmopolitismo de la calle Florida y la elegancia de la avenida Santa Fe”, equiparándola a las famosas arterias de la capital.

Es que, en verdad, la galería mendocina superaba en escala a sus pares porteñas contemporáneas como las Galerías Santa Fe (1953) o las Galerías General Belgrano (1951), ambas proyectadas por los arquitectos José Aslán y Héctor Ezcurra. Compartieron además con éstas, la presencia de un rico patrimonio artístico. La mítica galería de la avenida Santa Fe es famosa por sus pinturas murales y mosaicos debidos a distintos artistas, entre los que se destacó la intervención de Raúl Soldi en el cielorraso del espacio central.

Por sus dimensiones y multiplicidad de usos comerciales y recreativos la galería Tonsa incorporó también características del shopping center norteamericano y fue precursora de los modelos arquitectónicos comerciales empleados a partir de los 80 en la Argentina. Sin embargo, los cierres progresivos del supermercado, el cine y muchos comercios tradicionales en ella instalados condujeron a una lenta degradación de la galería, que fue perdiendo su brillo inicial. Allí donde alguna vez se propuso crear “la calle Florida de Mendoza” o “la ciudad del futuro” se desarrolló un pequeño mundo un tanto oscuro, en cierta forma al margen de la ciudad aunque aún en su pleno centro.