Opinión Domingo, 14 de abril de 2019 | Edición impresa

La economía es demasiado importante para dejársela a los economistas - Por Leonardo Rearte

No seamos ingenuos: hay una manada de lobos cuya arma es un conocimiento real sobre la economía, que millones de ovejas no tienen.

Por Leonardo Rearte - lrearte@ losandes.com.ar

Intro. Es curioso este país. Nuestra política económica siempre ha sido terrorífica. Un tren fantasma que nos llevó a pasear por la hiperinflación, la estanflación, la convertibilidad, el plan austral, el primavera, el quiero flan, y resulta que, después de todo lo andado, los nombres que más suenan en la carrera presidencial… ¡son economistas! La culpa es nuestra. La culpa es nuestra de que los ministros de la cartera económica hayan sido en algunos casos más recordados que algunos presidentes… ¡y que con eso hayamos terminado haciendo cola con un tarro en la mano en la puerta de un tambo!  

La culpa es nuestra porque no sabemos un pepino de economía. 

1. Que alguien explique por qué no se enseña en todos los colegios de la secundaria la materia Economía. Aún más, ¿por qué no se ofrecen los pininos de esta temática en la primaria? Pocas cosas inciden tanto en la vida como las decisiones que tomemos a la hora de invertir, de ahorrar, de establecer prioridades con nuestros recursos.

En la era del conocimiento, nunca se supo tan poco sobre algo que nos determina tanto.

Es evidente que desde las instituciones educativas nos forman más como futuros empleados que como emprendedores. Vivimos en un mundo en el que necesitamos entender la importancia de la búsqueda de capitales y de inversión para el desarrollo de las propias ideas. De cómo se genera un plan para llevar a cabo aquello que soñamos. El que estudia actuación, el comunicador social, el ingeniero agrónomo, el que aspira a chef, debiera hacerse de estos conocimientos para no terminar frustrado, masticando el polvo de trabajar de algo que no desea, sencillamente porque no tuvo las herramientas para posicionar su obra, su producto, su trabajo, en el mercado real.  

Es como si te dieran la caña de pescar, pero se oculta la información acerca del “charco” en el que conviene ir a buscar el pejerrey. 

2. Pero además está claro: las nociones que se obtengan sobre economía social (o, por el contrario, la ignorancia sobre este tema) afectan directamente a toda la comunidad. La educación puede ser la mejor arma para entender que hay que ser responsables a la hora de comprar o de no comprar para presionar a ese 8% de las empresas que generan el 80% de la marcación de precios; y hacer valer, de una vez por todas, la fuerza del consumidor. El conocimiento democrático sobre los mecanismos económicos, en definitiva, serían una gran ayuda para que tomemos conciencia de, por ejemplo, la fiereza de la monopolización de productos alimenticios; o del cinismo de aquellos que hacen todo el día gimnasia en la bicicleta financiera, mientras los que sudamos somos nosotros.  

No saber de economía determina que seamos ciertamente inhábiles a la hora de votar, de exigir, de reclamar a las empresas. La democracia no nos hace soberanos; la educación sí. 

Y pienso: ¿no será una buena manera de empezar a solucionar temas perennes en la agenda como la inflación, que todos entendamos qué es y por qué se genera? 

3. También me llama la atención el silencio de los propios economistas a la hora de reclamar que se democraticen los conocimientos económicos. “La economía política de Smith, Ricardo, Marx, Keynes o incluso Samuelson y Friedman se ha transformado en un análisis económico estrictamente formalista y abstracto (hiper especializado), llegando al extremo de eliminar de los currículums académicos disciplinas tales como la Historia Económica”, dice el economista español José Moisés Martín en Eldiario.es. El autor sostiene que hay que democratizar la economía como sí se ha logrado en algunos países democratizar la política. Y evitar que se intente afrontar esta materia como algo duro, abstracto y ligado a ciencias exactas, para lograr que vuelva a imperar su costado social y accesible a todo el mundo. “Una buena manera de contribuir a la solución de los problemas de este mundo en crisis es apostar por una reorientación de los aspectos epistemológicos y metodológicos de una ciencia económica, a fecha de hoy, demasiado centrada en un paradigma insuficiente, reduccionista y francamente inadecuado para explicar la complejidad del hecho económico como hecho social”, cierra el especialista. Y esto implica situar la economía en el debate público, y aumentar la pedagogía y la cultura sobre este tema de los ciudadanos.

La economía es demasiada importante para dejársela a los economistas. 

4. La historia de cientos de quiebras está tapizada de historias de personas que no supieron cómo invertir su dinero, cómo evitar caer en trampas como las “pirámides” financieras, que no pudieron ver las oportunidades ni las amenazas.

No seamos ingenuos: hay una manada de lobos cuya arma es un conocimiento real sobre la economía, que millones de ovejas no tienen. Más arriba preguntaba por qué hay infinidad de especialistas que no reclaman que se democratice los saberes y las teorías económicas en la educación formal… tras haber escrito el último párrafo creo entender por qué. 

Conclusión. Es importante, vaya si lo es, aprender en las escuelas, colegios y facultades, historia, matemática, lengua (comprensión de textos) pero también creo que debe ocupar un lugar privilegiado en las currículas el aprender a programar (¡basta de enseñar Word o Power Point!), lógica para entender un mundo que es gobernado por algoritmos, y¡conocer los flujos económicos! Porque no hay manera de que te vaya bien en un juego, más aún en este juego que se llama vida, si no se conocen las reglas que lo sostienen.