Opinión Lunes, 22 de abril de 2019 | Edición impresa

La economía de Mendoza en tiempos de Rosas - Por Roberto Azaretto

Por Roberto Azaretto - Miembro de número de la Academia Argentina de la Historia y del Instituto Argentino de Historia Militar.

Juan Manuel de Rosas regresa al gobierno de la provincia de Buenos Aires en 1835 con la suma del poder público avalado por un plebiscito en la ciudad donde sólo se contaron cinco votos en contra.

Su rol de encargado de las relaciones exteriores reconocido por las otras trece provincias, lo convirtió, de hecho, en el jefe de la confederación de las provincias argentinas. Así lo denominan algunos gobernadores en su correspondencia con Buenos Aires, entre ellos, un gobernador de Mendoza, Alejo Mallea.

Algunos mitos que instalaron las corrientes del revisionismo de los treinta, es que la Ley de Aduanas, que se dictó el año de su retorno al poder, posibilitó la recuperación de las provincias. Decimos mitos, porque esa ley tuvo solo dos años de vigencia, por las protestas del Reino Unido y por otra parte sólo beneficio a ciertas actividades porteñas.

Otra medida de Rosas, el restablecimiento de la importación de esclavos, también tuvo escasa duración por similares protestas del gabinete inglés.

En realidad, las importaciones no inundaban las provincias, pues el flete obraba de protección a lo que se agregaban las aduanas interiores. El problema era que esas importaciones abastecían el principal mercado por población y riqueza, el porteño, desalojando a las producciones provinciales.

La disolución del Estado nacional había incrementado los gastos administrativos de las provincias, que, también tuvieron que hacerse cargo de las fuerzas militares. Las necesidades fiscales agravaban los costos de sus propias producciones, con sus derechos de tránsito o la prohibición de importar mercaderías no sólo del exterior sino de otras provincias.

Para complicar la situación, la guerra con la Confederación Peruano Boliviana y a continuación la nueva guerra civil con la invasión de Lavalle a Buenos Aires y la formación de la coalición del Norte, agregaron problemas a la economía cuyana.

Mendoza, y también San Juan, siguieron viendo en Chile la tabla de salvación de sus decadentes economías y los problemas fiscales de sus gobiernos. Se sumaba otro problema, las enormes diferencias en las tasas de interés que se pagaban en Buenos Aires, que provocaron la emigración del dinero cuyano a esa plaza. Un ejemplo fue Facundo Quiroga, que, invirtió la casi totalidad de su fortunas en títulos de la deuda de Buenos Aires.

Con el gobierno trasandino se negocia y aparece el reclamo de ese gobierno de mejoras en el camino cordillerano. Ante la falta de fondos se solicita ayuda a Buenos Aires y el gobernador Rosas hace valer su condición de encargado de las relaciones exteriores para que sea su gobierno el que negocie con los chilenos. Como en otros temas vinculados a las provincias demorará cualquier decisión, lo que fomentará el contrabando.

Los gobiernos de Mendoza intentaron varias opciones desde la década de veinte. Primero hubo esperanzas en inversiones mineras, como en todas las provincias cordilleranas. Se trató de crear un Banco y una Casa de Moneda, pero todos estos proyectos fracasaron. Como si esto no bastara el gobernador de Buenos Aires impuso, a mitad de la década, una prohibición total de todo comercio que no pasara por Buenos Aires. La cordillera quedó clausurada, salvo para los contrabandistas.

Los pedidos del gobernador Segura no solo no fueron escuchados por Rosas, sino que además, Rosas promovió su destitución que llevó a cabo el jefe de las milicias, Alejo Mallea, quien lo sustituyó en la gobernación.

Concluyendo la década, el gobernador porteño autoriza la reanudación del intercambio con el país vecino. Esto mejora la situación fiscal de la provincia e incluso posibilita encarar obras de riego, mejorando canales cercanos a la ciudad y se construyen otros, desde el Río Tunuyán, para regar tierras entre la Dormida y las Catitas.

Esta obra fue en conjunto con un grupo de ganaderos de Mendoza y San Rafael, que, compraban ganado vacuno a criadores de otras provincias para engordar en los potreros de alfalfa mendocinos. Muchas reses morían en esa parte del territorio por falta de pasturas.

Aparece un acontecimiento exterior que mejora la economía provincial y abre posibilidades a otras producciones, además de la exportación de ganado en pie a Chile.

El descubrimiento de oro en California en 1848 provocó un crecimiento poblacional impresionante generando un mercado que era difícil abastecer desde el este de los Estados Unidos. El ferrocarril intercontinental se habilita 19 años después y no existía el canal de Panamá- Esto abre un mercado que Chile, como país del Pacífico, aprovecha y beneficia a Mendoza.

Este hecho es comentado por Bartolomé Mitre, que estuvo exiliado en esa República, en varios artículos titulados “Política Comercial” y publicados, después de Caseros, en “Los debates” en Buenos Aires.

Mitre dice que Chile es un mercado natural para Cuyo, pues en el camino a Buenos Aires al peligro de los indios se agregan los recargos de las aduanas terrestres, de las trabas de la Aduana de Buenos Aires, de las leyes prohibitivas sobre la extracción del oro y la plata, de las distancias y de los costos, pero dice que lo que incrementa notablemente el comercio trasandino es “la apertura del mercado de California, que desde luego trajo una demanda de los productos de San Juan y Mendoza, especialmente de las frutas secas, que se llegaron a vender en San Francisco a pr4ecios fabulosos, a lo que se agregaba la demanda de jabón y otros artículos de primera necesidad, que hoy mismo tiene preferencia en aquel activísimo mercado conquistado ya para las provincias argentinas Así que como a las causas naturales que conspiraban para encaminar el comercio andino hacia las costas del Pacífico, se agregó aquél poderoso aliciente que ha consolidado más y más las relaciones mercantiles que ya existían”.

En otro artículo el General Mitre se refiere al comercio de ganado con Chile y destaca la agricultura cuyana que la diferencia del resto del país, sus regadíos, las viñas y el buen rinde de sus cereales como el trigo y el gran mercado que es Copiapó al que denomina “el Potosí chileno”. Como la actividad de los comerciantes mendocinos y su participación en el puerto de Valparaíso.