Opinión Jueves, 12 de diciembre de 2019 | Edición impresa

La dificultad de desnuclearizar Corea del Norte - Por Rodolfo Vacarezza

Por Rodolfo Vacarezza - Lic. en Relaciones Internacionales

La aparición del arma nuclear en 1945 cambió totalmente la dinámica de la política internacional, porque transformó radicalmente la variable clásica (visión realista) que la explicaba, el poder en sentido amplio. 

A partir de entonces, se asumió que su utilización, significaba el fin de la humanidad, la destrucción total, la nada misma. 

Precisamente esa constatación, significó que el período histórico que comenzaba, la Guerra Fría, fuera en general estable (que no pacífico), porque imperaba la paridad y la autodestrucción mutua asegurada entre los EEUU y la URSS.  

Solo los países de mayores recursos militares y económicos, alcanzaron el rango de potencias nucleares. Ese reducido grupo sufrió una crisis con la caída del Muro de Berlín y dispersión estatal y del arsenal en el espacio postsoviético. 

Luego la comunidad internacional a través de un régimen internacional de normas formales e informales, prácticas y negociaciones, logró mantener reducido su número, con notables excepciones (Irán, Pakistán, India). 

Pero el caso de Corea del Norte no encaja en esa breve explicación: es una anomalía. 

No hay correlación entre sus recursos y su capacidad de presión internacional. 

Es un país pequeño y pobre, pero con un recurso de poder que le permite comportarse como potencia, aunque le resulta insuficiente para modificar el orden internacional.

 ¿Cómo se llegó a esta situación?

 Principalmente por la hábil política de la dinastía Kim, en la tensión China/URSS y en parte por la desidia de Occidente. 

Ese recurso de poder, es consustancial con la dictadura comunista local. Como no tiene un contra poder que lo equilibre, porque está por debajo de todos los arsenales, su capacidad de presión internacional es eficaz (por la desestabilización de los mercados). 

Pero además, la facultad decisoria (de apretar el botón) está concentrada en el dictador y/o su camarilla, que cada tanto realiza una demostración misilística y despliega una hábil diplomacia dilatoria.  

El buscado aislamiento del país, al mantenerlo fuera de la globalización, hace ineficaz cualquier sanción económica y/o política.   

Pero también, el arma nuclear surte sus efectos en el ámbito doméstico, a través de la propaganda. La misma presenta al autócrata como garante de la integridad del país. 

No hay razón para pensar un desarme unilateral, y es poco probable un desarme condicionado. 

Sin ese poder el país pierde toda relevancia internacional, carece de sustento la dictadura y es el fin de la división de la península de Corea. Porque el arma nuclear es la dictadura misma. 

En todo ello, reside la dificultad del desarme de Corea del Norte.