Opinión Viernes, 18 de octubre de 2019 | Edición impresa

La decisión de Cornejo que condiciona a Suárez - Por Marcelo Zentil

Por Marcelo Zentil - mzentil@losandes.com.ar

El Alfredo Cornejo que llegó al Gobierno hace casi cuatro años es muy distinto del que se irá en menos de dos meses, al menos si se mira su relación con los estatales. Del ítem Aula y los incrementos por debajo de la inflación pasó a la cláusula gatillo con la que sueña cualquier trabajador del sector privado.

En 2016, aplicó la misma táctica con todos los gremios: tres reuniones paritarias y si no había acuerdo, daba por decreto el aumento (que en todos los casos fue de 22%). Por eso, cuatro de cada cinco estatales tuvieron ese año subas decididas unilateralmente por el Ejecutivo.

Fue entonces cuando se definió la relación para todo el mandato y Cornejo logró que el Estado recuperara el poder de negociación perdido durante las gestiones peronistas que lo precedieron. Y eso determinó que al año siguiente creciera la cantidad de acuerdos: sólo el SUTE y el personal del Casino quedaron del lado de la “resistencia”.

En la negociación de 2018, cerrada mayoritariamente en diciembre del año anterior, apareció la figura que garantizó paritarias exprés: la cláusula gatillo. Y sólo el SUTE, por la pelea entre la izquierda y el peronismo, no se dejó tentar.

Para este 2019, su último año, Cornejo logró finalmente que todos los gremios firmaran. Pero el costo ha sido altísimo: 60% más de dinero destinado a Personal en julio respecto de julio de 2018.  

Son cinco puntos por encima de la inflación provincial, algo que ni los bancarios lograron. Casi como en los tiempos de Paco Pérez y Celso Jaque, que solían ceder siempre a la hora de negociar con los gremios por temor a los paros.

Para dimensionar la situación, hay un dato clave: los 5.122 millones de pesos destinados en julio a sueldos superan los 4.810 millones invertidos en obras públicas en los primeros siete meses del año.

Hay otro dato negativo que molesta en el Ejecutivo: este año, los sueldos ya representan 48,5% de los gastos, cuando en 2018 habían caído al 46,5%. Igual, se consuelan, es mucho menos que el 58% que heredaron hace cuatro años.

En el Gobierno asumen que la disparada de la inflación les jugó en contra, pero más complicó la recesión. En épocas de crecimiento, la inflación se traslada también a los ingresos, pero en la crisis actual la recaudación sólo cae.

Esto explica lo que Suárez dijo ayer y lo que admiten quienes trabajan cerca suyo: en este contexto, es imposible mantener la cláusula gatillo. El problema es cómo quitar lo que se dio.