Opinión Sup. Economía Domingo, 18 de agosto de 2019 | Edición impresa

La crisis política desnudó a la economía - Por Rodolfo Cavagnaro

El inesperado resultado electoral de las PASO generó un impacto muy fuerte en los mercados que se trasladó a la economía familiar.

Por Rodolfo Cavagnaro - Especial para Los Andes

Los resultados electorales del domingo pasado generaron algo que ya se había anticipado. La desconfianza hacia el candidato Alberto Fernández generó una sobre reacción de los mercados (un overshooting). Esta reacción desmedida tuvo dos causas. La primera fue sorpresa, ya que el viernes anterior dos encumbradas encuestadoras argentinas hicieron llegar un relevamiento que aseguraba que el candidato opositor ganaría por dos puntos. Esto generó euforia en los mercados y las acciones argentinas subieron un 10% en Nueva York en una sola jornada.

Pero cuando se conoció el resultado de las elecciones, para el cual no estaban preparados, los inversores sintieron que, una vez más, la Argentina no era previsible. Y la amplitud del triunfo de Alberto Fernández le agregó más contundencia a la sorpresa. Es que el candidato del Frente de Todos había dicho que no pagaría los intereses de las Leliq y había dado a entender que habría que revisar la deuda emitida. La contundencia del triunfo les hizo concluir en que la mayoría del pueblo argentino aplaudiría, una vez, otro default de Argentina y no querían ser víctimas.

En realidad, los ciudadanos votaron libremente y la mayoría lo hizo con más bronca que ideología. Muchos dijeron sentirse defraudados, engañados o traicionados por el gobierno de Macri, quien había prometido terminar con la inflación. Incluso dijo “midan mi gestión por los números de la pobreza”. Claramente aplazado. Pero incluso quedó en duda el concepto de “Cambio”. Parecía que los votantes de Macri querían cambiar, pero no tanto, a pesar que el gobierno se quedó a mitad de camino y no avanzó en cambios sustanciales.

Macri no introdujo cambios estructurales, que son los genes de la crisis permanente y lo seguirán siendo, sino que abordó algunos cambios instrumentales. El arreglo con los holdouts, eliminación del cepo cambiario, eliminación de restricciones a las exportaciones, arreglo de la deuda con las provincias por coparticipación, la reparación histórica de los jubilados son, entre algunas otras, logros de tipo instrumental. Pero esto no era muy perceptible para el ciudadano común.

También se hicieron muchas obras públicas y se recuperó la inversión en rutas, caminos y obras básica de saneamiento, como provisión de agua y cloacas. Todo estuvo bien pero no se solucionaron temas centrales. Primero, no se pudo o no se quiso avanzar con fuera en la eliminación del déficit fiscal por excesos de gasto público. En su lugar, se aumentó el gasto y se subieron los impuestos, haciendo perder competitividad a la economía. Fue tan grande el desfasaje que ni con la devaluación de abril de 2018 se recuperó competitividad porque el componente impositivo hacía imposible cualquier ecuación, salvo la de las materias primas. 

La falta de decisión para bajar el gasto fue lo que se conoció como gradualismo y sostener dicho déficit solo se podía financiar con emisión monetaria (como hacía el kirchnerismo) o tomando deuda externa. Cuando se arregla con los holdouts,  los mercados estaban llenos de plata barata y con entusiasmo le prestaban a la Argentina, que pagaba primas de riesgo mayores y generaba mayores ganancias. Con cierta inocencia creían que así bajaban la inflación. Y el problema de la inflación era el déficit y no la forma de financiarlo.

Mientras tanto, la inflación seguía, los subsidios a las tarifas seguían porque los acuerdos hechos en el gobierno kirchneristas ya preveían la dolarización de las tarifas y el gobierno se hacía cargo de lo que no pagaban los usuarios. En Marzo de 2018 la Reserva Federal de Estados Unidos subió la tasa mientras Argentina sufría una sequía histórica, mientras los precios de los granos caían. Y el país seguía con déficit que ahora no podía financiar pero además se quedaba sin recursos para pagar obligaciones de deuda. Por eso debieron recurrir al Fondo Monetario Internacional. Esa crisis desnudó las debilidades de la economía que tenían un componente hereditario y otro de cosecha propia.

Desde entonces impusieron una política monetaria muy rígida con una tasa de interés muy alta para frenar cualquier corrida sobre el dólar y generaron un negocio financiero alimentado con emisión monetaria del Banco Central. Por esa razón había inflación con recesión y un tipo de cambio atrasado. El resultado electoral hizo desnudar otra vez la deficiencia por haber excedido el gradualismo y congelar el tipo de cambio.

Hoy vivimos tiempos turbulentos. Y la inestabilidad viene de la mano de la incertidumbre que genera el candidato opositor, que tiene grandes posibilidades de ganar en primera vuelta. Es que Alberto Fernández había dicho que no pagaría los intereses de la Leliq e insinuó que la deuda no se podía pagar. El fantasma de un nuevo default apareció con su triunfo. Pero, además, Macri apareció tan golpeado, sin capacidad de respuesta, que adoptó algunas medidas transitorias pero ninguna señal, de ninguno de los dos acerca de la forma que encararían la economía en caso de ser gobierno. 

En las últimas horas de la semana, el diálogo entre ambos contendientes, en la búsqueda de tranquilidad, no ha conseguido aún arrimar certezas. Hoy  ciudadanos e inversores quieren cada vez más precisiones, algo a lo que los candidatos se resisten; en algún caso porque habrá que hacer ajustes fuertes: a Fernández, porque se le puede quebrar la alianza con La Cámpora, que busca reeditar el modelo de Cristina Kirchnrer.

La tranquilidad de los argentinos está en manos de los políticos en campaña. Si logran apaciguar a la población con discursos sensatos y precisiones sobre sus planes, habrán contribuido a la paz social.