Policiales Martes, 3 de diciembre de 2019

Juicio en el Este: quiere zafar de la perpetua el joven que mató a ladrillazos a su pareja

José Llanos enfrenta un jurado popular por el femicidio de Gregoria Flores, en San Martín. La defensa plantea circunstancias de atenuación.

Por Ariel Cubells / Especial para Los Andes

Este lunes en San Martín comenzó el juicio por jurado por el femicidio de Gregoria Flores (32), asesinada por su pareja en febrero del 2018 en el distrito de Tres Porteñas. La autoría en el hecho está clara e incluso el imputado confesó, pero su defensa busca salvarlo de la prisión perpetua. 

 

José Llanos (21) se sentó en el banquillo de los acusados por el delito de homicidio agravado por el vínculo y por femicidio, que sólo contempla la pena máxima. Sin embargo, su abogado, Lautaro Brachetta, en los alegatos iniciales del debate adelantó que probará que en el hecho existieron "circunstancias extraordinarias de atenuación". Una de estas situaciones serían los celos por los mensajes de texto que el hombre habría encontrado en el teléfono de la víctima, donde ella habría tenido algún contacto con su ex pareja. 

 

Una semana después del crimen él se presentó en la Justicia y admitió que la mató al sentirse molesto por esos mensajes. Esas circunstancias que esgrime su letrado podrían llevarlo a una condena de 8 a 25 años, según estipula el artículo 80 del Código Penal. "Se equivocó, no negamos el hecho. Sólo pedimos que le den lo que le corresponde", sostuvo el defensor,  

 

Por la perpetua irán los fiscales Oscar Sivori y Martín Scatareggi, misma pena que solicitarán los querellantes Juan Rosello y Jorge Cantalejos. El juicio seguirá este martes con testigos y se extenderá al menos hasta el jueves, día en que está previsto el veredicto del jurado popular. Entre las partes ya hubo acuerdos probatorios, lo que permite acelerar el proceso. 

Los alegatos de apertura. | Ministerio Público Fiscal

Gregoria, madre de cuatro hijos, fue asesinada el 21 de febrero del año pasado; Llanos intentó ahorcarla con una campera, luego le propinó 15 ladrillazos en la cabeza y finalmente la enterró en la finca en la que vivían. El hombre tras el hecho escapó a Bolivia-país oriundo de ambos-, pero una semana después regresó y confesó. La pareja se había radicado en San Martín y se dedicaba a la cosecha.