Turismo Domingo, 29 de septiembre de 2019 | Edición impresa

Japón: un país y una sociedad que sorprende al viajero

Varios mendocinos han aprovechado el Mundial de Rugby para conocer las maravillas tecnológicas en Tokio y los mágicos pueblos rurales.

Por Gabriel Stella - Especial para Los Andes

Mucha vitalidad en sus calles, mucho movimiento en silencio y sincronizado. En cada gran esquina de Tokyo cada cruce peatonal, como el más transitado del mundo en el Barrio de Shibuya.

La gente fluye, todos avanzan con una sincronización armoniosa , ágil y sorprendente, ciclistas que esquivan peatones, todo fluye.

A los japoneses no les gusta el ruido, no se escucha una bocina, la mayoría de los autos son híbridos, el sonido más fuerte es el de los semáforos con la alarma para ciegos. Sus veredas también tienen una hilera de baldosas con relieve para ciegos, no hay gritos. En el subte nadie habla por celular, si suena uno, lo apagan como si estuvieran en plena función en un teatro. Acá los japoneses hablan lo justo y necesario y lo hacen en voz baja. Los japoneses aman el silencio.

 

Tokyo es una megaciudad dividida en 23 distritos o barrios. Hay 8 que son los más atractivos:  Shibuya, Shinyuko, Asakusa, Ginza, Akihabara,Odaiba, Roppongiy Harajuku. Ginza es el más exclusivo, se concentran cientos de restaurantes, grandes almacenes o boutiques. Allí el precio del metro cuadrado es el más caro del mundo y las principales marcas no tienen un local, sino directamente edificios!. Subimos al de Yamaha, un sueño para los amantes de la música. Allí está el primer órgano de la marca del 1900, en los pisos superiores hay una escuela de música y un teatro.

Ensueño. Las típicas casas con techos firmes y anchos para soportar fuertes nevadas.

En Shibuya cenamos en un restaurante muy recomendado y con la mejor categorización por sus carnes asadas. Han No Daidokoro, pequeño, con una atención esmerada de jóvenes muy simpáticos. Allí se puede probar la tan famosa carne de Kobe, Wagyu  una de las más caras y deliciosas del mundo. Pedimos el menú con dos tragos de sake, la famosa bebida japonesa , ( arroz fermentado), para nuestra sorpresa deliciosa con un gusto algo dulce y no tan fuerte como esperábamos. 

 

El armado de la mesa ya es muy original. Te ubican un brasero (a gas) donde cocinás tu carne, con su característico tono marmolado, por las vetas de grasa que tiene este corte.

Es exquisita y muy tierna, se deshace tan facilmente que comerla con palitos no es para nada difícil.

Luego visitamos el centro comercial Shibuya Modi , hay un café en el Henn na Café atendido exclusivamente por un robot.

De la ciudad al campo

Desde Tokyo hasta Nagoya son 2 horas en el tren bala. El paseo hasta Takayama es bellísimo, digno de una excursión paga. En  una de las paradas del tren en Gero, muchos turistas se bajaron a tomar fotos. El río Hida nos acompaña y forma increíbles cajones. Nos sorprendió la cantidad de casas, plantaciones que le dan diversos colores a las orillas del río, además de represas hidroelectricas e importantes hoteles. Parece un pueblo en miniatura, una maqueta de madera viviente. Sus restaurantes ofrecen la especialidad de la región : Carne de Hida.

 

Luego partimos en bus para adentrarnos en los “alpes” japoneses y conocer una antigua aldea de montaña: Shirakawago.  Es famosa por sus típicas casas de techostriangulares hechos de paja de hasta 2 metros de espesor y forma de mano en oración para soportar la nieve del intenso invierno.