Sociedad Domingo, 10 de noviembre de 2019 | Edición impresa

Inseguridad: 7 de cada 10 padres no dejan salir solos a sus hijos

El dato surge de dos encuestas, una del Indec y otra del gobierno provincial.

Por Verónica De Vita - vdevita@losandes.com.ar

Los hechos de inseguridad que se conocen permanentemente y las noticias sobre ellos han generado temor o al menos la necesidad de resguardo en muchos sectores de la sociedad.

Una de las consecuencias es que 7 de cada 10 padres mendocinos dejaron de permitir que los menores de edad salgan solos. Se trata del 64,6% de quienes fueron consultados en la Encuesta Nacional de Victimización de 2017 (Indec), que indagó sobre las modificaciones en los hábitos de los encuestados, derivados del temor a sufrir un episodio delictivo. En 2018, otra encuesta, realizada por el Ministerio de Seguridad de Mendoza arrojó un 69,7%. Tal decisión ha implicado implementar estrategias que, en ocasiones, requieren de la coordinación entre varios padres. 

Calles sin niños

El espacio público fue poco a poco despojándose de chicos. Las calles de los barrios y las plazas ya no tienen, como antaño, a los niños jugando solos en grupo: en general están acompañados o directamente no están.

Muchos son los padres que ya no se sienten seguros al dejar a sus hijos en la vereda.

Uno de ellos es Andrés (45), quien tiene una niña de 11 años a la que no deja sola “afuera”. Contó que suele estar con las amigas en una casa y que cuando se traslada no la pierde de vista. “Y eso que es un barrio tranquilo, pero tengo miedo a todo. Aunque mi hija tenga que ir a media cuadra, me da miedo que salga y no vuelva”, justificó. 

Este padre agregó que cuando los chicos del barrio van a patinar o a andar en bicicleta, se ponen de acuerdo con los padres para que alguno siempre los acompañe. 

“Hay otros chicos que sí están en calle pero después te enterás de que en la plaza a un chico de 11 años le pegaron para robarle el celular”, señaló. 

Sensación ampliada

Carolina Apiolazza, socióloga y coordinadora del Observatorio Metropolitano de Seguridad (del Ministerio de Seguridad) destacó, de todos modos, que en los últimos años se observa una mejora de los indicadores. Por otra parte advirtió el impacto en la sensación de inseguridad que tiene el acceso a la información, cada vez mayor, ya sea través de las redes sociales o de los medios de comunicación. “La repetición permanente de casos genera una percepción de que pasan más cosas”, explicó. 

Volviendo a la encuesta, alrededor de un 20% de la población (2 de cada 10) dice haber sido víctima de un hecho delictivo, pero sin embargo casi el 70% de las personas tienen temor y modifican sus conductas por esta causa. 

Pero la socióloga explicó que una gran proporción de casos no se denuncian y son esos se detectan en estas encuestas de victimización. 

Estrategias

Graciela tiene dos hijas y dio cuenta de los recaudos que toman los padres. Coincidió con otros consultados en que actualmente se cuida por igual tanto a varones como mujeres, en contraposición a otras épocas en que los varones circulaban más libremente. 

Claramente, nadie se queda muy tranquilo cuando los chicos salen. Su hija tiene 16 años y la llevan y traen cuando sale de noche. Si no lo hacen ellos mismos, se ponen de acuerdo con otros padres.

Dijo que durante el día su hija sí se mueve en micro sola pero ni bien oscurece la buscan adonde sea que esté. “El temor a que le pase algo existe siempre: ‘llamá cuando te subís y bajás del micro’; ‘fijate que no te vengan persiguiendo’. Lo que buscamos es enseñarle a que esté a la defensiva. No deja de salir pero se las ingenia y hay cosas que por ahí no hace o cambia porque le da temor”, detalló la madre.

 

Entre las estrategias habituales que cuentan los padres destacan salir con la menor cantidad posible de cosas encima, que no saquen el celular en la calle para evitar un robo y una posible agresión y moverse en grupo. Otros extienden todo lo posible el traslado en el vehículo familiar, incluso para ir al colegio. Si se sale de noche, muchos se quedan a dormir en una casa de amigos hasta que se hace de día. 

Graciela reconoció que ahora se siente obligada a tomar más precauciones que cuando su hija mayor, que ahora tiene 20 años, tenía la misma edad. Además, contó que la hermana mayor transmite recomendaciones fundadas en la experiencia.

Tener un remisero de confianza y llamar siempre al mismo es otro recurso, mientras que si se van quedando personas en diferentes casas, en la última se quedan dos para que nadie se traslade solo. 

Lorena contó que sus dos hijos mayores (uno de 15 y otro de 19) se mueven solos. Desde su punto de vista tienen que vivir y no limitarse para hacer lo que deseen por esta causa, por lo que apelan a ciertas medidas de prevención: mantener un contacto telefónico fluido o activar la ubicación en tiempo real con WhatsApp, por ejemplo.

En el caso de su hija de 12 años, eventualmente va a comprar sola cerca, pero no se va más lejos porque ella misma tiene miedo.

Mauricio Pinti, titular de Diversión Nocturna, reconoció que la gente toma medidas cuando los hijos salen, pero dijo que los padres se están haciendo más responsables de lo que hagan sus hijos. Desde su punto de vista en esto ha influido la aplicación del Código Contravencional por el que los primeros son sancionados por las trasgresiones de los segundos cuando son menores. 

Además, comentó que antes los llevaban a fiestas ilegales o para mayores de 18 años y se molestaban cuando se los llamaba, pero que esto sucede cada vez menos e incluso agradecen cuando son informados. 

 

Por zonas

De todas, formas, las realidades son diferentes según el lugar, y este tipo de inseguridad se atribuye más a la zona urbana. Lo sostienen los números: “el 65% de los delitos se concentran en la zona urbana del Gran Mendoza. En zonas rurales hay otro tipo de hechos, como por ejemplo ingreso a viviendas, lo que también genera gran inseguridad”, destacó Carolina Apiolaza. 

Tampoco es lo mismo para quienes viven en barrios privados, espacio en el cual se sienten más seguros y los chicos más libres pero no así cuando traspasan sus fronteras.

“Acá tengo la tranquilidad de dejarlos salir a la vereda a jugar como jugábamos nosotros antes”, contó Cecilia, quien vive en un barrio cerrado. Y agregó: “Pero cuando mi hija más grande sale del barrio a comprar, aunque sea cerca,lo hace con cuidado. Me avisa cuando sale y cuando llega. Y dentro del barrio salen hasta un determinado horario puede transitar gente y uno uno no conoce a todos los vecinos”, reconoció. 

 

Otros cambios

Debido al temor a ser víctimas de un hecho delictivo, los mendocinos han generado otros cambios. De acuerdo a datos locales de 2018, el 70% afirmó que dejó de llevar mucho dinero en efectivo o tarjetas cuando sale y que el 51, 7% evita dejar sola la casa. Por otra parte, el abordaje nacional expresó que dejaron de salir de noche el 48,2% de los mendocinos.

Desde el ministerio de Seguridad señalaron que en las consultas han podido identificar que creció muy poco entre 2016 y 2018 el porcentaje de personas que evitaron el uso del espacio público.

Esto puede incluir desde espacios verdes hasta salidas a comer.

Sin embargo, sí se nota que una amplia proporción evita que sus hijos circulen solos.

Recursos para un futuro diferente

Actualmente los niños y adolescentes pasan mucho tiempo encerrados por la inseguridad que sienten sus padres o por organización familiar (horarios de trabajo de los papás, por ejemplo). En ese marco, y porque es el mundo en el que se mueven, pasan muchas horas frente a pantallas y tienen menos contacto con el mundo “real”.

La pregunta que subyace es si este “andar menos solos” les impide adquirir herramientas que tarde o temprano necesitarán para desenvolverse, como salir a comprar o tomar un colectivo. 

La licenciada Marta Abate, docente de Psicología del Desarrollo, consideró que los chicos tienen hoy una vida social diferente de la de otras épocas, y que hay que ver en el contexto actual qué actividades les son posibles. 

Destacó que cada vez se ven menos niños comprando o andando en bicicleta solos. “Hay menor despliegue corporal y de comunicación, otra forma de intercambio respecto de otras generaciones en que se compartía el tiempo y el espacio, se desplegaba energía”, consideró.

Pero por otra parte, desde su punto de vista, es probable que hoy los niños dispongan de un grado de autonomía para actividades de diferente complejidad, indistintamente de los márgenes de la vivienda, gracias al medio digital. 

Y para el futuro quizás se estén preparando igual. “Es difícil saber si esto les va a quitar herramientas para desenvolverse porque el futuro tendrá otras características respecto del presente, y quizás tengan las habilidades que ese futuro requiera”, destacó.