Opinión Domingo, 20 de octubre de 2019 | Edición impresa

Inflación: el gran flagelo argentino - Por Rodolfo Cavagnaro

La suba generalizada de precios está instalada como un hábito del cual los gobernantes, que son los causantes, no saben salir.

Por Rodolfo Cavagnaro - Especial para Los Andes

Argentina vive con inflación desde la década de los ´50. Desde aquellos años hemos vivido todo tipo de situaciones: inflación, hiperinflación, deflación, estanflación. Pocas comunidades pueden contra haber experimentado todas estas experiencias que, un muchos casos, fueron extremas. Esto explica que la moneda nacional haya perdido 13 ceros y que hayamos perdido las referencias de valores históricos por los cambios de moneda experimentados.

Pero el eje del problema es que la inflación está asociada a crisis generadas por exceso de gasto público, el cual derivaba en déficit fiscal. Ese déficit era financiado con emisión monetaria, con deuda externa o con aumentos de impuestos. Así, el peso del Estado sobre la economía iba creciendo y sacándole recursos a los sectores productivos y a los asalariados, que han sido los grandes perdedores.

La inflación es un proceso de origen estrictamente monetario y se genera cuando se emite dinero sin respaldo para financiar gastos del Estado. Esto aumenta la oferta de moneda más allá de los requerimientos de la demanda y de esta manera, como cualquier bien con exceso de oferta, su precio baja, es decir, la moneda pierde valor y la comparación de su valor se hacer respecto de los precios de los bienes (entre ellos el dólar, que es un bien más de la economía).

Los procesos inflacionarios, además, están vinculados a decisiones políticas de cerrar la economía evitando la competencia externa, lo que ha generado un agudo proceso de concentración en muchos sectores mientras otros aprovecharon para subir precios sin mejorar la calidad. Esto explica, también, porqué hay muchas empresas que, aunque la moneda se devalúe no están condiciones de exportar porque no hicieron las inversiones necesarias para alcanzar estándares exigidos en el comercio internacional ni pueden responder a las escalas necesarias.

Algunos tratan de explicar a la inflación como fenómeno monetario y los y otros le asignan un proceso multicausal. Pero en realidad, la raíz es monetaria y las demás explicaciones se derivan de las decisiones conexas al dirigismo estatal y al cierre de la economía.

Datos que asustan

Esta semana se conocieron los datos del IPC del mes de setiembre, que arrojó un 5,9% de aumento respecto del mes anterior y acumula un 37,2% en el trascurso de 2019, con un anualizado de 53,7%. Estos son datos escalofriantes teniendo en cuenta que es la tercer tasa de inflación más alta del mundo. Los países civilizados tienen tasas de un solo dígito anual, lo mismo que tenemos nosotros en un mes.

El FMI dio sus pronósticos para Argentina y previó una inflación del 59% para 2019 y de 40% para 2020, calculando que para 2024 recién podría alcanzar niveles de 17% (que todavía sería muy alta). Aparecen entonces las dudas acerca de qué forma los candidatos y sus equipos esperan poder enfrentar este flagelo y con qué tipo de medidas.

En los equipos del gobierno sostiene que hay que seguir con las actuales medidas, típicamente monetaristas, que consisten en subir las tasas de interés de manera de no expandir el crédito y limitar la capacidad de la demanda, Pero esta fórmula es recesiva y, además, indica que el gobierno mantendría déficit fiscal, aunque nadie sabe cómo lo financiaría. Por el lado de los equipos de Alberto Fernández, bajo el supuesto del origen multicausal, confían en un acuerdo de precios y salarios que implicaría acordar subas de precios promedio no mayores al 2% durante seis meses, desdolarizar las tarifas y estimular el consumo.

Acá es donde aparecen dudas ya que deben tener en cuenta que el argentino ha creado un régimen bimonetario, lo que significa que la inflación conduce a comprar dólares y la suba del dólar genera aumentos de precios. Por esta razón no es fácil adivinar de qué forma controlarán la inflación. Lo acuerdos solo dan resultados sin son por corto tiempo y acompañados por una política monetaria y fiscal muy solvente.

Por otra parte, generan ciertos resquemores algunos planes atribuidos a Matías Kulfas, señalado como futuro Ministro de Economía en el sentido de dar aumentos a jubilados y empleados, financiando ese déficit con emisión monetaria del banco Central. Con el nivel de sensibilidad actual de los operadores, una operatoria de esa forma solo ayudaría a disparar una hiperinflación.

Tampoco hay certezas acerca de las ideas acerca de la refinanciación de la deuda, tanto en pesos como en dólares. Algunos trascendidos indican que la idea sería no hacer quitas en el capital pero sí alargar los plazos y hacer quitas en las tasas de interés. Esto hizo que esta semana volvieran a bajar los títulos de la deuda argentina en el exterior. 

Tampoco está claro que propuestas harán los candidatos para refinanciar, o no la pesada deuda con el Fondo Monetario Internacional, que esta semana confirmó que el desembolso restante lo harán una vez que se conozcan los resultados de las elecciones del 27 de octubre próximo.

Todo indica que ninguno de los candidatos se plantea seriamente bajar el gasto público ni los impuestos, con lo cual nos e puede esperar una recuperación de la tasa de inversiones no una recuperación importante en el nivel de actividad. El FMI espera para este año una caída del PBI del 3,2% y del 1,2% para 2020. Con estas perspectivas no se puede esperar, tampoco, una recuperación de los salarios frente a la inflación.