Opinión Sup. Economía Domingo, 30 de junio de 2019 | Edición impresa

Inflación alta, dólar en baja, economía inestable - Por Rodolfo Cavagnaro

Las principales variables no se estabilizan porque subsiste el riesgo electoral.

Por Rodolfo Cavagnaro - Especial para Los Andes

En medio de la puja electoral, la economía argentina sigue su derrotero natural, a la luz del comportamiento de las variables principales y en función de una realidad innegable. Dieciocho meses continuos de recesión, fuerte corrección del tipo de cambio el año pasado, elevadas tasas de inflación, altas tasas de interés para contener la suba del dólar y una pérdida clara de poder adquisitivo por parte de los trabajadores, generaron un combo de difícil solución, en el corto plazo. 

El detonador de los problemas fue la suba de las tasas en EE.UU. y esto generó que Argentina se quedara sin créditos cuando todavía se arrastraba un fuerte déficit fiscal. La realidad es que nuestra economía presentaba signos claros de debilidad y la suba de la tasa convenció a los inversores a abandonar el financiamiento y obligó a un brusco freno del déficit, que se financió con mayores impuestos y el apoyo financiero del FMI.
Después de un segundo acuerdo con el organismo internacional, se estableció un sistema de bandas de flotación dentro de la cuales el BCRA no podía intervenir. Los especuladores aprovecharon esta situación y presionaron la cotización dentro de la banda. En octubre de 2018 el dólar valía $ 41 y la inflación no bajaba del 3%, mensual, con la incertidumbre que generaba el tipo de cambio.

La incertidumbre por la marcha de la economía, del tipo de cambio y la inflación, al cual se le agregó la elevada tasa que puso en Banco Central, han sido la marca con la que nos hemos manejado en los últimos meses. Las inestabilidades se mantuvieron hasta el mes de marzo pasado, cuando el BCRA acordó tener libertad para intervenir en el mercado cambiario. Desde entonces, este sector se tranquilizó. La inflación siguió alimentada por los ajustes de las tarifas, que el gobierno decidió congelar a partir de junio, habiendo marcado su punto más alto en Marzo, lo que también empujó el tipo de cambio.

Cambio de escenarios

Desde abril las cosas comenzaron a cambiar lentamente. La posibilidad de que el Banco Central intervenga en cualquier momento tranquilizó el mercado y el tipo de cambio comenzó a manejarse con mayor tranquilidad. Luego del pico de marzo, la inflación comenzó una lenta disminución, aunque aún en valores muy altos. Recién para el mes de junio se espera un indicador que baje del 3%, y podría estar entre 2,5 y 2,8%. No obstante, se espera que el año termine co un  número superior al 40% y se estima para el año próximo algo cercano al 30%.

Esta estimación está basada en que aún existe un fuerte atraso tarifario. Los subsidios de las tarifas llegan a más del 45%, centrados, fundamentalmente, en el transporte público. Este sistema es el que presiona al gasto público y el objetivo de equilibrio fiscal, además está amenazada por la caída de la recaudación, producto de la recesión. Todo parece una rueda loca y esto genera incertidumbre e inestabilidad.

Por ahora se han disipado algunos fantasmas internacionales, ya que la Reserva Federal de EE.UU. ratificó su moderación en el manejo de las tasas, por lo que el mercado está seguro que no las aumentará y tiene una cierta percepción que podría bajarla en los próximos meses. Lo único que podría generar algún riesgo es la actitud de hostilidad que suele tomar el presidente EE.UU., como ocurrió con México y recientemente con Irán, que pueden alterar los mercados. Justamente el problema con Irán ha sido el responsable de la suba del petróleo, además del objetivo de la Opep de seguir reduciendo la cuota de producción para asegurarse que el crudo Brendt no baje de los u$s 60 el barril. Por restos días cerraba por encima de los u$s 65 y puede complicarnos por la incidencia en el valor de los combustibles.

Por ahora siguen llegando datos negativos de la economía correspondientes al primer trimestre, como la desocupación y otros de abril y mayo que son negativos, como producción industrial o el indicador del nivel de actividad. No obstante, hay algunas señales de reversión que mostrarían que se detuvo la caída y ha comenzado una lenta recuperación. En principio, a comparación interanual del mes de abril del nivel de actividad económica marcó una caída de 1,2%, pero una mejora de 0,8% respecto de marzo, lo que muestra una mejora, en la cual incidió la gran cosecha de granos.

También aparecen mejoras respecto del mes anterior en la actividad industrial y en la construcción, a pesar de que las comparaciones con el año 2018 siguen siendo negativas. Pero los signos de una mejoría ya se evidencian también en el comercio exterior. En mayo las exportaciones superaron los u$s 6000 millones y se obtuvo un superávit de u$s 1373 millones y un acumulado positivo en los primeros cinco meses de u$s 4500 millones, récord en los últimos cinco años.

Las exportaciones pueden resultar un buen camino, aunque retomar el ritmo es lento, para que haya una recuperación económica genuina. Por ahora, los granos y el petróleo y gas, a partir de Vaca Muerta, son los que están mostrando más dinamismo y aportan las divisas necesarias. Para los próximos meses hay gran expectativa con los resultados electorales, que pueden determinar mayor tranquilidad o una brusca disparada. Todo está puesto en estas expectativas, que pueden impactar sobre el tipo de cambio y la inflación, y de ahí la inestabilidad que aún se percibe.